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PSICOLOGÍA DEL MARTIRIO ( I )
El testimonio de fe del s. I - IV d. J.C. en el
Imperio Romano.
Un estudio basado en la XXIX
Videoconferencia Teológica Internacional, que tiene por tema: "El
martirio y los nuevos mártires". Prefectura de la Congregación para
el Clero - S. Em. Revma. Cardenal Darío Castrillón Hoyos (Ciudad del
Vaticano, 28 mayo 2004): Roma: Jean Galot, Bruno Forte, Antonio
Miralles y Paolo Scarafoni; Manila: José Vidamor Yu; Taiwán: Louis
Aldrich; Johannesburgo: Graham Rose; Bogotá: Prof. Silvio Cajiao;
Sydney: Julian Porteous; Moscú: Ivan Kowalewsky,...
La dirección de este trabajo de docencia e investigación a cargo del
sacerdote y escritor español Padre Jesuita Jorge Loring, S.I. con la
colaboración especial del Presidente de la sección de Suicidología
de la Asociación Cubana de Psiquiatría, el Prof. y Dr. Sergio Andrés
Pérez Barrero, fundador de la sección de Suicidología de la
Asociación Mundial de Psiquiatría (AMP).
Autores: José María Amenós Vidal. Psicólogo Clínico y Social por la
Universidad Central de Barcelona (España). Miembro Fundador y
Administrador de la FPC. Marcelo Alejandro Correa. Agente Pastoral
de Salud, impulsor y promotor de grupos de prevención del suicidio
en Argentina, y de duelo por suicidio en la Asociación Civil
Estaciones del Alma (ACEDA) de Bahía Blanca. Javier Mandingorra
Giménez. Máster de Orientación familiar por la Universidad de
Navarra, y de Sexualidad por el Instituto Pontificio Juan Pablo II
de estudios para el matrimonio y la familia (Valencia). España.
Fundación Psicología y Cristianismo (FPC). Comunidad de Psicólogos
Cristianos. c/ Museo, 26 - 1º 1ª. D.P. 08912. Badalona (Barcelona).
España. e-mail: psicologiaycristianismo@catholic.org URL: http://classroom.catholic.org/YCVFPC
Indice.
Resumen. Dedicatoria. Presentación. El enfoque teológico de Josef
Weismayer. La visión cristiana del dolor y el sufrimiento. Cap. I.
La Biblia: Antiguo y Nuevo Testamento. Cap. II. La Iglesia Primitiva
(s. I - IV d. J.C.): 1) Jesús de Nazareth. 2) Los Apóstoles y
protomártires: a) Los Evangelios: Juan, Marcos, Mateo y Lucas. b)
Los Hechos de los Apóstoles. c) Las Epístolas. 3) Los Padres
Apostólicos y Apologistas Cristianos. Conclusión. El contexto
histórico de Jules Charles Henri Petiot. El acto de inmolación u
oblación. Documentación. Las Actas Martiriales: Archivos oficiales y
no oficiales. Anexo. a) Carta de la Iglesia de Esmirna, que relata
el martirio de su Obispo Policarpo y sus compañeros mártires. b)
Carta de las Iglesias de Viena y Lyon sobre el martirio de Potino,
obispo y otros muchos fieles. Palabras Clave. Notas y Textos.
Resumen.
Con el empeño por defender la dignidad de los mártires de la
Iglesia, se ha llevado a cabo una investigación que pretende
desarrollar en su total amplitud un ensayo sobre apología del
martirio cristiano, a tenor de las objeciones planteadas en el campo
de la Psiquiatría, que consideran el martirio un suicidio crónico.
El objetivo del trabajo es entrar en confrontación con el
pensamiento de Karl Menninger y su ensayo ¨El hombre contra si
mismo¨, reforzando nuestro razonamiento con planteamientos
católicos. Por esta razón, proponemos un estudio basado en la visión
cristiana del dolor y el sufrimiento, en base al estudioso teólogo
austríaco, Josef Weismayer.
Un ensayo sobre apología del martirio con certeza nuestra tesis,
constata la deuda de gratitud hacia la Iglesia primitiva de los
primeros siglos del cristianismo (del I al IV d. J.C) en base al
enfoque en origen del significado etimológico del término martirio:
¨testimonio¨ y mártir: ¨testigo¨.
Psicología del Martirio: una apología de los mártires cristianos;
debe considerar el valor trascendente del testimonio de fe a la luz
del Evangelio como semilla de cristianos, y las actas martiriales en
su verdadera dimensión por transcripción literal de los hechos
históricos acaecidos que fueron extraídos de los archivos
documentales de diversas fuentes bibliográficas por el historiador
Daniel Rops (su nombre original Jules Charles Henri Petiot).
Dedicatoria.
A María, Reina de los Mártires.
En la noche del 26 de marzo de 1996, siete monjes de la abadía
trapense de Tibhirine en Argelia fueron raptados. Durante dos meses
nada se supo de ellos. El 21 de mayo, un comunicado sobrecogedor de
los fundamentalistas islámicos anunciaba: "Les hemos cortado las
gargantas a los monjes". El día 30 del mismo mes, fueron hallados
los cadáveres. Se trataba de una muerte anunciada, que estos monjes
habían podido preveer en la fe. Lo atestigua el testamento
espiritual de su prior, Padre Christian M. de Chergé, Prior del
monasterio de Nôtre-Dame del Atlas en Tibhirine, Argelia: Argel, 1°
de diciembre de 1993 - Tibhirine, 1° de enero de 1994.
Presentación.
El término "mártir" tiene su raíz en el término griego martus que
significa "testigo". La palabra 'mártir' ha sufrido un cambio en su
significado en las últimas décadas. Muy a menudo en los medios de
comunicación se asocia el término con el uso del cuerpo humano como
arma como por ejemplo con explosivos pegados al cuerpo o mediante
algún vehículo dirigido hacia un punto concreto para que explote.
Esto lo lleva a cabo la persona en un acto de libertad y a veces
también en el nombre de Dios; pero esta libertad no está en conexión
con la Verdad, porque la dignidad humana a imágen y semejanza de
Dios está amenazada atrozmente.
Los testigos como nos dice el Concilio Vaticano II en la
Constitución Lumen gentium (núm. 42) dentro del capítulo quinto
correspondiente a la vocación universal a la santidad dentro de la
Iglesia tienen como fundamento la caridad del mismo Señor Jesús. El
Vaticano II en su Constitución Gaudium et spes (núm. 21) dentro del
marco del capítulo primero sobre la dignidad de la persona humana
nos dice: "Numerosos mártires dieron y dan preclaro testimonio de
esta fe, la cual debe manifestar su fecundidad imbuyendo toda la
vida incluso la profana, de los creyentes, e impulsándolos a la
justicia y el amor, sobre todo respecto al necesitado." Gaudium et
Spes ha sentado las bases de la única antropología auténtica en
Jesucristo: "En realidad, el misterio del hombre sólo se esclarece
en el misterio del Verbo encarnado" (núm. 22). El martirio es
epifanía de una existencia libre, en comunión con Dios y con los
hombres (núm. 24), es decir, "entregarse totalmente al servicio de
Dios y al ministerio pastoral y a identificarse con Cristo
crucificado" (Optatam totius, 9).
En la década de los años sesenta, con ocasión de la canonización de
los mártires de Uganda, el Papa Pablo VI recordaba la "lista de
valerosos hombres y mujeres que dieron sus vidas por la fe",
testimonio de mártires que se centra en los consejos evangélicos de
castidad, pobreza y obediencia que dan testimonio de la unidad de
los cristianos para superar las divisiones raciales y tribales que
aterrorizan al continente. Hace casi treinta años el Papa Pablo VI
indicó que una de las características de nuestra época era que "el
hombre contemporáneo escucha más a los que dan testimonio".
Este don de fe nos dice S.S. Juan Pablo II conlleva dificultades,
procesos, retos y toda clase de problemas hallados en los
sacrificios cumplidos por los mártires. La sangre de los mártires
enseñó a los pueblos el valor de "la santidad de la vida y la
prontitud de ofrecer su propia vida por el Evangelio". (Ecclesia in
Asia, 9). El llamamiento para convertirse en "mártir" o "testigo" no
es solamente un don de Dios, sino un don a la Iglesia". "La fe en
Jesús es un don que tiene que ser compartido; es el don más grande
que la Iglesia pueda ofrecer". (EA, 10). La Iglesia está del lado de
los pobres, o sea: emigrantes, pueblos y tribus indigenas, mujeres y
niños y todos los quienes están siendo explotados. (EA, 34). Juan
Pablo II espera que "una muchedumbre de mártires nunca cese de
enseñar a la Iglesia el sentido de ser testigo..." (EA, 49).
