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Reflexiones del cardenal
Bergoglio sobre la política
Buenos Aires, JUN 2 (AICA): El
arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, cardenal Jorge
Mario Bergoglio, dijo esta noche que en la actualidad se produce una
paradoja: “el descrédito de la política y de los políticos en el
momento en que más se necesita de ellos”. Aunque “los políticos no
son los únicos corruptos, siempre la ligan”, mientras que “otras
corporaciones y asociaciones tienen la posibilidad de disimular sus
carencias”. Aquel pedido de “que se vayan todos” se le hizo
solamente a los políticos, cuando los demás “transitamos más o menos
la misma línea pecaminosa”.
El purpurado llamó a “rehabilitar” la
política, y a recobrarla en todo su esplendor, porque “es una
actividad noble. Hay que revalorizarla, ejerciéndola con “vocación y
una dedicación que exige testimonio, martirio, o sea, morir por el
bien común”.
Al hablar en la inauguración del
Ciclo de Formación y Reflexión Política que organiza la pastoral
social de la arquidiócesis de Buenos Aires, todos los martes hasta
el mes de octubre, en el Instituto de Cultura Religiosa Superior,
Rodríguez Peña 1054, Buenos Aires, el cardenal Bergoglio manifestó
que “la unidad política ve disminuida sus capacidades y los
gobiernos parecen rehenes de fuerzas que no controlan. El campo de
movimiento de un político se disminuye porque la decisión la toman
intermediarios internacionales. Los centros de decisión están en
otro lado”.
La acción política, agregó, no
consiste en “cantar el himno”simplemente, sino en “tener una gran
habilidad para moverse creando caminos de viabilidad. El político
tiene que ser un creativo y pasar del equilibrio pragmático a una
creatividad fecunda. Es fundamentalmente un artífice. Lo suyo es,
como el poeta, 10% de inspiración y 90% de transpiración.
Predominio de la imagen
En la actualidad se registra un
“desplazamiento desde lo intelectual activo a lo estético. No se
discuten plataformas, los temas candentes se eluden y se busca la
imagen. Se cae en la seducción en vez de usar esa arma tan efectiva
que es la persuasión. Hoy seducimos para ganar votos”, reconoció,
pero advirtió que “una conducción sin persuasión es estéril”.
Más adelante aclaró que “hay que
diferenciar entre la politización y la cultura política. En esta
época, la política no está jerarquizada como valor en el corazón del
hombre. Somos politiqueros por decadencia” y lo que hace falta es
“una política de construcción”, o sea, “adentrarse más allá de las
fronteras”, porque “el político intuye con su corazón que la
realidad se ve mejor desde el último lugar conquistado y no desde el
centro”.
Luego aludió al “internismo” como “la
varicela, el sarampión de las organizaciones políticas”. La “interna
facciosa” hace que “nos peleemos con el que está al lado mío en la
jaula, en lugar de salir aconquistar”.
El purpurado trazó un “camino a
recorrer para rejerarquizar la política”. La primera senda es el
movimiento desde el “nominalismo formal a la objetividad armoniosa
de la palabra. El nominalismo estanca”, y lo que debe darse es “la
máxima movilidad creativa”.
El segundo camino es “ir del
desarraigo a las raíces Constitutivas”, superando el “afán de
autonomía heredado de la modernidad para superar el desamparo.
Estamos en crisis de desarraigo y hay que transitar el camino de la
memoria, entre la coerción y la impulsividad. El camino de la
memoria es el de la pertenencia, recordar el pasado para ir hacia el
futuro”.
En tercer lugar, el cardenal
Bergoglio planteó la necesidad de “salir de los refugios culturales
y llegar a la trascendencia que funda. Se deben dejar de lado los
caminos de retorno, que son suicidas en política”. No hay que
confundir nostalgia con añoranza”, la cual “nos deja pasivos y no
nos deja recuperar lo bueno del pasado para llevarlo hacia delante”.
La cuarta propuesta es “caminar desde
lo inculto al señorío sobre el poder. La vocación política exige
ungirse de señorío, para evitar el caos y el formalismo almidonado.
El señorío es un camino ascético hacia la sabiduría”.
Por último, llamó a trasladarse “del
sincretismo conciliador a la pluriformidad de los valores; de la
puridad nihilista a la captación del límite de los procesos”. El
sincretismo avala la “política del collage, típica de los
demagogos”, y se da más que nada “en la legislación y en la
justicia”.
En el final de su reflexión, el
arzobispo porteño aseguró que “transitar este sendero permitirá
evitar el fraude de los valores, un fraude que hace pasar de la
alegría del ser a la tristeza del no ser”.
Crear espacios
Antes de la disertación del cardenal
Bergoglio, el responsable de la pastoral social porteña, presbítero
Carlos Accaputo, explicó que el Curso de Formación y Reflexión
Política servirá para “crear espacios para pensar sobre la
política”, de modo que sirva para “el bien de la sociedad de la que
somos responsables”. El anhelo es “rehabilitar la política, porque
la crisis se soluciona con más
política, y no con menos”. |