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Oración del Papa al despedirse del icono de la Madre de Dios de
Kazan
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 25
agosto 2004 - Oración que Juan Pablo II compuso con motivo de la
celebración de la Palabra durante la que entregó al patriarca
ortodoxo de Moscú, Alejo II, el icono de la Madre de Dios de Kazan.
La oración fue leída en ruso.
* * *
Gloriosa Madre de Jesús, que avanzas
ante el pueblo de Dios en los caminos de la fe, del amor y de la
unión con Cristo (Cf. «Lumen gentium», 63), ¡bendita seas! Te llaman
bienaventurada todas las generaciones porque ha hecho en tu favor
maravillas el Poderoso, Santo es su nombre (Cf. Lucas 1, 48-49).
Bendita seas y honrada, Madre, en tu
Icono de Kazan, en el que desde hace siglos estás rodeada por la
veneración y el amor de los fieles ortodoxos, convirtiéndote en
protectora y testigo de las obras particulares de Dios en la
historia del pueblo ruso, muy querido por todos nosotros.
La Providencia divina, que tiene la
fuerza de vencer al mal y de sacar el bien incluso de las malas
obras de los hombres, hizo que tu santo icono, desaparecido en
tiempos lejanos, volviera a aparecer en el santuario de Fátima, en
Portugal. Sucesivamente, por voluntad de personas que te tienen
devoción, fue acogido en la casa del sucesor de Pedro.
Madre del pueblo ortodoxo, la
presencia en Roma de tu santa imagen de Kazan nos habla de una
unidad profunda entre Oriente y Occidente, que permanece a pesar de
las divisiones históricas y de los errores de los hombres. Te
elevamos ahora con especial intensidad nuestra oración, Virgen,
mientras nos despedimos de esta sugerente imagen tuya. Con el
corazón, te acompañaremos por el camino que te llevará hacia la
santa Rusia. Acoge la alabanza y el honor que te rinde el pueblo de
Dios que está en Roma.
Bendita entre todas las mujeres, al
venerar tu icono en esta ciudad, marcada por la sangre de los
apóstoles Pedro y Pablo, el obispo de Roma se une espiritualmente a
su hermano en el ministerio episcopal, que preside como patriarca la
Iglesia ortodoxa rusa. Y te pide, Madre Santa, que intercedas para
que apresure el momento de la plena unidad entre Oriente y
Occidente, de la plena comunión entre todos los cristianos.
¡Virgen gloriosa y bendita, señora,
abogada y consoladora nuestra, reconcílianos con tu Hijo,
encomiéndanos a tu Hijo, preséntanos a tu Hijo! Amén |