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Obispos de Venezuela:
«Diálogo y perdón para la paz»
Al
término de su 83ª Asamblea Ordinaria
CARACAS, jueves, 13 enero 2005.- Exhortación
difundida el miércoles por los prelados de Venezuela al término de
los trabajos de su 83ª Asamblea Ordinaria -Montalbán (Caracas), 7 a
12 de enero--.
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EXHORTACIÓN
DIALOGO Y PERDÓN PARA LA PAZ
1.- Al comienzo de un nuevo año, los Arzobispos y
Obispos de Venezuela, con clara conciencia de ser Pastores del
Pueblo de Dios, saludamos con afecto a todos los fieles católicos y
a todos los hombres y mujeres que conviven y esperan en este hermoso
país.
2.- En el año 2005 viviremos importantes
acontecimientos dentro de la vida eclesial. El Santo Padre Juan
Pablo II lo ha declarado Año de la Eucaristía, para que los
católicos participando activa y fructuosamente en este sacramento,
fortalezcamos nuestra identidad cristiana y asumamos el compromiso
de la transformación de nuestra sociedad. Y nosotros, los Obispos de
Venezuela, lo hemos declarado Año de las Vocaciones Sacerdotales y
Religiosas con el objeto de avivar en el pueblo cristiano la
conciencia de la necesidad de tener pastores que hagan presente a
Jesucristo en la comunidad por la Palabra y la celebración de los
Sacramentos. Concluiremos la fase celebrativa del Concilio Plenario,
luz que guiará la acción pastoral de nuestra Iglesia en las próximas
décadas. Celebraremos los Ciento Cincuenta años de la proclamación
del Dogma de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María.
Se cumplen en el venidero diciembre cuarenta años de la Clausura del
Concilio Ecuménico Vaticano II, el acontecimiento religioso
cristiano más importante del Siglo XX.
3.- Los Obispos, individual y colectivamente,
somos pastores cuya misión fundamental es de carácter religioso,
espiritual y pastoral. Nuestra tarea esencial, irrenunciable y que
no puede verse opacada, es la de encaminar y acompañar a hombres y
mujeres en su itinerario hacia Dios. “El gozo y la esperanza, la
tristeza y la angustia de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo
de los pobres y de todos los afligidos, son también gozo y
esperanza, tristeza y angustia de los discípulos de Cristo y no hay
nada verdaderamente humano que no tenga resonancia en su corazón”
(1). Como pastores y maestros somos políticamente independientes,
pero no indiferentes, con la obligación ética de hacernos un juicio
a la luz de Evangelio y del rico magisterio de la Iglesia en materia
social y pronunciarnos sobre los aspectos más trascendentes,
controvertidos e influyentes en el presente y el futuro de la
patria. Nuestros pronunciamientos, en ningún momento, los hacemos
buscando una cuota de poder o queriendo favorecer una determinada
parcialidad u opción política. Nuestro horizonte es, y será siempre,
el bien común, concreción del mandamiento supremo del Amor. Así
cumplimos nuestra misión específica de representar a Jesucristo,
Señor de la historia y Buen Pastor, que no abandona a su rebaño,
sino que lo custodia y lo protege siempre (2).
PANORAMA INQUIETANTE
4.- Los venezolanos no hemos logrado alcanzar, en
los últimos años, grandes consensos, elemento que define el sistema
democrático y conduce a la convivencia en paz y a la solución de los
acuciantes problemas del país. Por el contrario, han ido en aumento
la confrontación, la polarización y el revanchismo, y no se aprecian
pasos que indiquen la superación de estas actitudes y de la
exclusión que ellas producen en nuestra sociedad. Tanto las personas
afectas al actual Gobierno como aquellas que lo adversan, no han
trabajado suficientemente en la búsqueda de la reconciliación y la
paz; y si bien en democracia el tono debe darlo quien ejerce la
autoridad, la responsabilidad de la convivencia es de todos los
ciudadanos.
