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OFICINA DE PRENSA DE LA SANTA SEDE
07.04.2005 Año XV - N.67
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SUMARIO:
- TESTAMENTO ESPIRITUAL DE JUAN PABLO II
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TESTAMENTO ESPIRITUAL DE JUAN PABLO II
CIUDAD DEL VATICANO, 7 ABR 2005 (VIS).-Ofrecemos a
continuación la traducción no oficial, efectuada por el VIS,
del testamento espiritual del Santo Padre Juan Pablo II,
publicado hoy en traducción italiana del original polaco.
Totus Tuus ego sum
En el Nombre de la Santísima Trinidad. Amén.
"Velad porque no sabéis en qué día vendrá vuestro Señor"
(cf.Mt 24, 42), estas palabras me recuerdan la última llamada,
que vendrá en el momento que quiera el Señor. Quiero seguirle
y deseo que todo lo que forma parte de mi vida terrenal me
prepare a este momento. No sé cuando llegará, pero como todo,
también deposito este momento en las manos de la Madre de mi
Maestro: Totus Tuus. En sus manos maternas lo dejo todo y a
todos aquello con quienes me ha ligado mi vida y mi vocación.
En esas manos dejo sobre todo a la Iglesia y también a mi
nación y a toda la humanidad. A todos doy las gracias. A todos
pido perdón. Pido también oraciones para que la misericordia
de Dios se muestre más grande que mi debilidad y mi indignidad.
Durante los ejercicios espirituales he releído el testamento
del Santo Padre Pablo VI. Su lectura me ha llevado a escribir
el presente testamento.
No dejo tras de mí propiedad alguna de la que sea necesario
disponer. En cuanto a las cosas de uso cotidiano que me
servían, pido que se distribuyan como se considere oportuno.
Que se quemen mis apuntes personales. Pido que se encargue de
todo esto don Estanislao a quien doy las gracias por la
colaboración y la ayuda tan prolongadas en estos años y tan
grande. Todos los demás agradecimientos, en cambio, los dejo
en el corazón ante Dios mismo, porque es difícil expresarlos.
Por lo que se refiere al funeral, repito las mismas
disposiciones que dio el Santo Padre Pablo VI (nota al margen:
la sepultura en la tierra, no en un sarcófago, 13.3.92)
"apud Dominum misericordia
et copiosa apud Eum redemptio"
Juan Pablo II
Roma, 6. III. 1979
Después de la muerte pido Santas Misas y oraciones
5.III.90
****
Folio sin fecha:
Expreso mi mas profunda confianza en que, a pesar de toda mi
debilidad, el Señor me conceda todas las gracias necesarias
para hacer frente según Su voluntad a cualquier tarea, prueba
o sufrimiento que quiera pedir a su siervo en el curso de la
vida. También tengo confianza en que no permitirá jamás que,
mediante cualquier actitud mía: palabras, obras u omisiones,
traicione mis obligaciones en esta santa Sede Petrina.
***
24.II-1.III.1980
También durante estos ejercicios espirituales he
reflexionado sobre la verdad del sacerdocio de Cristo en la
perspectiva de aquel tránsito que para cada uno de nosotros es
el momento de la propia muerte. Del adiós a este mundo -para
nacer a otro, al mundo futuro, signo elocuente (añadido
encima: decisivo) es para nosotros la Resurrección de Cristo.
He leído por tanto la escritura de mi testamento del último
año, efectuada también durante los ejercicios espirituales,
la he comparado con el testamento de mi gran predecesor y
padre Pablo VI, con ese testimonio sublime sobre la muerte de
un cristiano y de un Papa y he renovado en mí la conciencia de
las cuestiones a las que se refiere el registro del 6.III.1979
que yo había preparado ( de forma bastante provisional).
Hoy quiero añadirle solamente ésto, que cada uno debe
tener presente la perspectiva de la propia muerte. Y debe
estar preparado para presentarse frente al Señor y al Juez y
al mismo tiempo frente al Redentor y al Padre. Así, yo también
lo tengo continuamente en consideración, confiando ese momento
decisivo a la Madre de Cristo y de la Iglesia, a la Madre de
mi esperanza.
Los tiempos que vivimos, son indeciblemente difíciles e
inquietos. También el camino de la Iglesia se ha vuelto
difícil y tenso, tanto para los fieles como para los
pastores, prueba característica de estos tiempos. En algunos
países (como por ejemplo en aquel del cual he leído en los
ejercicios espirituales), la Iglesia se encuentra en un
período de persecución tal que no es inferior al de los
primeros siglos, al contrario, incluso los supera por el
grado de crueldad y de odio. Sanguis martyrum - semen
christianorum. Y además esto: tantas personas inocentes
desaparecen también en este país en que vivimos...
