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El papel de la religión
en la política internacional
ROMA - El mensaje de Juan Pablo II para la
reciente Jornada Mundial de la Paz contenía una sombría descripción
de la situación actual. «Al contemplar la situación actual del mundo
no se puede ignorar la impresionante proliferación de múltiples
manifestaciones sociales y políticas del mal: desde el desorden
social a la anarquía y a la guerra, desde la injusticia a la
violencia y a la supresión del otro», escribía el Papa en el número
3 del mensaje.
Como respuesta, el Santo Padre pedía una
renovación del «el patrimonio común de valores morales recibidos
como don de Dios». El Papa recordó su discurso de 1995 ante las
Naciones Unidas en el que se refería a una «gramática» de la ley
moral universal que une a todos los humanos a pesar de sus
diferencias culturales. En el mensaje para la Jornada de la Paz de
este año, Juan Pablo II pedía un «compromiso y responsabilidad
incluso mayor» por esta gramática.
El papel de los valores morales en el mundo de
hoy también fue tratado en una colección reciente de textos del
Consejo Pontificio Justicia y Paz, titulada «Justicia y Paz: un
Desafío siempre Presente». Comentando el papel de la doctrina social
cristiana, el secretario del consejo, el obispo Giampaolo Crepaldi,
presentaba dos caminos a través de los cuales los cristianos pueden
hacer sentir su presencia en la sociedad: el testimonio personal y
el planteamiento de un auténtico humanismo.
Monseñor Crepaldi explicaba que la esperanza de
la Iglesia es que la enseñanza de la doctrina social «ayudará a
producir auténticos creyentes y les inspirará para ser testigos
creíbles, capaces de cambiar los mecanismos de la sociedad moderna
por su forma de pensar y actuar».
También insistía en la renovación de aquellas
estructuras que paralizan o tuercen el desarrollo social y la
justicia. «La lógica evangélica del amor debe incorporarse a la
lógica humana y racional de la economía, de la política y de la
sociedad».
Superar la pobreza
Una parte importante de la tarea de implantar
esta «lógica del amor» es el esfuerzo por asegurar la justicia
económica y ayudar a los pobres. El papel de la moralidad en la
lucha contra la pobreza se examinaba en un reciente libro, «Mind,
Heart and Soul in the Fight Against Poverty» (Mente, Corazón y Alma
en la Lucha contra la Pobreza). La obra, editada y publicada por el
Banco Mundial, se basa en los esfuerzos de un equipo compuesto por
personas de dentro y de fuera de la agencia de Naciones Unidas.
El libro observa que las organizaciones
confesionales «juegan un importante papel en muchas esferas del
desarrollo», pero sostiene que, en el pasado, no se ha prestado
suficiente atención a su papel. En parte se debe a que la
preocupación primaria de «los líderes e instituciones confesionales»
es el bienestar espiritual, mientras que las instituciones de
desarrollo se enfocan a preocupaciones materiales. Además, muchas
instituciones públicas funcionan sobre la presunción subyacente de
la separación entre iglesia y estado.
Esta línea divisoria se ha reducido en los
últimos años, debido a la preocupación común por temas relacionados
con la globalización y el problema de superar la persistente
pobreza. Un acontecimiento importante para unir ambas partes fue el
papel jugado por las organizaciones religiosas en la campaña por la
condonación de la deuda antes del Jubileo del Año 2000. Sin embargo,
el libro reconoce que existen «agudas diferencias» entre las
instituciones religiosas y las de desarrollo en algunos temas.
Al referirse al título del libro, el capítulo
introductorio explica que, aparte de aportar los recursos de la
mente para llevar a cabo la lucha contra la pobreza, también es
necesario el corazón, fuente de la pasión y el compromiso que
conduce tanto a las instituciones religiosas como a las de
desarrollo. El alma, una dimensión no siempre considerada por las
instituciones seculares, puede ser de utilidad puesto que las
enseñanzas y tradiciones religiosas ofrecen unas nuevas
perspectivas. El Banco Mundial también observa que muchos de los
valores de la Declaración Universal de Derecho Humanos están
contenidos en las enseñanzas religiosas.
