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Obispos de
Ecuador por una cultura de la legalidad y la justicia
Declaración de la conferencia episcopal
QUITO,
domingo, 27 febrero 2005 - «Declaración» de la Conferencia Episcopal
Ecuatoriana «por la cultura de la legalidad y la justicia» publicada
el pasado 24 de febrero.
DECLARACIÓN DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL
ECUATORIANA
POR LA CULTURA DE LA LEGALIDAD Y LA JUSTICIA
La situación
Este año
2005 ha comenzado cargado de temores y contradicciones. Millones de
ecuatorianos, hombres, mujeres y niños, viven en condiciones de
indigna pobreza y exclusión, mientras no cesa la dramática
emigración de quienes buscan trabajo y seguridad en países extraños.
La corrupción no mengua y siguen sin ser debidamente resueltos
importantes problemas de la colectividad, como el Tratado de Libre
Comercio y otros de igual importancia.
En nuestro
Ecuador, dotado de enormes potencialidades, vemos con profunda
preocupación y pena cómo se acumulan errores e irresponsabilidades a
los que se dieron en el pasado. El país se precipita en un oscuro
foso de ilegalidades, confusión, desconfianza y temor. La política
que mira al bien común, y la vigencia de un orden de derecho, son
socavadas por los rencores y venganzas personales, las ambiciones y
las prepotencias.
Nuestra
actitud de Pastores
Como
Obispos, no entramos en las luchas partidistas por conseguir o
mantener el poder político. Ni somos parte de la oposición ni
partidarios incondicionales de Gobierno alguno. Nos corresponde
hacer de la Iglesia, como ha pedido el Papa Juan Pablo II, la casa y
la escuela de una comunión fraterna que abarca a todos,
especialmente a los pobres, con un respeto grande a las diversas
opciones políticas compatibles con la fe.
Las
autoridades legítimas pueden contar siempre con nuestro leal
reconocimiento y con la disposición a colaborar en servicio de la
sociedad. A su vez, deben respetar, en el marco constitucional y de
los acuerdos internacionales, nuestra libertad para anunciar el
Evangelio y aportar a la convivencia social las luces de la doctrina
social de la Iglesia. Esto comprende también la indiscutible
libertad para practicar públicamente la fe sin temor a
discriminaciones, a desarrollar obras de educación, asistencia y
promoción social. Así como a emitir juicios ponderados sobre las
cambiantes circunstancias del país, con la mira puesta en la defensa
de los pobres, el bienestar colectivo, la promoción de los derechos
civiles, sociales y culturales con sus respectivas obligaciones.
Fortalecer
la democracia
En las
circunstancias presentes, hacemos un llamado urgente a fortalecer la
democracia. Nuestros problemas crónicos se han agravado con las
agresiones inferidas a la institucionalidad. La democracia solamente
es posible en un Estado de Derecho, donde se protegen los derechos y
se determinan las responsabilidades, tanto de las personas como de
los órganos del poder y de la sociedad.
Pero, si el
poder y la aplicación de la ley, como la administración de los
bienes públicos, se vuelven instrumentos para la guerra entre
grupos, se contamina todo el sistema y se rompen los bordes de la
democracia. Fácilmente se destroza la igualdad ante la ley, porque
su aplicación se vuelve selectiva y arbitraria, se quiebran las
garantías ciudadanas, bajo argumentos tendenciosos e insostenibles.
Entonces la fuerza se impone sobre la justicia y el despotismo sobre
el derecho. Se extiende como una plaga la inseguridad jurídica si el
poder público se entromete abusivamente en la vida de las personas y
las sociedades menores. Nunca el poder puede ser empleado, en
cualquiera de sus formas, como herramienta de intimidación injusta
por la vía de hecho o por la vía de una legalidad amañada.
Hemos
sentido alguna de estas realidades en beneméritas instituciones y
obras de la Iglesia. Sentimos la sombra de tales peligros sobre
actividades de explícito signo cristiano y católico, que dispuestas
siempre a dar cuenta legal de su proceder y tienen, desde luego,
pleno derecho a vivir, servir y trabajar en paz y sin escándalos.
Nuestro
llamado
Seguramente
nadie en el Ecuador desea llegar a los extremos de la dictadura o de
la anarquía. Pero la pasión política y un generalizado estado de
confusión pueden permitirlo. Por eso, en este momento histórico, nos
dirigimos a nuestros compatriotas y muy particularmente a quienes
han recibido el encargo de conducir al país desde los altos Poderes
del Estado y a los dirigentes políticos y líderes sociales para
pedirles que revestidos de serenidad, conscientes de su
responsabilidad, tomen las medidas adecuadas para reconducir al país
por los caminos de la legalidad, la justicia y la paz.
Todos,
autoridades y ciudadanos, debemos cultivar las virtudes cívicas: la
honradez, la lealtad, la transparencia, el respeto a cada persona,
aunque piensen distinto. Debemos rechazar toda forma de calumnia,
insulto e intimidación. No es normalmente aceptable y menos es
cristiano promover la lucha de clases, para obtener réditos
políticos Todos somos responsables del desarrollo o la ruina del
país, del triunfo o de la agonía del Estado de Derecho.
En los
próximos días entraremos en el Año Jubilar del Milagro de la
Dolorosa del Colegio. Con lágrimas, la Virgen Santísima quiso dar
una prueba de amor maternal a los jóvenes, esperanza de la Patria, a
ella se la encomendamos.
Quito,
febrero 24 del 2005
+Vicente
Cisneros Durán
Arzobispo
de Cuenca,
Presidente
de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana
Monseñor
José Vicente Eguiguren S.
Secretario
General de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana
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