S.S. Juan Pablo II en su exhortación apostólica Ecclesia in America
(núm. 15) nos está haciendo la recomendación de recordar que ante
todo el anuncio de Jesucristo es martirial.
Como dice el prefacio de los santos mártires: "Han atestiguado con
su sangre tus prodigios", en su muerte testimonial, el mártir se
identifica con Cristo.
"La Iglesia del primer milenio nació de la sangre de los mártires -
afirma el Papa en la Carta apóstolica "Tertio millennio adveniente".
Al finalizar el segundo milenio, la Iglesia se convirtió nuevamente
en la Iglesia de los mártires", heraldos valerosos del Evangelio,
servidores silenciosos del Reino, "a menudo desconocidos - como
escribe el Santo Padre - casi militi ignoti de la gran causa de
Dios" (núm. 37). Juan Pablo II nos recuerda que la sangre de los
mártires no es un fenómeno exclusivo de la Iglesia primitiva.
En Veritatis Splendor el Papa subraya que "a través de la vida moral
la fe llega a ser confesión, no sólo ante Dios, sino también ante
los hombres: se convierte en testimonio" y que "en virtud de la
adoración a Dios les hace ser libres", esta relación de la verdad
con la adoración de Dios se manifiesta en Jesucristo como la raíz
más profunda de la libertad (núm. 86). "El testimonio de Cristo es
la fuente, modelo y medio para el testimonio de sus discípulos, que
están llamados a caminar por el mismo camino" (núm. 89). En el cap.
92 de Veritatis Splendor se describen los tres servicios
fundamentales que los mártires hacen a su tiempo.
Primero, "En el martirio, confirma la inviolabilidad del orden
moral, y dignidad personal del hombre querida por la ley de Dios".
Segundo, "El martirio de la víctima demuestra como falso todo
significado humano que pretendiese justificar el acto en sí mismo
moralmente malo del victimario". Tercero, "el martirio es un signo
preclaro de la santidad de la Iglesia".
S.S. Juan Pablo II en el año del Gran Jubileo, el tercer domingo de
Pascua, 7 de mayo de 2000, y los líderes cristianos y representantes
de otras comunidades cristianas oraron juntos en el sitio donde
dieron testimonio los primeros mártires, el Coliseo de Roma para
conmemorar el testimonio de fe en el siglo XX, y decía en su
discurso: "Permanezca viva, en el siglo y el milenio que acaban de
comenzar, la memoria de estos nuestros hermanos y hermanas. Es más,
¡que crezca! ¡Que se transmita de generación en generación, para que
de ella brote una profunda renovación cristiana!" (Insegnamenti,
23/1, 776). El ecumenismo de los mártires y de los testigos de la fe
es el más convincente; él nos indica el camino de la unidad de los
cristianos del siglo XXI" (Homilía del 7.5.2000, núm. 5).
La Iglesia da testimonio de vida según la exhortación del Rito de
Ordenación sacerdotal: "Da cuenta de lo que harás, imita lo que
celebras, confirma con tu vida el misterio de la Cruz de Cristo, el
Señor". El presbítero tiene prioridad en el sentido de que "debe ser
el primero en dar su vida por las ovejas, el primero en el
sacrificio y la dedicación" (Juan Pablo II, ¡Alzatevi, Andiamo!,
núm. 41- 2004).
El enfoque teológico de Josef Weismayer.
De este modo, se establece la línea de trabajo: el testimonio de fe
de los mártires cristianos en la Iglesia primitiva, modelo y ejemplo
para el mundo entero, testigos que fueron sacrificados en aras del
orden público establecido pero a mayor gloria de Dios.
Sobre la cuestión derivada de esta propuesta inicial, es necesario
el enfoque histórico y filosófico, así como antropológico y
teológico. Es decir, el contexto en situación de la persona y los
valores que encarna y por los cuales es capaz de entregar su vida
por el Reino de Dios.
La visión cristiana del dolor y el sufrimiento.
El tema de la visión dolorista de la religión en la Iglesia
Católica, está magistralmente ilustrado por el teólogo, Josef
Weismayer, de quien encontrarán un esbozo clarificador sobre el
sufrimiento en la Biblia, y el dolor en la Sagrada Escritura en
¨Vida Cristiana en plenitud¨, en la Col. Pastoral Aplicada de
Promoción Popular Cristiana (Madrid, 1990).
La cuestión principal es puntualizar el sacrificio de la cruz como
valor supremo del cristianismo y que es motivo de escarnio para la
sociedad.
Cap. I. La Biblia: Antiguo y Nuevo Testamento.
El judío Filón, rabino y doctor de la Ley de la Torah, que fundó en
Alejandría un ¨didascalio¨ o escuela de sabiduría, y que marcó el
comienzo de lo que se ha dado en llamar la ¨Doctrina del Logos¨
enraizando en un método de explicación escrituraria el pensamiento
helénico y la tradición judaica, fue una tentativa de reconciliar la
tradición de Israel y los temas filosóficos griegos.
Los filósofos habían esbozado en múltiples aproximaciones esta
grandiosa concepción del Logos, del pensamiento de Dios. Platón
había reconocido en ella el origen de las ideas. Pero San Juan
Evangelista consolidó en una certidumbre todos esos sentidos del
vocablo, el Verbo de Dios. Y así, todos los principios justos
descubiertos y expresados por los filósofos los alcanzaron éstos
merced a una participación en el Verbo, y este Logos que había
encendido progresivamente la inteligencia humana, era Cristo, por
quien hallaron su verdadera significación la razón y la fe.
Una concepción cristiana de la historia que se concretará en San
Juan y el Logos del IV Evangelio en quien reconocerá la Doctrina del
¨Verbo de Dios¨, que junto a San Pablo y la elección de los 27
textos canónicos que constituyen el Canon del Nuevo Testamento en la
Sagrada Escritura inspirados por el Espíritu Santo completará la
tradición de Israel recogida en los 46 libros del Antiguo
Testamento, y que conformarán los 73 libros sagrados de la Biblia de
Jerusalén.
Los primeros capítulos del Génesis demuestran la sublime dignidad de
las personas humanas. Porque Adán, el primer hombre, era figura del
que había de venir, es decir, Cristo nuestro Señor, el nuevo Adán,
en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor por el
Hijo, se manifiesta plenamente al hombre mismo y le descubre la
sublimidad de su vocación.
En el pasaje de Abel, la víctima mártir asesinada, el hombre justo,
que recoge el fruto de su trabajo y lo ofrece en acción de gracias a
Dios, se muestra a un Caín, el victimario homicida, el hombre
indigno, que ofrece su vil sacrificio con un corazón ruin.
En el Éxodo, la sangre colocada en los dinteles y las jambas de las
puertas de los israelitas lo que los protegió aquella horrible noche
en Egipto del exterminio del ángel de la muerte (Ex. 12,7.12), sólo
era una anticipación de otra sangre, la de Cristo, portadora de la
santidad y salvación definitiva.
En la historia de Jonás: "No se dará ningún signo que no sea el
signo de Jonás", Cristo crucificado. El ¨Cántico de Ezequías¨, las
meditaciones sobre Job, y el libro de Jeremías, nos muestran al
profeta sufriente del Antiguo Testamento entregado a la voluntad de
Dios hasta su martirio y asesinato.
Del martirio del mayor de los profetas de la Biblia, San Juan
Bautista, de quien anuncia en el Nuevo Testamento la llegada del
Mesías y la necesidad que tiene el cristiano de vivir la coherencia
incluso ante los sufrimientos, destaca que si relativamente pocos
están llamados al heroico sacrificio supremo, existe sin embargo,
"un testimonio coherente que todos los cristianos deben estar
dispuestos a dar cada día, incluso a costa del sufrimiento y grandes
sacrificios".
"Se requiere en efecto un compromiso muchas veces heroico para no
ceder, incluso en la vida cotidiana, a las dificultades que
presionan al comprometido y para vivir el Evangelio 'sine glossa'
(sin atenuantes)", existen aún hoy mártires que entregan su vida por
la fe en el mundo, y "nos hace pensar en los mártires de la fe que a
lo largo de los siglos han seguido valerosamente sus huellas", los
creyentes siguen sometidos a duras pruebas por su adhesión a Cristo
y a la Iglesia".
Cap. II. La Iglesia Primitiva (s. I - IV d. J.C.).
