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MADRE AYÚDANOS, QUEREMOS SER UN SOLO PUEBLO
Homilía del cardenal Jorge Mario
Bergoglio S.J., arzobispo de Buenos Aires y Primado de la Argentina
en la 30ª Peregrinación Juvenil a Luján (3 de octubre de 2003)
Desde hace treinta años, como pueblo
creyente, compartimos este rito de venir hasta la casa de nuestra
Madre y lo hacemos con la confianza puesta en Ella que nos recibe y
nos protege.
Hace 30 años la juventud peregrinaba
hasta aquí pidiendo por la Patria. Hoy nos une ese mismo
sentimiento: querer ser un solo pueblo. Y aquí estamos juntos
recibiendo los mismos cuidados de la Madre. Ella es la Madre de
todos, sin diferencias.
Celebramos lo que significó haber
caminado estos kilómetros, haber pasado en silencio ante la Imagen y
mirarla. Contarle lo que fuimos trayendo en el camino. Lo que muchos
nos pidieron que le digamos al verla. Cosas que se comparten en su
Casa, que es nuestra casa, la casa de nuestra familia, la única que
queremos ser y defender, la casa de nuestro pueblo.
A muchos, desde chicos, nos trajeron
para recibir el Bautismo o para mostrarnos la Imagen de Ella que se
quedó para recibirnos. Y así fuimos conociendo y se nos fue haciendo
familiar esta Casa, y tomamos la costumbre de venir a visitar a la
Virgen, a estar cerca de Ella, a tener este encuentro que nos
descansa.
Así, con estas cosas sencillas y
profundas, con esto que es nuestra historia, ha ido creciendo
nuestro pueblo. Hay muchas historias de vidas que aquí se han
reconstruido. Nuestro pueblo hunde sus raíces en un anhelo de
fraternidad y deseo de familia. Hoy venimos a decirle a la Madre que
queremos ser un solo pueblo; que no queremos pelearnos entre
nosotros; que nos defienda de los que quieren dividirnos. Que
queremos ser familia y que para eso no necesitamos de ninguna
ideología revanchista que pretenda redimirnos. Nos basta su cariño
de Madre, a Ella le pedimos, "Madre queremos ser un solo pueblo".
No dejamos de agradecerle que la
Imagen de su limpia y Pura Concepción se haya quedado milagrosamente
en las orillas del río Luján fundando esta Villa. Por eso nosotros
como pueblo peregrino nos seguimos dando cuenta que crecemos porque
aquí hay alguien que nos convoca y nos reúne. Mirando ésta, su casa
y nuestra casa, le decimos: "Madre queremos ser un solo pueblo".
Sabemos que María después de la cruz
cargó el cuerpo de Jesús. Es un momento triste y sagrado que al
recordarlo nos da esperanza, porque es el cariño grande de nuestra
querida Madre. Aquí está la grandeza de Dios. En los momentos donde
todo parece que se va a perder, que todo se viene abajo, Dios
manifiesta el amor en su mayor grandeza, el que nos hace fuertes.
Es el amor que hoy nos llevamos en el corazón, es la bendición que
nos llena y hace que nosotros también carguemos con tantos hermanos
nuestros que, a la vuelta de esta visita, seguramente tendremos que
levantar. Con este deseo de ayudarnos unos a otros le decimos:
"Madre, queremos ser un solo pueblo".
Que nada nos separe de todo esto que
tanto creemos. Que nadie venga a engañarnos ni a dividirnos. Estas
son las grandezas de Dios, porque Él lo quiso así. En el silencio
del milagro de las carretas se construyó un milagro sin palabras, un
milagro que, a cada uno, la Virgen se lo va diciendo despacito, al
corazón de sus hijos, en estas peregrinaciones. Vinimos para un
descanso en nuestro camino, un descanso del corazón. Volvamos
renovados a casa. Aquí dejamos lo que nos cuesta cargar solos todos
los días. Llevemos en nuestros corazones el gozo de haber estado
cerca de la que quiso quedarse para protegernos. Y con mucha fe
digamos juntos: "Madre ayúdanos, queremos ser un solo Pueblo".
Cardenal Jorge Mario Bergoglio, S.J.,
arzobispo de Buenos Aires |