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Juan Pablo II a la Familia benedictina: «Dios en el centro»
CASTEL GANDOLFO, jueves, 23
septiembre 2004 - Palabras que Juan Pablo II dirigió este jueves al
recibir en audiencia a los participantes en el Congreso de los
Abades y de los Priores Conventuales de la Confederación Benedictina
y en el encuentro de la Comunión Internacional de las Benedictinas
(«Communio Internationalis Benedictarum»).
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Queridos hermanos y hermanas:
1. Con gran afecto os doy mi
bienvenida, contento porque habéis introducido en vuestro Congreso
el encuentro con el sucesor de Pedro y doy las gracias al padre Wolf
Notker por las corteses palabras con que lo ha introducido.
He escuchado vuestras preocupaciones
e inquietudes. No os dejéis desalentar por los problemas de nuestro
tiempo. Dios sigue su obra en vosotros y con vosotros según su
estilo, como preanunció Jesús a los discípulos: «En el mundo
tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo» (Juan
16, 33).
2. Permaneced fieles a vuestra
historia. Nuestro mundo secularizado tiene una deuda con vosotros
por el testimonio de vuestras comunidades, que ponen a Dios en el
centro. Muchos obispos piden contar en sus diócesis estos espacios
vitales de encuentro con el Señor. A través de la liturgia, el
estudio y el trabajo, sed ejemplo de vida cristiana plenamente
orientada a Dios, respetuosa del hombre y de la creación.
Tengo conocimiento de vuestros
contactos con monjes y monjas de otras religiones: se trata de
relaciones significativas que pueden revelarse fecundas. Os exhorto
a profundizar en las relaciones ecuménicas con los hermanos y
hermanas de Europa oriental. El monaquismo constituye una plataforma
natural para la comprensión mutua. Esto es sumamente importante en
este momento histórico para que Europa conserve sus raíces
cristianas.
3. Me complazco porque, como gran
Familia benedictina, estáis redescubriendo cada vez más vuestro
patrimonio común. Queridos hermanos y hermanas, seguid vuestro
camino tras las huellas de san Benito y de santa Escolástica: «nada
absolutamente antepongan a Cristo» (Regla de San Benito 72,11).
Fieles a esta regla de vida, experimentaréis un futuro rico de dones
de Dios
Que os los obtenga la bienaventurada
Virgen María, a quien os encomiendo, mientras os bendigo de corazón
junto a todas vuestras comunidades. |