Desde los primeros tiempos de la Iglesia Primitiva, se ha reconocido
que la sanguis martyrum est semen Christianorum (la sangre de los
mártires es la semilla de los cristianos). "En la Iglesia antigua,
el martirio era considerado una verdadera celebración eucarística:
realización extrema de la contemporaneidad con Cristo, del ser una
cosa sola con Él" (Cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto de la
Congregación para la Doctrina de la Fe, Introduzione allo spirito
della liturgia, 55).
A partir de finales del siglo segundo, la fecha de la muerte del
mártir se celebraba en su tumba como una natividad en los cielos, lo
que llevó a la construcción de iglesias encima de estos lugares. De
la misma forma, en la liturgia romana, los mártires están ubicados
en las primeras filas, antes de todos los demás santos, vestidos con
el color rojo de la liturgia que pone de manifiesto la naturaleza
sangrienta de su sacrificio.
1) Jesús de Nazareth.
" ... Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el
Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos
poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran,
porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre
y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados
los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán
llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de
la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con
mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y
regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos;
pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a
vosotros ... ".
La Pascua Judía y Cristiana.
Por aquel entonces en Jerusalén se preparaba la fiesta de la Pascua
que celebraba la libertad de los judíos que escaparon del yugo de la
esclavitud en Egipto en tiempos de Moisés y conmemoraba la noche en
que los esclavos hebreos marcaron sus casas con la sangre de un
cordero para que la venganza del ángel de Dios no alcanzara a los
primogénitos de Israel.
¡ Dios de Abraham, Isaac y Jacob ! , ¡ Dios Justo ! , ¡ Dios Santo
!, ¡ Dios Inmortal ! , ¡Dios Universal !, ¡ Dios Padre Omnipotente
!, ¡ Dios Padre Piadoso!, ¡ Dios Padre Eterno !, cuanto hemos
esperado que llegara el día de nuestra liberación, como Moisés que
escapando de la espada del Faraón se convirtió en el libertador de
los hebreos que huyeron del cautiverio de Egipto.
Ya habían transcurrido generaciones desde el primer enfrentamiento
de Sansón y los israelitas contra los filisteos hasta su derrota
definitiva con la unción del gran Rey David, origen del linaje y
ascendiente directo del libertador de la casa de Israel que tanto
esperaban los judíos, como en la época del exilio en tierras de
Babilonia que tan amargamente profetizó Jeremías, y que ahora bajo
la dominación del Imperio Romano el pueblo israelita sentía en su
propia tierra.
¡ Alegraos !, ¡ regocijaos !, porque nuestro cautiverio ha
terminado, Cristo ¨El Ungido¨ está entre nosotros, es de la estirpe
de David y de sus descendientes nos ha venido la salvación, de Belén
de Judea es el hijo de Dios.
El ¨Rabí¨ o maestro como le llamaban, era hijo natal de Belén, de un
¨nagar¨ o carpintero del pueblo de Nazareth en Galilea que se
llamaba José y que había hecho voto de nazareno o de consagrarse a
Dios, y de una muchacha llamada María que era la madre virginal de
Jesús. Había llegado a Judea a la casa de su amigo Lázaro, que
convivía con sus hermanas Marta y María de Betania, un pueblo muy
cercano a Jerusalén, venía de predicar por Galilea y del lugar a
orillas del río Jordán en Perea donde su primo Juan, el mayor de los
profetas de la Biblia, había estado al principio bautizando y
anunciando la llegada del Mesías. Con sus discípulos, Simón Pedro o
Cefas y su hermano Andrés, Juan y su hermano Santiago el Mayor o
Zebedeo, Judas Tadeo, Santiago el Menor o Alfeo, así como Simón el
Zelote o Cananeo, Mateo el publicano, Tomás al que llamaban el
gemelo, Bartolomé o Natanael, y Felipe, ... hacían su entrada
triunfal en Jerusalén.
¡ Oh Jerusalén !, proclama la gloria del Señor porque hoy es el día
de tu liberación.
El Rey Herodes Antipas, tetrarca de Perea y Galilea, había hecho
encarcelar y decapitar en su fortaleza de Maqueronte a Juan el
Bautista, porque consideraba a Jesús de Nazareth como a un
usurpador. La clase dirigente judía de los ¨haberim¨ o
pertenecientes al ¨Sanedrín¨, o Supremo Consejo, también veían con
recelo a Jesucristo porque el pueblo lo aclamaba y proclamaba como
el Rey de los Judíos que les traería la libertad. La secta de los
fariseos y saduceos que tenían la autoridad nacional y religiosa,
los ¨soferim¨o maestros de la Ley y estudiosos de las Escrituras, lo
consideraban como a un perturbador que ponía en entredicho sus
enseñanzas.
¡ Oh Señor !. ¡ Rey de Reyes !, que amas a tu pueblo y que escapaste
de la espada de la casa de Herodes has venido para liberar a los
oprimidos.
Que humilde condición la de aquellas gentes que como era habitual
cada año se reunían procedentes de todas partes para dar gloria al
Señor, eran ¨amhaares¨ de toda índole despreciados por los escribas
y fariseos, ¨goims¨ o paganos, con ¨cuttonas¨, túnicas por vestido,
y ¨simlahs¨, mantas de abrigo, desgastadas por el tiempo, en
contraposición con aquellos que se distinguían por las ¨zizith¨,
borlas o franjas que los israelitas llevaban en los vestidos para
recordar los mandamientos de la Ley de Dios, con las ¨cufiehs¨,
prendas para la cabeza, o ¨taliss¨, que caían sobre sus hombros, y
que solían llevar cuando oraban en la sinagoga.
¡ Santo !, ¡ Santo !, ¡ Santo !, es el Señor, Dios del Universo,
llenos están el Cielo y la Tierra de tu Gloria, ¡Hosanna! en el
Cielo, bendito el que viene en nombre del Señor, ¡Hosanna! en el
Cielo.
El poder del César, el Emperador de Roma, era omnisciente, y
divinizado por el paganismo del Imperio, el politeismo era la
religión oficial. Y Judea era una provincia romana que por el pasado
histórico monoteísta de la tradición judaica, depositaria de las
tablas de la Ley que Moisés en el monte Sinaí recibió del mismo
Dios, la convertía en caldo de cultivo de insurrecciones y
sublevaciones por su reticencia a adoptar las costumbres y usos de
sus conquistadores. Especialmente en estas fechas las guarniciones
romanas de la Torre Antonia de la ciudad estaban en estado de alerta
permanente, pues los judíos alentados por su exaltado sentido del
nacionalismo y exacerbados por la convicción de ser el pueblo
elegido de Dios, hacía ya largo tiempo que consideraban al ejército
de ocupación como al opresor. El Gobernador romano, el procurador
Poncio Pilato, alertado por los disturbios y motines ocasionados por
miembros de fanáticas y agresivas sectas judías como la de los
zelotes o los sicarios, con un tal Barrabás al frente que había sido
encarcelado, también juzgaba la fama que precedía al galileo como un
signo de inestabilidad para lograr imponer en su provincia la
voluntad del César Tiberio retirado en Capri y cuyo regente era
Calígula, y porque ponía en peligro su soberanía y era un estorbo
para sus fines en aras del orden público establecido.
¡Escuha Oh Israel !. No endurezcas tu corazón como hicieron nuestros
antepasados junto a la montaña sagrada del Sinaí, porque tuvieron
que vagar por el desierto durante una generación hasta encontrar la
tierra prometida de Canaan.
Se acercaba el día de los panes ácimos cuando había que sacrificar
el cordero pascual, y Jesús se dirigió al Templo de Jerusalén para
orar al Señor, y encontrando en sus atrios a cambistas y mercaderes
que negociaban con el precio de las ofrendas que se habían de
entregar a la casta de los sacerdotes para llenar sus arcas del
tesoro, arremetió contra sus puestos derribándolos y desparramando
las monedas por el suelo, y a latigazos les expulsó del Templo.
¡ Pídeme ! y te daré las naciones en herencia y extenderé tus
dominios hasta los límites de la tierra. Los regirás con vara de
hierro y como vaso de alfarero los romperás.
Y buscando la manera de quitarlo de en medio sin que la gente se
enterara, dos días antes del día de los panes sin levadura se había
tramado una traición contra Él, entre un tal Judas Iscariote,
habitual entre sus allegados que administraba los ases de cobre que
recibían de las gentes para atender sus necesidades y había decidido
entregarle a cambio de dinero, y el Sumo Sacerdote, Caifás, que para
apresarle había acordado una recompensa de 30 siclos de plata, única
moneda nacional judía en circulación.