5.- El gobierno ha realizado un significativo
esfuerzo por dar respuestas directas e inmediatas a la problemática
socio-económica de los sectores más empobrecidos a través de
diferentes programas llamados “Misiones”. Hay quienes han aplaudido
sus bondades por la atención dedicada a sectores normalmente no
tenidos en cuenta y por la oportunidad de superación ofrecida a
muchas personas, lo que eleva su autoestima, amplía sus expectativas
y genera esperanza. Pero también hay otros que han presentado
críticas a dichos programas por el sesgo clientelar que los ha
caracterizado; por su desarrollo al margen de programas similares
establecidos por los distintos Ministerios; por apreciaciones que
ponen en tela de juicio su validez técnica o prevén dificultades de
continuidad, lo que puede engendrar frustraciones. La voluntad de
reforzar las bondades y disminuir sus limitaciones acercaría las
posiciones contrapuestas y abriría mayores posibilidades de éxito en
bien de los más necesitados.
6.- Los Obispos sentimos gran preocupación por la
aprobación de leyes con carácter decididamente punitivo que además
entran en contradicción con el espíritu de los principios y derechos
consagrados en la Constitución y en los tratados internacionales
suscritos por el Estado Venezolano y que amenazan la libertad
ciudadana, con la aplicación arbitraria de esas leyes. Una sociedad
en la que se restrinja, aunque sea legalmente, la libertad de
opinión y el disenso, y en la que se imponga, sin más, la decisión
tajante de la mayoría, sin dejar espacio al intercambio y conjunción
de propuestas, cierra prácticamente el camino a la verdad, que no es
monopolio de ningún sector en particular. En este sentido se señala
a la reforma parcial del Código Penal como un retroceso en materia
de derechos humanos y como instrumento de intimidación a la
disidencia política y cívica.
7.- Otro preocupante elemento en el panorama
nacional es el que se deriva del protagonismo casi exclusivo del
Poder Ejecutivo en la gestión del Estado. Se percibe una excesiva
concentración de poder, bajo el dominio de un Gobierno en el que
pareciera diluirse la autonomía de los Poderes Públicos, lo que ha
creado una progresiva distorsión y hasta pérdida de la
institucionalidad. Son, de hecho, frecuentes las situaciones que
reflejan la injerencia de un poder sobre otro. La conformación de
estos poderes ha sido muchas veces resultado de la imposición
exclusiva de una sola tendencia política, sin dar cabida a las
minorías. Esto es altamente perjudicial para una democracia que, por
naturaleza exige junto a poderes públicos autónomos y libres de
presiones en sus ejecutorias, una oposición responsable y crítica.
De lo contrario, se correría el peligro del abuso del poder y se
abrirían las puertas a una dictadura bajo la apariencia de
legalidad.
RECOMENDACIONES Y PROPUESTAS
8.- Nuestra historia, pasada y reciente, se ha
visto plagada de actuaciones y actitudes que desembocaron en
situaciones insostenibles, obstaculizaron la convivencia ciudadana y
oscurecieron el horizonte de la vida democrática y de bienestar
social. No saldremos de estos problemas si conservamos las mismas
actitudes e igual mentalidad. Se impone un cambio real que vaya más
allá de las condiciones favorables o desfavorables y que llegue a lo
esencial de las personas, su dignidad, y a lo esencial de la
sociedad, el bien común. La Palabra de Dios nos trae el mensaje del
“hombre nuevo”, “creado en justicia y santidad” (Ef. 4,24), que se
hace capaz de transformar el mundo y construir una cultura de la
vida y de la solidaridad. No será con base en venganzas, exclusiones
y abusos, como construiremos, todos juntos, una Venezuela humana,
justa, solidaria y fraterna.
9.- Los señalamientos que hemos hecho nacen del
deseo profundo y del deber apremiante de reiterar el llamado a la
reconciliación entre todos los venezolanos, lo cual implica,
positivamente, dar importancia a diferentes aspectos de la vida
moral del país. Ante todo, aceptar el pluralismo; no se logrará una
auténtica reconciliación, si se pretende exigir a los demás
traicionar las propias convicciones o renunciar a legítimas
aspiraciones. Además, es esencial dialogar para encontrar la verdad,
porque el diálogo no consiste en imponer al otro una verdad
preestablecida como tampoco, simplemente, en tolerar las ideas del
otro. Dialogar es buscar la verdad entre las diversas partes con la
contribución todos.
