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El Año de la Eucaristía
y la pastoral de los niños
CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 24 enero 2005 - El
prefecto de la Congregación vaticana para el Clero (www.clerus.org),
el cardenal Darío Castrillón Hoyos, recuerda a los sacerdotes el
deber de «cuidar ante todo a los niños como los primeros
destinatarios» de la Eucaristía en una carta que les dirige en el
marco del Año de la Eucaristía y que el dicasterio difundió el
sábado pasado.
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El año de la eucaristía y la pastoral de los
niños
Ciudad del Vaticano, 8 de Enero de 2005
Queridos sacerdotes,
Me dirijo a vosotros que, a través del correo
electrónico, estáis conectados con nuestra pagina de Internet
www.clerus.org, y que os ofrece documentación específica para la
formación permanente; sobre todo gracias a las vídeo-conferencias
internacionales de índole teológico, organizadas por la Congregación
para el Clero, que ya venimos teniendo por más de tres años, y que
toca temas que os conciernen de cerca.
Querría agradecer en este tiempo que sigue
inmediatamente después de Navidad, a vosotros párrocos que, en este
año especial de la Santa Eucaristía, os dedicáis aún más a vivir y
testimoniar este misterio eucarístico en vuestras parroquias.
"Haced esto en memoria mía" nos ha dicho Jesús, y
nosotros, a través del ejercicio de nuestro ministerio, podemos
ofrecer cada día su Cuerpo y su Sangre sacramentalmente presente
sobre el altar, y poder exclamar: "El Verbo se hizo Carne y ha
venido a habitar entre nosotros" (Jn. 1, 14).
El tiempo de Navidad ha sido un tiempo dedicado
especialmente a los niños. En efecto, el Dios encarnado, el
Emmanuel, se nos aparece con el rostro de Niño; y Jesús, cuando sea
adulto, nos dirá que el camino para entrar en el Reino de los Cielos
pasa por el corazón de un niño: "si no os hiciereis como niños no
entraréis en el Reino de los Cielos" (Mt. 18, 3).
Precisamente en el Ángelus del pasado 6 de Enero,
solemnidad de la Epifanía del Señor, una vez más el Santo Padre
afirmó la importancia de los pequeños en la Iglesia, diciendo que:
"los niños son el presente y el futuro de la Iglesia. Tienen un
papel activo en la evangelización del mundo, y con sus oraciones
contribuyen a salvarlo y a mejorarlo."
Cómo no pensar entonces de modo especial, en este
año de la Eucaristía, en los niños: ellos que frecuentan nuestras
parroquias y que son los primeros destinatarios de la catequesis.
¡Los acogemos, antes que nada, a la Pila Bautismal, cuando vienen
acompañados de su familia; después los encontramos más
frecuentemente en la parroquia, para participar en los cursos de
catecismo en preparación a la Primera Comunión!
Un gran Papa canonizado por la Iglesia, San Pío
X, dedicó precisamente a los niños no poca atención y esfuerzo
pastoral. El 8 de Agosto de 1910 venía emanado el Decreto "Quam
Singulari" , a través del cual, el Santo Padre Pío X, establecía que
se pudiera admitir a los niños a la Primera Comunión desde la edad
de siete años.
Fue aquello un evento muy importante para la
pastoral de los niños, pues sin necesidad de esperar más tiempo,
podían acercarse así a la Comunión Eucarística después de haber
recibido en sus parroquias la debida preparación que les permitía
aprender los primeros elementos fundamentales de la fe cristiana. De
hecho, ya en aquel tiempo se había situado la edad de la discreción
alrededor de los siete años, cuando el niño podía ya distinguir el
pan común del Pan Eucarístico, verdadero Cuerpo de Cristo.
Junto con San Pío X, muchos estamos convencidos
que esta praxis de permitir a los niños a la Primera Comunión desde
la edad de siete años, trae a la Iglesia grandes gracias del Cielo.