Llegó el día en que se celebraba la noche de la pascua judía, y
hacia el atardecer cuando empezó a cesar el bullicio de las gentes
por las calles, Jesús después de predicar en el Templo se retiró con
sus discípulos a un cenáculo de la ciudad .
El Señor es mi vara y mi cayado, ¡ nada temeré !. El Señor es mi
pastor, ¡ nada me falta !...
El lugar de encuentro con la Guardia del Templo donde habían
acordado prenderlo sería durante la noche después de la cena pascual
en el huerto de los olivos, llamado Getsemaní, con el fin de
llevarle acto seguido a juicio y condenarlo a pena de muerte. Los
cargos de que se le acusaría serían de sedición y blasfemia, y antes
de despuntar el alba sería llevado ante Poncio Pilato para su
crucifixión porque el poder romano se reservaba el ¨jus gladii¨, es
decir, tenía la última palabra para decidir entre la vida o el
suplicio en cruz de un reo.
¡ Ay de ti Jerusalén ! que matas a tus profetas, destruye este
Templo y Sagrario del Espíritu Santo y en tres días lo reconstruiré,
porque la piedra del fundamento que desechasteis será la piedra
angular.
Creemos que el mejor modo de enfocar la cuestión de la asunción del
sacrificio de la cruz por Nuestro Señor Jesucristo es ser
conscientes de la limitada capacidad de entendimiento del ser humano
sobre el sentido mesiánico de su misión salvífica.
Queremos decir que es necesario un ejercicio de humildad que nos
permita comprender que aunque nada se esconde al saber divino, si es
al hombre a quien no le alcanza el discernimiento para entender en
su total y verdadera dimensión el significado de la entrega del hijo
de Dios por la salvación del hombre.
En el pasaje del Evangelio después de la última cena en el que Jesús
de Nazareth en el huerto de los olivos de Getsemaní, en orante
diálogo con Dios Padre, le implora no ser crucificado, y acto
seguido por su amor filial, afirma: ¨hágase tu voluntad y no la mía¨,
está reafirmando en su condición de salvador y mesías, un acto de
oblación pura, de total entrega a su inmolación, conteniendo el
verdadero sentido del martirio, en contra de su voluntad y a causa
de la iniquidad de los hombres, asumiendo el sacrificio por el valor
supremo de su misión salvadora, donde encuentran verdadero
significado las palabras: ¨... no hay mayor amor que el que entrega
su vida por los demás...¨, ¨... es necesario que el hijo del hombre
muera para que sea ensalzado...¨, ... porque la voluntad de Dios es
salvar al género humano aunque deberá sufrir por ello su propio hijo
el martirio por la maldad del hombre.
El sufrimiento vicario de Cristo.
" Y tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a
sentir tristeza y angustia. Entonces les dice: mi alma está triste
hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad conmigo.
Voluntad ciertamente misteriosa, pero que nos pone violentamente,
cara a cara, con el gran amor que Dios tiene al hombre, haciendo que
un Dios encarnado, en carne humana sufra por él.
El cristiano, imitador de Cristo, seguidor de los pasos de su
Maestro, ¿se extrañará si en su camino aparece el sufrimiento?. El
convencimiento de que Dios es mi Padre y quiere lo mejor para mi,
aunque no lo entienda, le hará clamar también : " no se haga mi
voluntad, sino la Tuya".
.....Pavor. Angustia. Tristeza hasta el punto de morir. Sudor como
gotas espesas de sangre...... Y los discípulos, tu y yo, dormidos
por la tristeza.
¿Cómo debía de ser ese dolor de Cristo transformado en sufrimiento,
que le lleva a sudar gotas de sangre?. ¡Qué bien se refleja aquí la
ruptura que el dolor produce en el alma. ¡Cómo éste, el sufrimiento,
ha pasado de los sentidos al alma, al yo, al espíritu, a la
persona!.
Abrazar como Cristo, la cruz, el sufrimiento, aceptando, queriendo,
amando la Voluntad divina, no es de extrañar que un cristiano, aún
en el martirio, sea feliz, alegre por ser corredentor, ya que
colabora a restaurar con Cristo la naturaleza humana, la creación, a
su origen primitivo antes de que entrase, por el pecado original, el
mal en el mundo.
Esta es la respuesta, la esperanza del cristiano a la pregunta sobre
el sentido del sufrimiento. Al morir Jesús, el mismo Dios, bajo
figura finita, destruye los efectos del pecado original y todos los
personales, produciendo una nueva creación.
...porque eres inocente y vas a morir por nosotros, que somos los
únicos culpables.....para qué.......viviésemos al fin " in
libertatem gloriae filiorum Dei ", en la libertad y gloria de los
hijos de Dios.
De este modo, adquiere pleno sentido una de las obras cumbres del
historiador Daniel Rops: Muerte, ¿ dónde está tu victoria ? ; la
vida del cristiano es la historia de la asunción del sacrificio de
la cruz y de su propio martirio para salvación de su alma humana y
resurección a la vida eterna. Esta aspiración de la humanidad por
los valores espirituales recibió su confirmación con la pelicula La
Pasión de Cristo de Mel Gibson (2004).
Jesús de Nazareth fue martirizado... y lo dicen profesionales en
psicología y teología, opinar lo contrario, es decir, que se
suicidó, es de un reduccionismo y una autosuficiencia que se parece
a los opinólogos ... como la dramática posición de Pilatos cuando se
pregunta "¿ Qué es la verdad ?" y actúa como si no existiese estando
ante Cristo; el victimario sumerge a la víctima en una cultura de la
muerte, del relativismo y la negación de la verdad.
Realmente, estamos asombrados de que puedan existir profesionales,
que puedan afirmar sin lugar a dudas, y sin conciencia del grave
sacrilegio que estan cometiendo, que Jesucristo fue sujeto de una
autoinmolación, debe existir alguna explicación plausible a una
interpretación de este tipo, a nuestro entender, sea resultado de
una mala traducción, o bien, porque en origen se pretendió que así
fuera, nos encontramos con el mismo problema, un error doctrinal en
las bases de la psiquiatría y la psicología.
Los Apóstoles y protomártires:
Un ejemplo que podemos traer a colación y que existió ya en sus
lejanos orígenes, con nuestro protomártir San Esteban, es como hubo
de brillar luego en toda su evidencia en aquellas dramáticas horas
en que, frente a los verdugos de Roma, millares de cristianos
prefirieron la muerte a apostatar de la fe, entregando su vida en un
acto sublime de oblación a Dios.
Otros dedicaron sus últimas palabras precisamente a la misericordia
y al perdón, en imitación del ejemplo dado por Cristo en la cruz y
seguido ya por el primer mártir, San Esteban que fue lapidado.
La religión cristiana se difundió muy rápida desde Jerusalén hasta
Antioquia, antes de llegar al Occidente, en Roma. El Cristianismo
llegó a las costas de India, donde San Tómas Apóstol predicó y fue
martirizado, mientras San Judas Tadeo y San Bartolomeo predicaron el
Evangelio en Armenia. Gracias a sus martirios, Armenia se convirtió
en el primer país cristiano.
Por voluntad de Cristo, Juan sería el único de los 12 apóstoles que
no moriría de muerte violenta, y a excepción de Judas Iscariote que
se suicidó, el resto sufriría el calvario del martirio.
a) Los Evangelios.
Juan.
¨En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el
Verbo era Dios. Él estaba en el principio con Dios. Todo fue hecho
por Él y sin Él nada se hizo de cuanto ha sido hecho¨ (Jn 1, 1-3).
"El buen pastor da su vida por las ovejas" (Jn 10,11), y el
testimonio de los cristianos se asemeja siempre con el misterio del
grano de trigo: "Si el grano de trigo no cae en tierra y muere,
queda él solo; pero si cae en tierra buena y muere da mucho fruto" (Jn
12,24). Cristo, en la víspera de su pasión, anuncia su glorificación
a través de la muerte. Los mártires, recorren "El Camino" (así se
llamaban a si mismos los cristianos) de Jesús al decir de sí mismo:
"Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida" (Jn 14, 6). El martirio toma
parte directamente en la obra de Cristo, permaneciendo unidos a Él
que salva y santifica (Jn 15,5). "Dado que Jesús, el Hijo de Dios,
manifestó su amor entregando su vida por nosotros, nadie tiene mayor
amor que el que entrega su vida por Él y sus hermanos" (Jn 15,13).