Deseo una vez más confiarme totalmente a la gracia del
Señor. Él mismo decidirá cuando y cómo tengo que terminar mi
vida terrenal y mi ministerio pastoral. En la vida y en la
muerte Totus Tuus mediante la Inmaculada. Aceptando ya desde
ahora esta muerte, espero que Cristo me conceda la gracia para
el último pasaje, es decir la Pascua, (mía). También espero
que haga que sea útil para esta causa tan importante a la que
intento servir: la salvación de la humanidad, la salvaguardia
de la familia humana, y con ella de todas las naciones y todos
los pueblos (entre ellos también me dirijo de forma
particular a mi Patria terrena), útil para las personas que de
modo particular me ha confiado, para la cuestión de la
Iglesia, para la gloria de Dios.
No quiero añadir nada a lo que escribí hace un año,
solamente manifestar esta prontitud y al mismo tiempo esta
confianza a las que de nuevo me han dispuesto los ejercicios
espirituales.
Juan Pablo II
Totus Tuus ego sum
5.III.1982
En el curso de los ejercicios espirituales de este año he
leído (varias veces) el texto del testamento del 6.III.1979. A
pesar de que todavía lo considero provisional (no definitivo)
lo dejo en la forma en que existe. No cambio (por ahora) nada,
y tampoco lo agrego, por cuanto se refiere a las disposiciones
que contiene.
El atentado a mi vida el 13.V.1981 confirmó, de alguna
forma la exactitud de las palabras escritas en el período de
los ejercicios espirituales de 1980 ( 24.II- 1.III).
Cuanto más profundamente siento que me encuentro totalmente
en las Manos de Dios - y permanezco continuamente a
disposición de mi Señor, confiándome a Él en su Madre
Inmaculada (Totus Tuus).
Juan Pablo II pp. II
***
5.III.82
Por cuanto se refiere a la última frase de mi testamento
del 6.III.79 (: "Sobre el lugar/ es decir el lugar del
funeral/ decida el colegio cardenalicio y los compatriotas")
aclaro que pienso en: el metropolitano de Cracovia o el
Consejo General del Episcopado de Polonia. Pido por tanto al
Colegio Cardenalicio que satisfaga en la medida de lo posible
las eventuales peticiones de los más arriba citados.
***
1.III.1985 (en el curso de los ejercicios espirituales).
De nuevo - por cuanto respecta a la expresión "Colegio
Cardenalicio y los Compatriotas"-: el "Colegio Cardenalicio"
no tiene ninguna obligación de interpelar sobre este argumento
a " los Compatriotas": sin embargo, puede hacerlo, si por
alguna razón lo considerase justo.
JPII
Los ejercicios espirituales del año jubilar del 2000
(12-18.III)
(para el testamento)
1. Cuando el día 16 de Octubre de 1978 el cónclave de los
cardenales eligió a Juan Pablo II el primado de Polonia,
cardenal Stefan Wyszynsk, me dijo: "La tarea del nuevo Papa
será introducir a la Iglesia en el Tercer Milenio". No sé si
repito exactamente la frase, pero al menos éste era el sentido
de lo que sentí entonces. Lo dijo el hombre que ha pasado a la
historia como primado del Milenio. Un gran primado. He sido
testigo de su misión, de su entrega total. De sus luchas: de
su victoria. "La victoria, cuando llegue, será una victoria a
través de María". Estas palabras de su predecesor, el cardenal
August Hlond, las solía repetir el primado del Milenio.
De este modo, me he preparado para la tarea que el día 16 de
octubre de 1978 se presentó ante mí. En el momento en que
escribo estas palabras, el Año Jubilar del 2000 ya es una
realidad. La noche del 24 de diciembre de 1999 se abrió la
simbólica Puerta del Gran Jubileo en la basílica de San Pedro,
después la de San Juan de Letrán, la de Santa María Mayor, el
primer día del año y el día 19 de enero la puerta de la
basílica de San Pablo Extramuros. Este último acto, dado su
carácter ecuménico, se ha quedado grabado en mi memoria de
modo particular.
2. A medida que pasa el Año Jubilar del 2000, un día tras
otro, se cierra detrás de nosotros el siglo XX y se abre el
siglo XXI. Según los designios de la Providencia se me ha
concedido vivir en el difícil siglo que se está acabando, que
empieza a pertenecer al pasado y ahora, en el año en que la
edad de mi vida alcanza los 80 años ('octogesima adveniens'),
es necesario preguntarse si no es tiempo de repetir con el
bíblico Simeón: 'Nunc dimittis'.
