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Predicador del Papa:
¿Por qué comulgar frecuentemente?
CIUDAD DEL
VATICANO, viernes, 4 marzo 2005 - Cristo está en nosotros y nosotros
en Él, un efecto eucarístico --«quien come el cuerpo y bebe la
sangre de Cristo se encuentra unido y mezclado con Él»-- que lleva a
una urgente exhortación a la comunión frecuente, recordó este
viernes en su reflexión el predicador de la Casa Pontificia.
Juan Pablo
II, ingresado por octavo día en el Policlínico Gemelli de Roma, se
vio obligado a faltar a esta meditación, otra de las que cada año,
durante cuatro viernes de Cuaresma, le ayudan junto a sus
colaboradores a prepararse para la Pascua.
Cardenales,
arzobispos, obispos, prelados de la familia pontificia, de la Curia
romana y del Vicariato de Roma, superiores generales o procuradores
de órdenes religiosas parte de la capilla pontificia, fueron
invitados a la Capilla «Redemtoris Mater» del Palacio Apostólico del
Vaticano, donde en el marco del Año de la Eucaristía convocado por
el Santo Padre, el padre Raniero Cantalamessa OFMcap abordó la
segunda de sus predicaciones cuaresmales, una continuación de la
reflexión del himno eucarístico «Adoro te devote» que propuso en
Adviento y que reanudó el viernes pasado.
En la
quinta estrofa --teológicamente «la más densa de todo el himno»--
«¡Memorial
de la muerte del Señor! / Pan vivo que das vida al hombre: / concede
a mi alma que de Ti viva / y que siempre saboree tu dulzura»-- se
resume la visión eucarística paulina --«memorial de la muerte del
Señor» (1Co 11,24; Lc 22,19)-- y joánica --la Eucaristía como «pan
vivo» (Jn 6,30 ss)--, aclara el padre Cantalamessa haciendo una
síntesis de su predicación.
De tal
forma que la Eucaristía es «presencia de la encarnación y memorial
de la Pascua», puntualiza.
«La
perspectiva paulina acentúa la idea de sacrificio y de inmolación,
haciendo de la Eucaristía el anuncio de la muerte del Señor y el
cumplimiento de la Pascua --explica--: "Cada vez que coméis este pan
y bebéis este cáliz, anunciáis la muerte del Señor" (1Co 11,26) y
"Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado" (1Co 5,7)».
Mientras
que, siguiendo al predicador del Papa, «la perspectiva joánica
acentúa la idea de la Eucaristía como banquete y como comunión: "Mi
carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida" (Jn 6,55)».
«Una
explica la Eucaristía a partir del misterio pascual, otra a partir
de la encarnación; si de hecho la carne de Cristo da la vida al
mundo es porque "el Verbo se hizo carne" (Jn 1,14) --prosigue el
padre Cantalamessa--. Están reconciliadas entre sí las dos
dimensiones de la Eucaristía como sacrificio y como sacramento, no
siempre fáciles de tener juntas».
Las dos
visiones de la Eucaristía, la paulina --«centrada en el misterio
pascual»-- y la joánica --«centrada en la encarnación del Verbo»--,
«dieron lugar desde la antigüedad a dos teologías y dos
espiritualidades eucarísticas distintas y complementarias: la
alejandrina y la antioquena», recuerda.
«La visión
alejandrina de la Eucaristía --continúa el predicador de la Casa
Pontificia-- está estrechamente ligada a un cierto modo de entender
al encarnación y es como su corolario: "Y el Verbo se hizo carne: no
dijo que se ha hecho en la carne, sino, repetidamente, que se ha
hecho carne, para demostrar su unión... Así que quien come la santa
carne de Cristo tiene la vida eterna: la carne tiene, de hecho, en
sí misma el Verbo, que es Vida por naturaleza"».
«Todo aquí
asume un carácter extremadamente concreto y realista --constata el
padre Cantalamessa--. Quien come el cuerpo y bebe la sangre de
Cristo viene a hallarse "unido y mezclado en Él, como cera unida a
cera". Como la levadura hace fermentar toda la masa, así una pequeña
porción de pan eucarístico llena todo nuestro cuerpo de la energía
divina. Él está en nosotros y nosotros en Él, como la levadura en la
masa y la masa en la levadura. Gracias a la Eucaristía nos hacemos
"corpóreos" de Cristo».
«La
consecuencia práctica de todo ello es una urgente exhortación a la
comunión frecuente», alerta el predicador del Papa.
De la
visión joánica podemos valorar «otros elementos que mientras tanto
se han hecho de gran actualidad» --propone--, como «la insistencia
sobre el servicio que impulsa al evangelista Juan a situar el
lavatorio de los pies donde los sinópticos ponen la institución de
la Cena», o resaltar «el papel del Padre en la Eucaristía»: «"No fue
Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el
verdadero pan del cielo", dice Jesús a los judíos (Jn 6,32)».
En la
perspectiva antioquena la Eucaristía es presentada «en su aspecto de
sacrificio»; es vista «como memorial de un evento, la muerte y
resurrección de Cristo». «Todo está centrado en el misterio
pascual», apunta.
«Nosotros
podemos hoy completar y actualizar también esta segunda visión
patrística de la Eucaristía a la luz de la doctrina del cuerpo
místico y del sacerdocio universal de todos los bautizados», invita
el padre Cantalamessa.
«La
doctrina del cuerpo místico --recuerda-- nos asegura que, en la
Misa, la Iglesia no es sólo la que ofrece el sacrificio, sino
también la que se ofrece en sacrificio junto a su cabeza»; «a su
vez, la verdad del sacerdocio universal permite extender esta
participación a todos los fieles, no sólo a los sacerdotes».
Finalmente,
«tan sencilla como profunda», la conclusión orante de esta estrofa
--«concede
a mi alma que de Ti viva»-- encierra por su parte un «valor causal y
final», tanto de «proveniencia como de destino», observa el padre
Cantalamessa.
«Significa
--dice-- que quien come el cuerpo de Cristo vive "desde" Él, esto
es, a causa de Él, en fuerza de la vida que proviene de Él», pero
también vive «en vista de Él, por su gloria, su amor y su Reino».
Mientras
que el último verso nos hace pedir «saborear la dulzura» de Cristo.
Y es que «la Eucaristía ha sido siempre uno de los lugares
privilegiados de la experiencia mística», reconoce el padre
Cantalamessa.
«El texto
que mejor resume» «esta dulzura de la Eucaristía es la antífona al
Magnificat de las Vísperas de la fiesta del Corpus Domini: "O qual
suavis est Dominus espiritus tuus": "¡Qué bueno es, Señor, tu
espíritu! Para demostrar a tus hijos tu ternura, les has dado un pan
delicioso bajado del cielo, que colma de bienes a los hambrientos y
deja vacíos a los ricos hastiados"», concluye. |