Jesús al dirigirse a Pedro: "En verdad te digo: cuando eras joven,
tú mismo te ceñías, e ibas adonde querías; pero cuando llegues a
viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde tú
no quieras". Y el evangelista agrega: "Con esto indicaba la clase de
muerte con que iba a glorificar a Dios" (Jn 21,18-19).
Marcos.
Refiriéndose Jesús a Pedro: "Tus pensamientos no son los de Dios,
sino los de los hombres" (Mc 8,32). Luego, ¿de qué le sirve al
hombre ganar el mundo entero si arruina su vida?…quien pierda su
vida por mi y por el Evangelio, la salvará" (Mc 8,36). La prueba era
necesaria para el cumplimiento de la misión, el martirio.
Mateo.
"Y adelantándose un poco, cayó rostro en tierra y suplicaba así:
Padre mío, si es posible, que pase de mi esta copa, pero que no sea
como yo quiero, sino como quieras Tu" (Mt 26, 37-39). "Y alejándose
de nuevo, por segunda vez oró así: Padre mío, si esta copa no puede
pasar sin que yo la beba, hágase tu voluntad" (Mt 26,42).
La orden del Señor "vayan y hagan discípulos de todos los pueblos" (Mt
28,19) es anuncio como el martirio de la semilla de nuevos
cristianos.
Lucas.
También enseñó a sus padres a obedecer al orden en la obediencia: "
¿ No sabíais que es necesario que yo esté en las cosas de mi Padre
?" (Lc 2, 49). Cristo obedeció a Dios Padre, su Padre, nuestro
Padre, hasta la muerte y muerte de cruz. Obediente a sus padres "
bajó con ellos y vino a Nazareth, y vivía sujeto a ellos." (Lc. 2,
51).
"Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su
cruz cada día, y sígame" (Lc 9, 23). "Os digo que si uno se declara
a mi favor delante de los hombres, también el Hijo del hombre se
declarará a favor suyo delante de los ángeles de Dios" (Lc 12,8).
" ¿Es que no temes a Dios, tu que sufres la misma condena?. Y
nosotros, con razón, porque nos la hemos merecido con nuestros
hechos; en cambio, éste nada malo ha hecho. Y decía San Dimas:
Jesús, acuérdate de mi cuando vengas con tu Reino. Jesús le dijo: Yo
te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso." (Lc 23, 40-43).
b) Los Hechos de los Apóstoles.
En el sacrificio vemos la inspiración del Espíritu Santo que Jesús
prometió a los Apóstoles como la facultad mediante la cual serían
sus testigos, sus mártires, hasta el fin de los días (Hch 1:8). La
antigua tradición de la Iglesia presenta el relato de los Hechos de
los Apóstoles en referencia a su identificación con el testimonio
del Señor, sufrir la "humillación por el bien de su nombre" (Hch
5:40), en cuanto está estrechamente relacionada con el sufrimiento y
la muerte por la fe (Hech 1:8 y 22).
c) Las Epístolas.
La vida de San Pablo y su misión está en relación con el sufrimiento
y el dolor, con su comunión con la pasión de Cristo (1 Cor 2,1 ss.;
Gal 4,12-14), fue decapitado.
La nube de testigos (Hb 12,1), ha completado "lo que falta a la
Pasión de Cristo". "Me alegro por los padecimientos que soporto por
vosotros, y completo lo que falta a las tribulaciones de Cristo en
mi carne, en favor de su cuerpo, que es la Iglesia" (Col 1,24).
La cruz es un escándalo y una locura (1 Cor, 22-25) para el mundo,
el valor del cristiano se expresa en las palabras del apóstol
Santiago: "Vosotros que no sabéis qué será de vuestra vida el día de
mañana ... ¡Sois vapor de agua que aparece un momento y después
desaparece" (St. 4,14), y en las vibrantes afirmaciones de San
Ignacio de Antioquía: "De nada me serviría todo el mundo y todos los
reinos de aquí abajo; para mi es mejor morir por Cristo Jesús que
ser rey sino en los confines de la tierra. Yo busco a Aquel que
murió por nosotros; yo quiero a Aquel que por nosotros resucitó",
ante su inminente martirio (Epistola ad Romanos, 4,1): "Dejad que me
devoren las bestias, que es mi manera de llegar a Dios. Soy el trigo
de Dios, y debo ser molido por los dientes de las bestias salvajes,
para que pueda llegar a ser el pan puro de Cristo".
3) Los Padres Apostólicos y Apologistas Cristianos.
Así como la exégesis, o ciencia de la Escritura, de los primeros
autores de letras cristianas, los Padres Apostólicos, de aquellos
que aún eran testigos directos de las enseñanzas de los apóstoles,
de entre los más conocidos encontramos a los obispos: San Ignacio de
Antioquía y San Policarpo de Esmirna; a los que siguió una nueva
literatura cristiana, que se denominará de los Apologistas
Cristianos, el más célebre, San Justino.
Las etapas que se habían esbozado desde los discípulos inmediatos al
mensaje de Cristo, la de los Padres Apostólicos y Apologistas
Cristianos, derivaría en una filosofía cristiana que llegaría a la
elaboración de un sistema de pensamiento religioso que tendría en el
Obispo de Lyon, su máximo exponente, San Ireneo, que reafirmaría el
primado de la Iglesia de Roma, la síntesis de la tradición de los
profetas veterotestamentarios, los evangelios sinópticos y textos
canónicos, y de la historia del pueblo de Dios en la Biblia.
Los dos focos del pensamiento cristiano contemporáneos al de Roma,
fueron los de la escuela Alejandrina, un ¨didascalio¨ cristiano, de
servidores del Verbo, didáscalos (o doctores), y el de Cartago.
En todos los períodos de la historia de la Iglesia se ha vuelto a
verificar la palabra de Tertuliano, que escribía en el año 197: "La
sangre [de los mártires] es semilla de los cristianos" (Apologetico,
50). Encontramos la misma idea ya a mitad del siglo II, en el
discurso de autor desconocido dirigido al pagano Diogneto: "¿No ves
que [los cristianos], arrojados a las fieras con el fin de que
renieguen del Señor, no se dejan vencer?. ¿No ves que, cuanto más se
los castiga, en mayor cantidad aparecen otros?" (7, 7-8). Hipólito
Romano escribía, durante la persecución de Septimio Severo de la que
hablaremos más adelante, que un gran número de hombres, atraídos a
la fe por medio de los mártires, se convertían a su vez en mártires
(Comentario sobre Daniel, II, 38).
La motivación teológica: "la gloria de Dios es el hombre vivo"
(gloria Dei vivens homo), de carácter antropológico: la "visión de
Dios es la vida del hombre" (vita hominis visio Dei), es el tremendo
grito de San Ireneo en respuesta a los gnósticos: Caro capax dei;
¡carne con capacidad para Dios!.
Como decía San Ambrosio, refiriéndose a su tiempo, cuando ya los
cristianos salían de las catacumbas y las persecuciones exteriores
habían acabado: "¡Cuántos hoy son mártires en secreto y dan
testimonio al Señor Jesús!" (Comentario al Salmo, 118).
Conclusión.
El contexto histórico de Jules Charles Henri Petiot.
Daniel Rops, su nombre literario, es a nuestro modo de ver, uno de
los historiadores del cristianismo más prolíficos que ha tenido la
Iglesia, fue fundador de la revista Ecclesia , ocupó el sillón 7 en
1955 de la Academia de la Lengua, y como miembro Comendador de la
Legión de Honor, una de las personalidades más respetadas en el
campo de la Literatura y la sociedad en Francia, un dato anecdótico,
es que fue el profesor de universidad más joven del país, que se
convirtió en uno de los conferenciantes más prestigiosos y valorados
por los círculos académicos. Que podemos decir más a su favor, que
el agradecimiento por su labor historiográfica, fue reconocida por
el mismo Santo Padre, Pío XII, por mediación de su Secretario de
Estado, el futuro Cardenal Montini, y Papa Pablo VI.
Las actas martiriales que se describen en su libro "La Iglesia de
los Apóstoles y los Mártires", estan corroboradas ampliamente por
documentos históricos de gran rigor científico, y no cabe lugar a
dudas, de que su intención fue siempre honorable. En este punto,
apoyamos la disyuntiva de mostrar toda la verdadera dimensión de los
hechos ocurridos entre los ss. I a IV d. J.C. en que las
persecuciones de los cristianos, fueron las más atroces,
sanguinarias, crueles y salvajes que hayan podido nunca existir en
la historia de las civilizaciones humanas.
