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CARTA A OBISPOS
FRANCESES SOBRE RELACIONES IGLESIA-ESTADO
CIUDAD DEL
VATICANO, 12 FEB 2005 (VIS).- Carta de Juan Pablo II al arzobispo
Jean-Pierre Ricard, de Burdeos, presidente de la Conferencia
Episcopal de Francia, y al episcopado francés. El documento se
centra en uno de los temas que el Papa discutió con los obispos
franceses durante sus visitas "ad limina" en 2003 y 2004: las
relaciones entre la Iglesia y las autoridades civiles francesas a la
luz del centenario de la promulgación de ley de separación entre la
Iglesia y el estado francés.
"La ley
de separación de 1905 que denunciaba el Concordato de 1804 -escribe
Juan Pablo II- fue un acontecimiento doloroso y traumático para la
Iglesia en Francia, ya que regulaba la forma de vivir francesa según
el principio de laicidad (...) y relegaba al mismo tiempo el hecho
religioso a la esfera privada sin reconocer ni a la vida religiosa
ni a la institución eclesial un lugar en el seno de la sociedad"
"Sin
embargo -prosigue-, desde 1920 el gobierno francés ha reconocido de
alguna forma el lugar del hecho religioso en la vida social". A lo
largo del siglo pasado se estableció el diálogo entre Iglesia y
Estado, se instauraron relaciones diplomáticas y se firmó un acuerdo
en 1924, permitiendo así "la superación de diversas dificultades".
"El
principio de laicidad, al que vuestro país tiene mucho apego,
correctamente entendido, pertenece también a la Doctrina Social de
la Iglesia. Recuerda la necesidad de una justa separación de poderes
en la que resuena la invitación de Cristo a sus discípulos: 'Dad al
César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios'. (...) La
Iglesia no tiene vocación de administrar lo temporal (...) pero al
mismo tiempo es necesario que todos trabajen en pro del interés
general y del bien común".
"El
cristianismo ha jugado y juega todavía un papel importante en la
sociedad francesa, tanto en el ámbito político, como filosófico,
artístico o literario", subraya el Papa, recordando después a los
grandes teólogos, sacerdotes y educadores franceses. "No se puede
olvidar el lugar fundamental de los valores cristianos en la
construcción de Europa y en la vida de los pueblos del continente.
El cristianismo ha modelado en gran parte el rostro de Europa y toca
a los hombres y mujeres de nuestros días edificar la sociedad
europea sobre los valores que han presidido su nacimiento y que son
parte de su riqueza".
"Francia
tiene que regocijarse de contar con hombres y mujeres que se basan
en el Evangelio (...) para servir a sus hermanos en la humanidad
(...) y difundir armonía, paz, justicia, solidaridad y buen
entendimiento entre todos". Después Juan Pablo II insta a los
obispos a centrarse en la enseñanza de la Doctrina Social de la
Iglesia a los fieles, sobre todo a los jóvenes de hoy, que son el
futuro de mañana.
A
continuación el Santo Padre aborda el tema de "la crisis de valores
y la falta de esperanza que se difunde en Francia y en general en
todo Occidente" y que "forma parte de la crisis de identidad que
atraviesan las sociedades modernas actuales". "La Iglesia -subraya-
se interroga sobre esa situación y desea que los valores religiosos,
morales y espirituales que son parte del patrimonio de Francia, que
han modelado su identidad y forjado generaciones desde los primeros
siglos del cristianismo, no caigan en el olvido".
El Papa
invita a los fieles franceses a "apoyarse en su vida espiritual y
eclesial para conseguir la fuerza de participar en la vida pública"
e insta a la colaboración y no al antagonismo o a la separación
entre el ámbito religioso y el civil. "En razón de vuestra misión
-dice a los obispos- estáis llamados a intervenir con regularidad en
el debate público sobre los grandes temas de la sociedad".
"Sé que
estáis muy atentos a la presencia de la Iglesia en los lugares donde
se plantean los interrogantes grandes y terribles del sentido de la
existencia humana", especialmente en los hospitales y escuelas. "El
Estado -escribe el Santo Padre refiriéndose a la educación- debe
garantizar a las familias que lo deseen la posibilidad de que sus
hijos reciban la catequesis necesaria".
El Papa
termina su carta manifestando su "confianza en el futuro de un buen
entendimiento entre todos los componentes de la sociedad francesa.
(...) ¡Qué nadie tenga miedo del testimonio religioso de las
personas y de los grupos sociales! Si se vive respetando una sana
laicidad es fuente de dinamismo y promoción del ser humano". |