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Juan Pablo II a Cuba:
«genuina libertad religiosa»
CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 9 enero 2005 -
Discurso que Juan Pablo II dirigió este sábado al nuevo embajador de
Cuba ante la Santa Sede, Raúl Roa Kourí, con motivo de la
presentación de sus cartas credenciales.
* * *
Señor Embajador:
1. Me complace darle la bienvenida con motivo de
la presentación de la cartas credenciales que le acreditan como
Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de la República de Cuba
ante la Santa Sede. Agradezco sus amables palabras, así como los
saludos de parte del Dr. Fidel Castro Ruz, Presidente del Consejo de
Estado y del Gobierno de la República, al cual le ruego que exprese
mis deseos por su salud, así como mis votos por la prosperidad
integral de la querida Nación cubana. Para ella pido a Dios, por
intercesión de la Santísima Virgen venerada en su País con la
hermosa advocación de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, que se
incrementen los sentimientos de entendimiento mutuo y fraternidad
genuina que son los que permiten que la Patria sea realmente casa y
obra de todos.
2. Al mismo tiempo, le puedo manifestar el
interés con el que sigo el empeño de las autoridades cubanas por
mantener y desarrollar las metas conseguidas con esfuerzo en el
campo de la atención sanitaria, de la instrucción en sus diversos
niveles y de la cultura en sus diferentes expresiones. La Santa Sede
considera que asegurando estas condiciones de la existencia humana
se ponen algunos de los pilares del edificio de la paz, la cual no
es sólo la ausencia de guerra, sino el poder disfrutar de la
promoción humana integral, en la salud y el crecimiento armónico del
cuerpo y del espíritu, de todos los miembros de una sociedad.
Asimismo, la Santa Sede desea vivamente que se
puedan superar cuanto antes los obstáculos que impiden la libre
comunicación e intercambio entre la Nación cubana y parte de la
comunidad internacional, afianzando así, mediante un diálogo
respetuoso y abierto con todos, las condiciones necesarias para un
auténtico desarrollo.
3. Por su parte, Cuba se distingue por un
espíritu de solidaridad, puesto en evidencia con el envío de
personal y recursos materiales ante necesidades básicas de varias
poblaciones con ocasión de calamidades naturales, conflictos o
pobreza. La Doctrina Social de la Iglesia se ha desarrollado mucho
en estos últimos años, precisamente para iluminar las situaciones
que requieren esa dimensión solidaria desde la justicia y la verdad.
A este respecto, la Iglesia en Cuba, con su presencia evangelizadora
y con espíritu de servicio sincero y efectivo al pueblo cubano, se
esfuerza por poner de relieve ese magisterio social no sólo de
palabra, sino también con sus empeños y realizaciones concretas. El
conjunto de valores y propuestas que integran la Doctrina y la
consiguiente acción social de la Iglesia forman parte de su misión
evangelizadora y, consecuentemente, de su propia identidad.
Para que la acción de la Iglesia en el seno del
pueblo cubano llegue a ser más eficaz en orden a la promoción del
bien común, es conveniente que, en un ambiente de genuina libertad
religiosa (Cf. «Dignitatis humanae» 13), pueda mantener e
incrementar los vínculos ya existentes de solidaridad con otras
Iglesias hermanas, que no dudan en apoyar generosamente de maneras
muy diversas y, en particular, poniendo a disposición sacerdotes,
religiosos y religiosas, que favorezcan la obra de la Iglesia
católica en Cuba, cuyos miembros son parte del pueblo cubano,
viviendo unidos y en comunión y sintonía con la Sede Apostólica.
4. En realidad, en toda sociedad pluralista la
Iglesia presenta sus orientaciones y propuestas que pueden llevar a
puntos de vista diferentes entre quienes comparten la fe y quienes
no la profesan. Las divergencias en este sentido no deben producir
ninguna forma de conflictividad social sino más bien favorecer un
diálogo constructivo y amplio.
A este respecto hay temas en los cuales la
Iglesia en Cuba desea iluminar la realidad social, como por ejemplo
la amplia problemática suscitada por la promoción de la dignidad
humana; la consideración de la realidad familiar y la educación de
las nuevas generaciones en una cultura de la paz, de la vida y de la
esperanza; la compleja relación entre la economía y los valores del
espíritu; la atención global de la persona humana, aspectos estos en
los cuales es conveniente un diálogo con todos los grupos que
integran el pueblo cubano.
5. Señor Embajador, en el momento en que inicia
sus funciones al frente de esa Misión diplomática, deseo ratificarle
la buena disposición de la Santa Sede y de la Iglesia en Cuba en su
voluntad de perseverar en el servicio a los hombres y mujeres que
viven en su País, así como superar cualquier diferencia por el
camino de un diálogo constructivo. Renuevo mi saludo a las
Autoridades cubanas e invoco sobre Usted, su familia y sus
colaboradores, así como sobre toda la Nación cubana, que recuerdo
siempre con afecto, la ayuda de Dios y la abundancia de sus
bendiciones. |