El acto de inmolación u oblación.
Con el debido respeto y consideración a su labor profesional,
planteando un nuevo problema que se suma al ya discutido conflicto
con K. Menninger sobre la confusión observada y la discutida así
como necesaria diferenciación entre el concepto de suicidio y
martirio.
Un acto de oblación, o en términos antropológicos de inmolación, y
según los arquetipos de la cultura, de sacrificio, que se pueden
identificar en los actos de un suicida, no son los que identificamos
en un mártir.
Contrariamente a la afirmación sobre el acto de suicidio de un
mártir por un ideal que acostumbramos a ver en la prensa escrita,
tenemos que diferenciar, que un suicida es sujeto de suicidio y un
mártir de martirio, dos conceptos distintos que no deben
confundirse.
Cuando de la existencia de un homicidio inflingido por el propio
sujeto en si mismo o por mandato a su voluntad mediante terceras
personas se deriva la muerte, tenemos que hablar de suicidio.
Cuando del acto de privar de vida a una persona por causa de muerte
se deriva un asesinato contra la voluntad del sujeto a causa de su
honor por negarse a aceptar el mandato de renuncia a un ideal, y que
ha asumido su sacrificio a cambio de su vida en un acto sacramental
de inmolación u oblación pura, debemos hablar de martirio.
Volvemos a encontrar en la base del conocimiento doctrinal
psicológico y psiquiátrico, y en este caso, psicoanálítico, una
grave confusión de conceptos para el desarrollo de nuestra
disciplina, puesto que no hace distinciones entre ambos términos y
si las tiene: el martirio no es un acto suicida por un ideal como
pretende K. Menninger, puesto que el mártir no es un suicida,
podemos decir que en el martirio, el mártir es la víctima que rehusa
aceptar el mandato de su renuncia, y por contra en el suicidio, el
suicida es el victimario homicida por mandato a su voluntad.
Este argumento se desarrolla en extenso en la siguiente parte de la
Conferencia: Psicología del Martirio (II); perteneciente al área de
Psiquiatría Social del VI CVP - Interpsiquis 2005.
Documentación.
Los siguientes datos históricos y el cuadro cronológico sobre el
Imperio Romano y el Martirio Cristiano, son un extracto refundido
del libro: ¨La Iglesia de los Apóstoles y los Mártires¨ de Jules
Charles Henri Petiot (o Daniel Rops).
Las Actas Martiriales. Archivos oficiales y no oficiales.
Según el cronista Origenes, se pretendía: ¨exterminar por doquier el
nombre mismo de Cristo¨. Podemos enumerar esas víctimas de las
grandes persecuciones en todos los países, en todas las clases
sociales, en todas las edades y en todas las condiciones. No hay
ninguna de las viejas diócesis de Europa, del Asia Menor o del
África que no haya contado con ellas. Pero, debemos abstenernos de
enumerar en sus detalles las horribles formas con que era aplicado
de diversos modos su martirio, y conviene que imitemos la moderación
de los narradores y evitar de hacer comentarios porque no existe
medio alguno imaginable de torturar seres humanos que no fuese
aplicado en los cristianos. Digamos solamente que la decapitación
aparecía como medida de clemencia: ¡Seré humano - decía el
magistrado de Roma - y te condenaré a que te degüellen!,
refiriéndose a la espantosa costumbre de ser entregado a las fieras
como espectáculo en el circo para embriagar con el sádico placer de
la tortura a las muchedumbres sedientas de sangre cristiana, el
motín del pueblo impulsado al crimen y la caza de cristianos.
14-37. Tiberio (dinastía Julio-Claudia). 37-41. Calígula.
Persecución de Herodes Agripa: 41. 41-64. Nerón. Incendio de Roma:
64. 81-96. Domiciano. Edicto de persecución: 92-96.
Crucifixión de Cristo: 30. Protomartirio de San Esteban: 36.
Evangelio arameo de Mateo: 50-55. Evangelio griego de Marcos: 55-62.
Evangelio griego de Lucas: 63. Los Hechos de los Apóstoles: 63-64.
Epístolas de San Pablo: 52 -66. Martirio de San Pedro y San Pablo:
66-67. San Juan escribe el Apocalipsis: 82-96.
96-98. Nerva (dinastía de los Antoninos). 98-117. Trajano. 138-161.
Antonino. 161-180. Marco-Aurelio.
San Juan escribe su Evangelio. Martirio de San Ignacio de Antioquía:
107. Martirio de San Policarpo de Esmirna: 155. Martirio de San
Justino: 163. Mártires de Lyon: 177.
193-249. Septimio Severo (dinastía de los Severos). Comienzo de la
persecución sistemática: 202; y de la anarquía militar: 235. Felipe
el Árabe: 244-249.
Martirio de Santa Perpetua y Santa Felicitas: 203, ...
La persecución de Septimio Severo fue la más dura, vasta e
inexorable de cuantas la precedieron, si hasta ese momento hombres y
mujeres cristianos eran llevados ante los jueces, condenados y
ejecutados, porque habían sido denunciados, el rescripto de 202,
ordenaba la persecución sistemática y metódica de los cristianos:
redadas y tandas de víctimas en los anfiteatros de Roma y sus
provincias, atestados de mártires de todo el mundo romano, presos de
las fieras y las hogueras, habían sido acusados de pertenecer a una
secta proscrita, según narra la leyenda acusados de antropofagia en
sus liturgias rituales, de incesto entre sus hermanos fieles, de
infanticidio y otras peores atrocidades, etc...
En las Galias, la muerte de San Ireneo, San Andeol, patrono de la
Iglesia de Viviers, fue ejecutado ante el mismo Emperador; San
Alejandro, Epipodio, Marcelo, Valentín y Sinforiano, cuya memoria se
venera en Chalons, Tournus y Autun, ... pero debemos recuperar de
entre las muchas historias que forman parte de la herencia de la
Iglesia y el martirologio de los santos, la narración de los
siguientes hechos:
Santa Perpetua, fue encadenada con Felicitas y Revocato, esclavos, y
arrojados al calabozo de Cartago, entre los diáconos y catecúmenos,
se hallaba Saturnino y Secundulo, y su santo catequista Saturio; en
la mazmorra de los fosos entraron en éxtasis místico envueltos en
visiones celestiales y entregados a las fieras; pasado el invierno
llegó el interrogatorio de Perpetua que reza del siguiente modo:
¡Apiádate de las canas de tu padre y de la niñez de tu hijo !, ¡
Sacrifica ! - No sacrifico. - ¿ Eres cristiana ? - ¡ Soy cristiana
!. Santa Felicitas había llegado al octavo mes de embarazo y llegó
al parto, el guardián se mofó: ¨Si ahora te quejas, ¿ qué vas a
hacer delante de las fieras?; y respondió: ¨Mi sufrimiento actual,
soy yo quien lo padezco, mientras que allí habrá otro en mí, y yo
sufriré por él¨. Su martirio el 7 de marzo de 203 en las arenas del
anfiteatro fue una carnicería salvaje que se repetía hacía 150 años
y en las que hombres, mujeres y niños fueron presas de los leones
... en cuanto a las dos santas aun vivas de ser devoradas por un
oso, un leopardo, un jabalí, etc ... se recurrió a la espada, y
encargóse a un gladiador que las degollara. Las actas de los
mártires, fueron redactadas en su mayor parte por Santa Perpetua:
¨Todos los que fuisteis testigos de estos hechos os acordaréis de la
gloria del Señor - escribe el cronista -, y quienes los conozcáis
por este relato, os sentiréis en comunión con los santos mártires y,
por ellos, con Jesucristo, nuestro Señor, para quien son la gloria y
el honor¨.
En Alejandría, la escuela de Clemente fue perseguida, llevaron al
suplicio a varios catecúmenos, y Potamiana, muchacha cristiana, a la
que arrojaron junto a su madre a una caldera de betún ardiente.
Durante los últimos meses del reinado de Felipe, la muchedumbre
reaccionó brutalmente, y los cristianos fueron agredidos en las
calles o en sus casas, apaleados y lapidados. Apolonia, una joven
cristiana, fue golpeada hasta romperle la mandíbula y luego la
quemaron viva. Serapio, precipitado desde lo alto de su casa, ...
continuando el motín con pillaje de las casas cristianas.
250-260. Edictos de persecución de Decio: 250 - 253; y Valeriano:
257 y 258 - 260.
Martirio de San Cipriano: 258, ... y los mártires de Europa, Asia
Menor y África.
