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La
Eucaristía, antídoto para la amenaza del individualismo.
CIUDAD
DEL VATICANO, 22 diciembre 2003.- Para el cardenal Joseph Ratzinger
el mayor peligro actual para la humanidad es el relativismo, que
acaba encerrándola en el individualismo.
Por
este motivo la Iglesia ha insistido tanto a los católicos en el último
año en el lazo que constituye la Eucaristía, reconoció el
purpurado bávaro tras haber participado este lunes en el encuentro
que todos los años Juan Pablo II mantiene con sus colaboradores de
la Curia romana.
El
cardenal Ratzinger, en calidad de decano del Colegio de los
cardenales, fue el encargado de dirigir las palabras de saludo al
pontífice, en las que constató que la encíclica sobre la Eucaristía,
publicada el pasado Jueves Santo, es quizá el documento papal más
importante de 2003.
El
mérito de este documento papal --«Ecclesia de Eucharistia»--, según
el purpurado bávaro, es el de reproponer «el lazo indisoluble
entre Iglesia y Eucaristía», pues «existía el riesgo de que se
perdiera» «en un mundo tan individualista».
El
prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe explicó
después el alcance de esta propuesta en respuesta a las preguntas
de «Radio Vaticano».
«Conocemos
la fuerza de la violencia en este mundo, las amenazas contra la paz
y contra los fundamentos éticos de la humanidad, que se constatan
en tantos campos de la legislación, sobre todo en la técnica de la
reproducción del hombre, según la cual el hombre se convierte en
un producto», explicó.
«De
aquí --reconoció--, surge la preocupación de que las fuerzas de
la fe estén suficientemente presentes y sean dinámicas para que
puedan realmente oponerse a la amenaza de la violencia y creen un
clima de perdón, de justicia, como condición para la paz».
«Y
para que la fe pueda responder realmente a los desafíos de nuestro
tiempo, es importante que sea sólida, es decir, que la fe sobre
todo en Cristo sea completa, que comprenda que Cristo es la
encarnación del único Dios y el Salvador de todos los hombres»,
recalcó.
«Por
tanto, entre las preocupaciones, se da el gran problema del
relativismo: ver a Jesucristo como uno de los reveladores de Dios,
en lugar de ver en Él realmente la encarnación del Hijo de Dios»,
explicó en su respuesta al periodista.
En
su encuentro con el Papa el cardenal había aclarado que Cristo
presente en «la Eucaristía construye la Iglesia». «Pero es también
verdad lo inverso --añadió--: la Iglesia es el espacio vital de la
Eucaristía. Nos es posible recibir la eucaristía como un alimento
privado para después encerrarse en el propio individualismo».
«Nos
une al Señor y en ese sentido nos une entre nosotros --concluyó--.
Es vinculante, en el sentido de que nos hace miembros del Cuerpo de
Cristo, cuya unidad se constituye en los vínculos de la profesión
de fe, de los sacramentos, del gobierno eclesiástico y de la comunión».
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