Política exterior
Aunque las organizaciones religiosas tienen
muchos valores en común a la hora de poner las ideas en práctica,
hay también múltiples puntos de vista sobre cómo tratar el problema,
explica el libro. La experiencia de las organizaciones religiosas
también varía ampliamente de un país a otro, especialmente sobre sus
relaciones con las autoridades gubernamentales.
Parte del libro considera los esfuerzos de las
organizaciones religiosas para tratar el problema del VIH/Sida en
África. El Banco Mundial reconocía que la mayoría de las
organizaciones de trasfondo religioso se oponen a la utilización del
condón, pero también reconocía que estas organizaciones han jugado
un papel vital a través de su cuidado de los enfermos y la promoción
de la abstinencia y la fidelidad.
El estudio concluye que lograr las metas de
desarrollo para los próximos años es un proceso complejo y arduo.
«Es posible un enorme progreso en estas metas, pero debemos
movilizar la energía de la fe y de la autoridad moral a nivel
mundial si esperamos hacerlo realidad», indica el libro.
Un tema ampliamente debatido en los últimos
tiempos es la relación entre fe y política exterior. Este tema ha
sido tratado en otro libro reciente, «Liberty and Power: A Dialogue
on Religion and U. S. Foreign Policy in an Unjust World» (Libertad y
Poder: un Diálogo sobre la Religión y la Política Exterior USA en un
Mundo Injusto). La introducción observa que la oposición al papel de
la religión en los asuntos internacionales proviene de un doble
miedo: que introducir la fe sólo ofuscará el debate; y que la
religión ha sido utilizada en ocasiones, y todavía lo es, como una
excusa para la violencia.
Pero en su contribución al volumen, el padre J.
Bryan Hehir, antiguo presidente de las Organizaciones Caritativas de
Estados Unidos y actualmente profesor en la Universidad de Harvard,
defiende que hay un creciente consenso en el hecho de que excluir la
religión del orden político sólo «lleva a una concepción
distorsionada de la política mundial contemporánea». Se debe dar la
debida atención y peso al significado público y social de la
religión, continúa.
El padre Hair explica que la tradición religiosa
tiene mucho que ofrecer a los actuales debates sobre materias tales
como cuándo se justifica la intervención militar y cómo tratar los
problemas humanitarios. Sea por la perspectiva de derechos humanos
contenida en las últimas encíclicas, o por las ideas de siglos
contenidas en la ética de la guerra justa, la religión tiene un
valioso punto de vista, afirma.
Luchar contra el terrorismo
Por el contrario, Michael Walzer, un profesor de
la Universidad de Princeton y autor de muchos escritos sobre la
guerra justa y sobre teoría política, prefiere hablar sobre
moralidad en política exterior. Afirmaba que una política exterior
basada sobre la fe podría ser una mala idea porque la fe suele
llevar al dogma y a la certeza, que pueden a su vez eliminar la
moralidad.
Una política exterior moral, continuaba Walzer,
debería basarse en cuatro proposiciones:
--Proteger las vidas de los ciudadanos.
--No infringir daño a los ciudadanos de otros
estados.
--Ayudar a los ciudadanos de otros estados,
cuando sea posible, a evitar o a escapar «de los crímenes y
desastres de la vida colectiva».
--Ayudar a los ciudadanos de otros estados,
cuando quieran ser ayudados, a construir sistemas políticos decentes
y no represivos.
En su aportación, Louise Richardson de la
Universidad de Harvard consideraba el papel que juega la religión en
las organizaciones terroristas. Advertía que es crucial evitar
clasificar a los terroristas religiosos como «un masa indiferenciada
de fanáticos religiosos». Entender y combatir estos grupos requiere
una comprensión detallada de quiénes son y cuáles son sus
motivaciones.
Para luchar contra el terrorismo, Richardson
argumentaba a favor de seguir los principios éticos y concentrarse
en movilizar a la gente de todas las tradiciones religiosas en un
esfuerzo por negar a los terroristas cualquier base efectiva de
apoyo entre la población.
El tema del mensaje de este año para la Jornada
Mundial de la Paz está tomado de la carta de San Pablo a los
Romanos: «No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal
con el bien» (Romanos 12:21). Un recordatorio útil del papel
positivo que pueden jugar los valores en los asuntos
internacionales. |