Fue en la época de Decio que la incertidumbre de los regímenes en
plena decadencia, sin el sentimiento de culpabilidad y de debilidad
que el heroismo de los mártires inscribiría en sus perseguidores, lo
que hizo se promulgara el edicto de persecución de 250 seguido por
los de Valeriano en el mes de agosto de 257 dictando un edicto
imperial contra la Iglesia, que prohibía el culto y la visita a los
cementerios cristianos obligando a sacrificar a los ídolos,
reforzando estas medidas de persecución con el nuevo edicto de 258.
El primero fue el Papa Sixto II, en Roma, sorprendido con su clero
en una cámara del cementerio del Pretextato, fue decapitado allí
mismo, en la catedral episcopal donde estaba sentado; su diácono
Lorenzo, fue torturado hasta la agonía y muerte, colocado en una
parrilla lo asaron vivo a fuego lento... En esta época se
trasladaron los cuerpos de San Pedro y San Pablo, del cementerio
Vaticano y la cripta de Lucina, en la Vía Ostiense, y fueron
depositados ad catacumbas en la Vía Appia para su seguridad.
Los cristianos, sacerdotes y laicos fueron deportados a las minas,
las celebraciones litúrgicas severamente castigadas, como la
historia del acólito en la catacumba de Calixto que fue ejecutado
inmediatamente, también las jóvenes Rufina y Secunda, de la alta
aristocracia, o la del grupo de fieles de la cripta de la Vía
Salaria que fueron sepultados vivos, etc...
En Pérgamo, el Obispo Carpo y sus compañeros fueron quemados en el
anfiteatro, y durante el martirio, una mujer del público, Agatónica,
se levantó de repente, gritó su fe cristiana e, inmediatamente, fue
arrojada a la misma hoguera.
San Dionisio, obispo de París, fue decapitado, con sus compañeros
Rústico y Eleuterio; San Saturnino, en Toulouse, fue atado a un toro
furioso al que se precipitó desde lo alto del Capitolio; ... En las
Galias, San Victoriano,en Puy de Dôme; San Privato, en Javols; San
Patroclo, en Troyes; San Poncio, en Cimiez; el sacerdote Hipólito,
en Porto ... En España, del Obispo de Tarragona, San Fructuoso, se
conoce el siguiente diálogo ante el gobernador de la provincia: ¿
Eres Obispo ? - Lo soy; - Lo fuiste; y sin más fue llevado a la
hoguera.
En Asia, los tres cristianos de Cesarea de Palestina: Malco,
Alejandro y Prisco, que se entregaron a los magistrados. En Lycia,
Paregorio y el asceta León. En Capadocia, el niño San Cirilo, ... En
Cartago, los cristianos eran llevados a las piras de fuego de aceite
ardiendo, sino eran muertos por linchamiento; San Lucio y San
Montano fueron decapitados por ser clérigos. En Utica, la massa
candida, el Obispo Cuadrato y sus fieles, que fueron arrojados a un
horno de cal viva, incluyó a toda la comunidad cristiana, con el
clero al frente.
Esmirna, el gran puerto de Asia, había de ser duramente castigado.
El sacerdote Pionio fue detenido con sus fieles, y después de
increparles, zanjó: ¡Sí, ya sé que la vida es dulce, pero nosotros
esperamos otra vida!. ¡Sí, la luz es bella, pero nosotros soñamos
con tener la verdadera luz!... Tu consigna es covencer o castigar.
No me puedes convencer, ¡castígame entonces!. El encarcelamiento en
el más infecto de los calabozos precedió a su suplicio, tendido
sobre un caballete lo desgarraron con garfios de hierro, y en la
arena del estadio clavado en un poste fue quemado entre gritos:
¡Tengo prisa de morir para despertarme cuanto antes en la
resurección!.
Egipto y Palestina fueron especialmente castigadas por las
persecuciones, fue entonces cuando se produjo el episodio de Marino,
oficial de las tropas palestinianas aspirante a centurión, que
obligado a sacrificar a los emperadores, se negó y fue decapitado.
San Cipriano, el gran Obispo de Cartago, en África, dejó una
narración de penosos hechos, fue desterrado a Curube, y al año
siguiente el Estado Mayor del procónsul lo devolvió a Cartago. ¨Tu
sabes - dijo el magistrado - que los santísimos emperadores han
ordenado que sacrifiques. - Sí - respondió el obispo-, pero no lo
haré.- ¡Ten cuidado!, ¡reflexiona!. Haz, pues, lo que se te ha
ordenado, pues es un asunto tan sencillo, verdaderamente que no hay
necesidad de deliberación. El acta martirial describe que el
magistrado inscribió en sus tabletas: Ordenamos que Tascio Cipriano
sea degollado, y la respuesta: ¡ Gracias a Dios !. La ejecución
ordenada en 258 llevóse a cabo en el campo de Sextio, y la multitud
increpaba: ¡ Queremos morir con él !, ¡Somos de Tascio Cipriano!, lo
enterraron después de decapitado en el cementerio de Mappala, en
Piscinas.
En los archivos no oficiales tenemos la impresión de que los
verdugos actuaron días y días liquidando a los mártires por
hornadas; así debió suceder según se observa en las cartas de San
Montano de África y sus compañeros mártires, que según relata el
cronista después de la pasión, las madres cristianas exclamaban:
¡Gloria!, ¡Gloria!, ¡Nadie tuvo un martirio tan hermoso!; o las de
Santiago y Mariano de Lambesa, cuyo relator se mostraba en estos
términos: ¿Qué pensáis de todo eso, paganos?. ¿Todavía creéis que
los sufrimientos de la prisión hagan sufrir de veras a los
cristianos y que basten las tinieblas de un calabozo para espantar a
quienes les aguarda la dicha de las luces eternas?. ¡Un alma
sostenida por la esperanza de la próxima gracia y que vive ya en el
Cielo por el espíritu, ni siquiera se percata de los suplicios con
los que vosotros la aniquiláis!. Nuestros hermanos consagrados a
Dios, tienen, día y noche, un apoyo: Cristo. Les siguieron tantos
otros, el tendero de Éfeso, que fue Máximo, el jardinero Conon, ...
Las actas martiriales muestran a multitudes turbadas por el
espectáculo de las torturas de los cristianos en Cirta y otras
muchas ciudades.
284-311. Diocleciano. Terrible y suprema persecución: 293-305.
Galerio, moribundo (311) renueva las medidas de persecución.
Constantino gobierna el Occidente. Persecución de Maximino Daia en
Oriente.
Martirios de Santa Inés, San Sebastián, San Cosme y San Damián,
Santa Catalina, San Ginés, San Mauricio y la legión tebana, ...
Preparóse el Edicto de Nicomedia que ordenaba el cese de las
asambleas cristianas, la demolición de las Iglesias, la destrucción
de los libros sagrados y la abjuración. Fue la última de las grandes
persecuciones, pero también la peor. En Arabia, mataban a hachazos.
En Capadocia, cortaban las piernas. En Mesopotamia, colgaban de los
pies, cabeza abajo, y los quemaban con hogueras, les cortaban la
nariz, las orejas y la lengua. En el Ponto, hundían bajo las uñas
cañas afiladas o les vertían plomo fundido. En Frigia y Palestina,
hasta los posos del suplicio a las cristianas por ser vírgenes se
las martirizaba, y pueblos cristianos fueron exterminados
íntegros....
En Italia, Santa Inés, virgen y mártir adolescente, condenada a ser
encerrada en un lupanar y decapitada; San Sebastián, tribuno de una
cohorte pretoriana acribillado por flechas; En Roma, el Papa
Marcelino; y en Sicilia, en Siracusa, Santa Lucía, cuya sangre
derramada aún se venera hoy en Nápoles ...
El Obispo de Sirmium, sobre el río Danubio, cuando fue detenido y
mientras le torturaban en el potro, el gobernador le repitió: ¡
Sacrifica de una vez !, y en medio de sus espantosos sufrimientos ,
respondió: ¿...Sacrificar...?. Estoy sacrificando a mi Dios, a quien
siempre lo sacrificaré todo; mientras la multitud le gritaba : ¡
Apiádate de tu juventud !.
