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Mensaje de Juan Pablo
II para el Vía Crucis del Coliseo
«Yo
también ofrezco mis sufrimientos para que el diseño de Dios se
realice»
CIUDAD DEL
VATICANO, viernes, 25 marzo 2005 - Mensaje de Juan Pablo II que fue
leído al comenzar el Vía Crucis en la noche de este Viernes Santo en
el Coliseo de Roma.
* * *
Queridos
hermanos y hermanas:
Estoy
espiritualmente con vosotros en el Coliseo, un lugar que me suscita
tantos recuerdos y emociones para vivir el sugerente rito del Vía
Crucis en esta noche del Viernes Santo.
Me uno a
vosotros en esa invocación tan densa de significado: «Adoramus te,
Christe, et benedicimus tibi, quia per sanctam crucem tuam redemisti
mundum». Sí, adoramos y bendecimos el misterio de la cruz del Hijo
de Dios, pues precisamente de esa cruz ha surgido una nueva
esperanza para la humanidad.
La
adoración de la Cruz nos invita a un compromiso del que no podemos
sustraernos: la misión que san Pablo expresaba con las palabras
«completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en
favor de su Cuerpo, que es la Iglesia» (Colosenses 1, 24). Yo
también ofrezco mis sufrimientos para que el diseño de Dios se
realice y su palabra camine entre las gentes. También estoy cerca de
cuantos, en este momento, están probados por el sufrimiento. Rezo
por cada uno de ellos.
En este día
memorial de Cristo crucificado contemplo y adoro con vosotros la
Cruz y repito las palabras de la liturgia: «O crux, ave spes unica!».
¡Salve, Cruz, esperanza única, danos paciencia y valentía y alcanza
la paz para el mundo!
Con estos
sentimientos, os bendigo a todos vosotros y a cuantos participan en
este Vía Crucis a través de la radio o la televisión.
Vaticano,
25 de marzo de 2005
IOANNES
PAULUS II |