10.- En concreto, en Venezuela es urgente
establecer un diálogo auténtico y responsable entre el Gobierno y
quienes no comparten su proyecto político-social. El país no debe
continuar con el prolongado estado de polarización en el que los
adversarios se han convertido en enemigos. El diálogo consiste en
ver en el otro un prójimo. Esto se aplica totalmente al diálogo
político. Las diferentes fuerzas y partidos deben compartir su
responsabilidad con la verdad y la justicia, teniendo siempre en
cuenta las exigencias del bien común. Por el contrario, la voluntad
de no ceder, para no aparecer débil, así como la falta de escucha
mutua y la pretensión de ser solamente uno mismo la medida de la
justicia, bloquean el diálogo, las soluciones y el desarrollo
estable y pacífico.
11.- El Estado debe, dar prioridad a la
legislación social y educativa, sin privilegiar una normativa
represiva o punitiva. Esta última, si bien es legítima, debe ser
considerada como último recurso, reservada a la más graves
infracciones del orden social, preservando siempre los valores de
una sociedad democrática, entre los cuales, la protección integral
de la vida, de la dignidad y de los otros derechos inalienables de
la persona humana, ocupan el primer lugar.
12.- Invitamos a multiplicar los gestos de
reconciliación: adecentar el lenguaje y las expresiones con que
calificamos a los adversarios; valorar, por encima de lo que nos
separa, lo que tenemos en común, como venezolanos; no perseguir o
condenar actuaciones que de por sí, aunque hayan sido expresiones de
confrontación, son legítimas; perdonarnos todos, unos a otros, por
nuestras faltas y errores (Cf. Rom. 12,17-20); y ajustar siempre,
cada vez más nuestras conductas a las normas morales, las cuales han
de inspirar la Constitución y las leyes.
13.- En el contexto de esta búsqueda de
reconciliación, los Obispos solicitamos al Señor Presidente de la
República la concesión de medidas de gracia o indultos a los civiles
y militares condenados o imputados por razones políticas, en el
espíritu con que en época reciente se ha procedido en nuestra
historia.
14.- En esta búsqueda de reconciliación y perdón
nos inspira el testimonio de nuestro hermano Monseñor Oscar Arnulfo
Romero, Arzobispo de San Salvador, y su defensa de los Derechos
Humanos. El próximo 24 de marzo se cumplirán los veinticinco años de
su muerte por defender la vida humana y sus derechos. Fue asesinado
en el momento en que ofrecía el santo sacrificio de la misa. Esta
conmemoración nos encontrará reunidos en la Eucaristía del Jueves
Santo. En comunión con la Iglesia que peregrina en El Salvador,
pediremos a Cristo, Sumo Sacerdote, que la sangre de Monseñor Romero
sea germen de vida para América Latina y de unidad en la Iglesia, y
que su ejemplo sea pronto presentado, por la Iglesia, a los fieles,
como máximo testimonio de fe que exige el servicio a los derechos
humanos, a la justicia y a la causa de la reconciliación y la paz.
15.- El presente y el futuro del país nos llaman
a superar las actitudes que nos dividen y a dar testimonio de que
nos unen una misma historia, un mismo destino y una misma esperanza.
Es necesario vencer el mal a fuerza de bien (Rom. 12,21 ). Que la
Virgen María, a quien desde los albores de nuestra nacionalidad
invocamos bajo el título de la Inmaculada Concepción, nos ayude, con
su intercesión ante su Hijo, a edificar, entre todos, respetando las
diferencias, una nación de hermanos.
Con nuestra bendición, Caracas, 12 de enero de
2005.
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(1) Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución
“Gaudium et spes”, 1965, nº 1.
(2) Cf. Exhortación Apostólica Postsinodal
Pastores Gregis, 16-10-2003, nº 6. |