Con la persecución de Diocleciano que prendió a su chambelán
cristiano, Doroteo, al Obispo Antino y a muchos sacerdotes y fieles
que perecieron entre horrorosas torturas, se enlazan tres nombres de
mártires que figuran en el canon de la Misa, los de San Cosme y
Damián, médicos de origen árabe, martirizados en Palestina, y el de
Crisógono, que pereció en Aquilea. Y también San Jorge, cristiano
que la tradición afirma rasgó el edicto de Nicomedia, proclamado
patrón de los soldados; San Blas, Obispo de Armenia; San Erasmo,
ermitaño del Líbano, martirizado en Campania; San Pantaleón, patrono
de los médicos. Santa Margarita de Antioquía, venerada por los
Cruzados; y Santa Catalina, joven estudiante de Alejandría, que la
hicieron despedazar por unas ruedas armadas de espadas, cuyo cuerpo
fue transportado al Sinaí donde se yergue el convento que lleva su
nombre.
Otros episodios de esta terrible y suprema persecución han
arraigado, tal sucede con la historia del martirio de la cristiana
de Egea de Cilicia cuando gritaba al gobernador: ¡... Deshonras a tu
madre y a tu esposa, tratándome así ...!; o con la tortura y muerte
de San Ginés.
En Palestina, de Cesarea, Afianos y Eclesios, dos estudiantes de la
Universidad de Beirut, cuando el gobernador iba a proceder al
sacrificio, Afianos le impidió derramar las libaciones rituales,
fueron detenidos, empapados en aceite ardiendo y arrojados al mar.
El Obispo africano Félix, intimidado a entregar los Libros Sagrados,
respondió al Juez: ¨Prefiero abrasarme, a dejar que quemen las
Sagradas Escrituras¨, y el diácono Hermes de Heraclea dijo: ¨Si el
éxito coronase tus despiadadas búsquedas, juez, si incluso llegases
a hacerte entregar todos nuestros Santos Libros y ya no quedase la
menor huella escrita de nuestra Santa Tradición en todo el Universo,
sabe que nuestros hijos, fieles a la memoria de sus padres y
animados del celo de su propia salvación, reharían pronto en mayor
número sus volúmenes y enseñarían con redoblado entusiasmo el
respeto y el temor del Señor¨. En Salónica, la joven Santa Irene,
cuyas dos hermanas habían sido ya martirizadas, declaró: ¨Preferimos
ser quemadas vivas, o sufrir todo lo que queráis, a entregar los
Libros¨.
Aún se conserva el archivo oficial de interrogatorio de las tres
hermanas Agapé, Chionia e Irene y de las otras cristianas de
Salónica que les acompañaron en el trance: ¿ Qué contestas tu, Agapé
? - Que creo en Dios vivo y que no abandonaré el camino verdadero. -
Y tú, Irene, ¿ por qué desobedeces a los Emperadores ? - Por temor
de Dios. - ¿ Y tú, Chionia, qué dices tú ? - Que creo en el Dios
vivo y que no he cometido ninguna impiedad. - ¿ Y tú, Casia ? - Que
quiero salvar mi alma. - ¿ No quieres, pues, sacrificar ? - No. - ¿
Y tú, Felipa ? - Lo mismo. - ¿ Qué quieres decir con ¨lo mismo¨? -
Que prefiero morir a comer víctimas ofrecidas a los ídolos. El
interrogatorio continúa así durante tres páginas.
En cuanto al célebre episodio de San Mauricio, de sus compañeros y
de sus soldados de la Legión Tebana, reclutada en su mayoría en
Egipto, y acampada en el Valais, en el alto Ródano, recibió la orden
de ir a ejecutar a unos cristianos de las Galias. Y como ella misma
estaba compuesta, en su mayoría, de cristianos, exhortada por sus
jefes, Mauricio, Exuperio y Cándido, negóse a obedecer. Fue diezmada
por dos veces, pero perseveró en su rebeldía y fue enteramente
aniquilada. Y también como los ¨cuarenta soldados mártires¨ que
murieron en Armenia tras haberlos expuesto en pleno invierno sobre
un lago helado, y cuya suprema carta colectiva poseemos.
Galerio ordenó la depuración de los mandos cristianos. En Tevesta,
allá en Numidia, el recluta Maximiliano, se había proclamado objetor
de conciencia; en Tánger, el Centurión Marcelo, en medio del
banquete de aniversario del Emperador, arrojó su cinturón e insultó
a los ídolos; ambos fueron ejecutados.
Con Maximino Daia, en Palestina, la pasión de San Pánfilo, sacerdote
y doctor; en Egipto, la muerte del Obispo Fileas, de muchos jóvenes
y doncellas que también eran marcados con hierro candente y llevados
a las canteras tebanas o entregadas a la prostitución, y de Filoromo,
oficial convicto de las tropas romanas que fue decapitado por orden
del Prefecto; Metodio, Obispo de Patarea; el Obispo Silvano, de
Emesis; y el exégeta Luciano, de Antioquía; etc ...
306-337. Fundación de Constantinopla. Edicto de Milan (313).
Teodosio: 378-395. Decreto de 380 que convierte al Cristianismo en
la religión oficial.
¿Cuántas historias seguirán en el anonimato hasta que - como leemos
en el Apocalipsis - el Cordero rompa el quinto sello? (Ap 6:9).
Anexo.
Debemos observarles de las cartas de la Iglesia de Esmirna, de Viena
y Lyon que se trata de archivos no-oficiales realizados por,
testigos presenciales, o al menos contemporáneos que anotaban el
testimonio de aquellos, tales como el "Martyrium S. Polycarpi" ... A
éstos debe agregarse la "Epistola Ecclesiarum Viennensis et
Lugdunensis", contando la historia de los mártires de Lyon.
La lectura pública de los Acta en las iglesias ofrecería
naturalmente, una garantía de su autenticidad; ... costumbre
adquirida ciertamente en Africa, por el Tercer Concilio de Cartago
(canon XLVII)... Había también un intercambio de los Acta entre las
diferentes Iglesias, como observamos, por el "Martyrium S. Polycarpi"
y la "Epistola Ecclesiæ Viennensis et Lugdunensis".
Extracto de las "Actas selectas de los mártires" Págs. 31-41, Ed.
Apostolado Mariano, C/ Recaredo 44, 41003 Sevilla. Sevilla 1991
A) CARTA DE LA IGLESIA DE ESMIRNA, QUE RELATA EL MARTIRIO DE SU
OBISPO POLICARPO Y SUS COMPAÑEROS MÁRTIRES.
En Esmirna el año 155 d.c.
La Iglesia de Dios, establecida en Esmirna, a la Iglesia de Dios,
establecida en Filadelfia, y a todas las partes de la Iglesia santa
y católica extendida por todo el mundo; que la misericordia, la paz
y el amor de Dios Padre y Nuestro Señor Jesucristo sobreabunde en
vosotras.
Os escribimos relatándoos el martirio de nuestros hermanos, y, en
especial, del bienaventurado Policarpo, quien, con el sello de su
fe, puso fin a la persecución de nuestros enemigos. Todo lo sucedido
fue ya anunciado por el Señor en su Evangelio, en el cual se halla
la regla de conducta que hemos de seguir. Según, El, por su
permisión, fue entregado y clavado en la cruz para salvarnos. Quiso
que le imitáramos, y El fue el primero de entre los justos que se
puso en manos de los malvados, mostrándonos de ese modo el camino
que habíamos de seguir, y así, habiéndonos precedido El, no
creyéramos que era demasiado exigente en sus preceptos. Sufrió El el
primero lo que nos encargó a nosotros sufrir. Se hizo nuestro
modelo, enseñándonos a morir, no sólo por utilidad propia, sino
también por la de nuestros hermanos. El martirio, a aquellos que le
padecen, les acarrea la gloria celestial, la cual se consigue por el
abandono de las riquezas, los honores e incluso los padres. ¿Acaso
tendremos por demasiado el sacrificio que hacemos a tan piadoso
Señor, cuando sabemos que sobrepuja con creces lo que El hizo por
sus siervos, a los que éstos pueden hacer por El?. Por tanto, os
vamos a narrar los triunfos de todos nuestros mártires, tal como nos
consta que tuvieron lugar, su gran amor para con Dios y su paciencia
en soportar los tormentos. ¿Quién no se llenará de admiración al
considerar cuán dulces les eran los azotes, gratas las llamas del
eculeo, amable la espada que los hería y suaves las brasas de las
hogueras?. Cuando corriendo la sangre por los costados, con las
entrañas palpitantes a la vista, tan constantes estaban en su fe,
que aunque el pueblo conmovido no podía contener las lágrimas ante
tan horrendo espectáculo, ellos solo estaban serenos y tranquilos.
Ni siquiera se les oía un gemido de dolor; y así como habían
aceptado con alegría los tormentos, del mismo modo los toleraban con
fortaleza. A todos los asistía |
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