El día 13 de mayo de 1981, el día del atentado al Papa
durante la audiencia general en la Plaza de San Pedro, la
Divina Providencia me salvó milagrosamente de la muerte. Aquel
que es único Señor de la vida y de la muerte, El mismo me ha
prolongado esta vida, en un cierto modo me la ha vuelto a dar.
Desde aquel momento pertenece aún más a El. Espero que El me
ayudará a reconocer hasta cuando debo continuar este servicio,
al que me llamó el día 16 de octubre de 1978. Le pido que me
llame cuando quiera. 'Pues si vivimos, vivimos para el Señor;
y si morimos, morimos para el Señor' (cf. Rm 14, 8). Espero
que hasta que pueda realizar el servicio petrino en la
Iglesia, la Misericordia de Dios me preste las fuerzas
necesarias para ello.
3. Como todos los años, durante los ejercicios espirituales he
leído mi testamento del 6.III.1979. Sigo manteniendo las
disposiciones contenidas en él. Lo que entonces y durante los
sucesivos ejercicios espirituales se ha añadido es un reflejo
de la difícil y tensa situación general, que ha marcado los
años ochenta. Desde el otoño del año 1989 esta situación ha
cambiado. El último decenio del siglo pasado ha estado libre
de las tensiones anteriores ; esto no significa que no hayan
surgido nuevos problemas y dificultades. De modo particular,
sea alabada la Divina Providencia por ello, el período de la
llamada 'guerra fría' terminó sin el violento conflicto
nuclear que pesaba sobre el mundo en el período precedente.
4. Al encontrarme en el umbral del tercer milenio "in medio
Ecclesiae", deseo expresar una vez más gratitud al Espíritu
Santo por el gran don del Concilio Vaticano II, - del que
junto a la Iglesia entera y a todo el episcopado- me siento
deudor. Estoy convencido de que las nuevas generaciones podrán
servirse todavía durante mucho tiempo de las riquezas
proporcionadas por este Concilio del siglo XX. Como obispo que
ha participado en el evento conciliar desde el primer al
último día, deseo confiar este gran patrimonio a todos
aquellos que son y serán llamados a ponerlo en práctica en el
futuro. Por mi parte, doy las gracias al Pastor eterno que me
ha permitido servir a esta grandísima causa en el curso de
todos los años de mi pontificado.
"In medio Ecclesiae"... desde los primeros años de servicio
episcopal -precisamente gracias al Concilio -he podido
experimentar la comunión fraterna del episcopado. Como
sacerdote de la archidiócesis de Cracovia ya sabía que es la
comunión fraternal el presbiterio- el Concilio abrió una
nueva dimensión de esta experiencia".
5. ¡Cuántas personas tendría que nombrar aquí!
Probablemente el Señor Dios habrá llamado a Sí la mayoría de
ellos. Por lo que se refiere a los que todavía se encuentran
en esta parte, que las palabras de este testamento les
recuerden, a todos y en todas partes, allí, donde se
encuentren.
En el curso de más de veinte años desde cuando presto el
servicio Petrino "in medio Ecclesiae" he experimentado la
benévola y muy fecunda colaboración de tantos cardenales,
arzobispos y obispos, de tantos sacerdotes y personas
consagradas -hermanos y hermanas-, en fin, de tantísimas
personas laicas, en el ambiente curial, en el Vicariato de la
diócesis de Roma, y también fuera de estos ambientes.
¡Cómo no abrazar con grata memoria a todos los episcopados del
mundo, con los cuales me he encontrado a lo largo de las
visitas "ad limina Apostolorum"! ¡Cómo no recordar también a
tantos hermanos cristianos no católicos! !Y al rabino de Roma
y a tantos numerosos representantes de las religiones no
cristianas! !Y cuántos representantes del mundo de la cultura,
de la ciencia, de la política, de los medios de comunicación
social!
6. A medida que se avecina el límite de mi vida terrenal
vuelvo con la memoria al principio, a mis padres, al hermano y
la hermana (que no conocí porque murió antes de que yo
naciese), a la parroquia de Wadowice donde fui bautizado, a
esa ciudad que amo, a mis coetáneos, compañeras y compañeros
de la escuela primaria, del bachillerato, de la universidad,
hasta los tiempos de la ocupación, cuando trabajé como obrero
y después en la parroquia de Niegowic, en la cracoviana de San
Floriano, en la pastoral de los universitarios, en aquel
ambiente .... en todos los ambientes ... en Cracovia y en
Roma ... en las personas que de forma especial el Señor me ha
confiado.
Quiero decir a todos sólo una cosa: "Que Dios os recompense".
"In manus Tuas, Domine, commendo spiritum meum"
A.D.
17.III.2000 |
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