Además, no hay que olvidarse que en la Iglesia primitiva, el
sacramento de la Eucaristía se administraba a los recién nacidos,
enseguida después del Bautismo, bajo las especies de pocas gotas de
vino.
Permitir que los niños puedan recibir cuanto
antes posible a Jesús Eucarístico, había sido por muchos siglos uno
de los firmes cimientos de la pastoral para los más pequeños en la
Iglesia; costumbre que fue restablecida por San Pío X en su tiempo,
que ha sido alabada por sus Sucesores, y aún más veces por nuestro
Santo Padre Juan Pablo II.
El canon 914 ha acogido plenamente el pensamiento
del Pontífice: "Los padres, en primer lugar, y quienes hacen sus
veces, así como también el párroco, tienen obligación de procurar
que los niños que han llegado al uso de razón se preparen
convenientemente y se nutran cuanto antes, previa Confesión
sacramental, con este alimento divino."
El Santo Padre ha vuelto recientemente sobre
aquella decisión de San Pío X con palabras de admiración; lo ha
hecho en su libro "¡Levantaos! ¡Vamos!": "Un testimonio conmovedor
de amor pastoral por los niños la dio mi predecesor san Pío X con su
decisión sobre la Primera Comunión. No solamente redujo la edad
necesaria para acercarse a la Mesa del Señor, de lo que yo mismo me
aproveché en mayo de 1929, sino que dio la posibilidad de recibir la
comunión incluso antes de haber cumplido los siete años si el niño
muestra tener suficiente discernimiento. La Sagrada Comunión
anticipada fue una decisión pastoral que merece ser recordada y
alabada. Ha producido muchos frutos de santidad y de apostolado
entre los niños, favoreciendo que surgieran vocaciones sacerdotales"
(Juan Pablo II "¡Levantaos! ¡Vamos!" Plaza Janés. Barcelona, 2004,
p. 97).
Nosotros sacerdotes, llamados por Dios a
custodiar el Santo Sacramento del altar en unión a nuestros Obispos,
podemos y debemos cuidar ante todo a los niños como a los primeros
destinatarios de este don inmenso: la Eucaristía, que Dios ha puesto
en nuestras frágiles manos de arcilla, sobre nuestras manos
consagradas.
Creo que es una de las más grandes alegrías para
el párroco aquella de escuchar la Primera Confesión de los niños, y
luego, hacerles recibir la Primera Comunión; y viene espontáneamente
a la mente la certeza de que cuanto más pequeños son, más digna será
la acogida del corazón a Cristo sacramentado. En efecto, cuando la
mente del niño llega a la edad en que comienza a razonar
y hoy esta edad llega pronto ? está abierta y
disponible a la acogida de la luz divina, que les hace penetrar
hasta dónde es posible, el misterio del amor de Dios para el hombre.
Luego la fe se levanta sobre la razón, y esta fe
que a menudo la hemos experimentado precisamente
en nuestras parroquias es tan viva en los
niños que ellos son capaces, a veces mejor que nosotros, de expresar
con la oración inmediata, su cercanía al Señor.
Confiamos, por lo tanto, que esta santa
costumbre, recordada por todos los últimos Papas, de hacer acercar a
los niños pequeños a la Santa Eucaristía, después de haber hecho su
Primera Confesión, sea cada vez más estimada y dentro de lo posible
seguida, particularmente en este Año de la Eucaristía. Recemos para
que la caridad pastoral sea la fuerza de todo párroco ávido de
animar la pastoral parroquial, en unión a su Obispo, en sintonía y
en colaboración con las familias y los educadores de los niños; para
que el amor por la Santísima Eucaristía sea transmitido desde la más
tierna edad, y el deseo de recibir el Cuerpo de Cristo se convierta
en el camino más seguro para asegurar un futuro de paz y santidad,
no sólo al creyente sino a la entera comunidad cristiana.
En unión de oración y de trabajos pastorales, os
saluda dev.mo en Cristo,
Darío Card. Castrillón Hoyos
Prefecto de la Congregación para el Clero
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