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PARA
QUE EL HOMBRE LE RESPONDA A DIOS
En
el X° Aniversario del Catecismo de la Iglesia Católica
Carta
al Clero, a los Catequistas y a todo el Pueblo de Dios.
1.
El 11 de octubre pasado, al celebrarse cuarenta años del inicio del
Concilio Ecuménico Vaticano II, se han cumplido también diez años
de la publicación del "Catecismo de la Iglesia Católica".
Éste es fruto de aquél, pues así lo propusieron los Obispos del Sínodo
Extraordinario celebrado en 1985 para evaluar los veinte años de la
aplicación de la reforma conciliar:
"Que
se redacte un Catecismo o compendio de toda la doctrina católica
tanto sobre la fe como sobre la moral, que sea como un texto de
referencia para los catecismos o compendios que se redactan en los
diversos países. La presentación de la doctrina debe ser bíblica
y litúrgica, exponiendo una doctrina segura y, al mismo tiempo,
adaptada a la vida actual de los cristianos".
2.
En este décimo aniversario, queremos dar gracias a Dios por este
instrumento de la nueva evangelización, redactado con el concurso
de los Obispos del mundo entero y con el aporte de numerosos teólogos,
exegetas y catequetas. Invitamos también a todos los fieles, en
especial a los que colaboran directamente en la catequesis, a unirse
a nuestra acción de gracias.
3.
Deseamos, además, destacar la intención con la cual fue pedido,
redactado y ofrecido el Catecismo de la Iglesia Católica.
Primeramente, para que sirva a los pastores como texto de referencia
seguro y auténtico para la enseñanza, y muy particularmente para
la composición de los catecismos locales. En segundo lugar, para
que sea un instrumento a disposición de los fieles que deseen
conocer mejor las inagotables riquezas de la salvación. En tercer
lugar, para que proporcione un punto de apoyo a los esfuerzos ecuménicos
animados por el deseo de la unidad de los cristianos, mostrando con
exactitud el contenido y la coherencia armoniosa de la fe católica.
Y, por último, para que sea de utilidad a todo hombre que nos pida
razón de la esperanza que hay en nosotros y quiera conocer lo que
cree la Iglesia Católica.
4.
Queremos, también, destacar la armonía de las cuatro partes que lo
componen, y que conviene tener presente en la tarea catequística
que desarrollemos: 1ª) la fe que profesamos (el Credo); 2ª) la fe
que celebramos (la Liturgia, los Sacramentos); 3ª) la fe que
vivimos (la vida moral, las Bienaventuranzas y los Mandamientos); 4ª)
la fe que se hace oración en la esperanza (la Oración, el Padre
Nuestro). De este modo,
"la
fe es la respuesta del hombre a Dios que se revela y se entrega a él,
dando al mismo tiempo una luz sobreabundante al hombre que busca el
sentido último de su vida" (Catecismo de la Iglesia Católica
26).
5.
Por ello, exhortamos a todos los fieles cristianos a aprovecharse de
este precioso instrumento. Y en particular, a los Sacerdotes, Diáconos
y Catequistas, y también a los Superiores Religiosos, a los
Rectores de las Universidades Católicas y Decanos de sus diversas
Facultades, a los Directores de los Colegios Católicos, y a los
Responsables de las diversas Asociaciones y Movimientos laicales.
Pues cuanto más completa y armoniosa sea la comprensión que tengan
del misterio de Cristo, de la Iglesia y del Hombre, que pueden
recabar mediante este Catecismo, tanto más incisiva y atrayente será
la presentación que hagan de dichos misterios a los hombres de
nuestro tiempo, y contribuirán mejor a la formación espiritual de
los cristianos que les están encomendados.
A
los Formadores de nuestros Seminarios les recomendamos que lo tengan
muy presente, pues se lo puede emplear muy bien como libro de texto
o de consulta, tanto para el Curso Introductorio, cuanto para la
elaboración de la síntesis teológico-pastoral que conviene
obtengan los alumnos. De este modo, ellos se capacitarán para
ejercer mañana la Catequesis, tan necesaria para la nueva
evangelización. A este respecto recordamos lo que escribió Juan
Pablo II:
"La
nueva evangelización indica que la fe no puede darse por supuesta,
sino que debe ser presentada explícitamente en toda su amplitud y
riqueza. Éste es el objetivo principal de la catequesis, la cual
por su misma naturaleza, es una dimensión esencial de la nueva
evangelización" (Ecclesia in America 69).
6.
No escatimemos esfuerzos para renovar la Catequesis. Y ello, a
partir de la persona del Catequista, transformándose éste
interiormente por la oración y la práctica de la vida cristiana,
sin descuidar su perfeccionamiento en la pedagogía catequística, y
creciendo siempre en la comprensión más profunda de la fe, a lo
cual mucho le puede ayudar el estudio serio de este Catecismo.
7.
Demos gracias a Dios por los esfuerzos de la Catequesis en nuestra
Patria, que obtuvo especial impulso de los dos Congresos Catequísticos
Nacionales: el primero, realizado en Buenos Aires en 1962, prácticamente
en coincidencia con los inicios del Concilio Vaticano II; y el
segundo, celebrado en Rosario, en 1987, a los veinticinco años.
Sobre
todo, queremos dar gracias a Dios por ustedes, queridos catequistas,
tanto varones como mujeres, por el inestimable don que Él les ha
concedido de cultivar la fe en Cristo en el corazón de sus
hermanos. Y los alentamos a perfeccionarse en este arte excelente, y
a proseguir con amor y dedicación la obra emprendida. También
recordamos con afecto y agradecemos a Dios por los padres que
trasmiten la fe a sus hijos.
8.
La Virgen María que, junto con José, le enseñó a su hijo Jesús
a balbucear el santo nombre de Dios, interceda para obtener del
Padre la gracia de renovarnos en la misión de cultivar la palabra
del Evangelio en el corazón de nuestros hermanos, y de ayudar a
suscitar el eco que esta palabra quiere despertar en sus corazones.
Los
Obispos argentinos,
reunidos
en la 84ª Asamblea Plenaria,
en San
Miguel, el 15 de noviembre de 2002,
memoria
de San Alberto, doctor de la Iglesia.
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