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"Es preciso globalizar la solidaridad"
1. Al término de este encuentro
jubilar, quisiera una vez más dirigiros a todos mi más cordial
saludo. Gracias a cuantos han organizado esta importante
manifestación en este lugar, en el que se celebrarán otros
encuentros durante el jubileo, sobre todo con ocasión de la Jornada
mundial de la juventud.
Agradezco de modo especial al señor
Juan Somavia, director general de la Organización internacional del
trabajo, y a la doctora Paola Bignardi, presidenta nacional de la
Acción católica italiana, las amables palabras que me han dirigido
en nombre de todos. Saludo a todas las autoridades presentes, entre
las cuales se encuentra el presidente del Gobierno italiano,
profesor Giuliano Amato.
Por medio de vosotros, aquí
presentes, quisiera enviar mi cordial saludo a todo el mundo del
trabajo.
Cumplir el mandato de Dios creador
2. La fiesta del trabajo trae a la
memoria la laboriosidad de los hombres que, cumpliendo el mandato
del Señor de la vida, quieren ser constructores de un futuro de
esperanza, justicia y solidaridad para la humanidad entera. En este
camino de civilización, gracias a las nuevas tecnologías y a la
telemática, se abren hoy posibilidades inéditas de progreso. Sin
embargo, surgen nuevos problemas, que se añaden a los anteriores y
suscitan una legítima preocupación. En efecto, perduran, y a veces
se agravan en algunas partes de la tierra, fenómenos como el
desempleo, la explotación de menores y la insuficiencia de los
salarios. Es necesario reconocer que la organización del trabajo no
siempre respeta la dignidad de la persona humana, y que no se tiene
debidamente en cuenta el destino universal de los recursos.
El compromiso de resolver, en cada
región del mundo, estos problemas, implica a todos: a vosotros,
empresarios y dirigentes; a vosotros, financieros; y a vosotros,
artesanos, comerciantes y trabajadores dependientes. Todos debemos
colaborar para que el sistema económico, en el que vivimos, no
altere el orden fundamental de la prioridad del trabajo sobre el
capital, del bien común sobre el privado. Como acaba de recordar el
señor Juan Somavia, es muy necesario constituir en el mundo una
coalición en favor del «trabajo digno».
La globalización es hoy un fenómeno
presente en todos los ámbitos de la vida humana, pero es un fenómeno
que hay que gestionar con sabiduría. Es preciso globalizar la
solidaridad.
Reducir o condonar la deuda externa
3. El jubileo ofrece una ocasión
propicia para abrir los ojos a la pobreza y la marginación, no sólo
de las personas individualmente sino también de los grupos y los
pueblos. En la bula de convocación del jubileo recordé que «muchas
naciones, especialmente las más pobres, se encuentran oprimidas por
una deuda que ha adquirido unas proporciones que hacen prácticamente
imposible su pago» (Incarnationis mysterium, 12). Sería de desear
que se realizara un gesto jubilar de reducir o incluso condonar esta
deuda.
Este llamamiento se dirige a las
naciones ricas y desarrolladas; se dirige, asimismo, a quienes
poseen grandes capitales, y a cuantos tienen la capacidad de
suscitar solidaridad entre los pueblos.
Que resuene en este histórico
encuentro, en el que se hallan unidos en un mismo empeño
trabajadores creyentes y organizaciones laborales no confesionales.
Queridos trabajadores, empresarios,
cooperadores, agentes financieros y comerciantes, unid vuestros
brazos, vuestra mente y vuestro corazón para contribuir a construir
una sociedad que respete al hombre y su trabajo. El hombre vale más
por lo que es que por lo que tiene. Cuanto se realiza al servicio de
una justicia mayor, de una fraternidad más vasta y de un orden más
humano en las relaciones sociales, cuenta más que cualquier tipo de
progreso en el campo técnico.
Amadísimos hermanos y hermanas, el
Papa tiene muy presentes vuestros problemas, vuestras
preocupaciones, vuestras expectativas y esperanzas. Aprecia vuestro
esfuerzo, vuestro apego a la familia y vuestra conciencia
profesional. Está cercano a vosotros en vuestro compromiso en favor
de una sociedad más justa y solidaria, os anima y os bendice de
corazón.
Al concluir, quisiera saludar a los
organizadores de esta celebración. Doy las gracias a la universidad
de Tor Vergata, al Ayuntamiento de Roma, al Vicariato de Roma y al
Gobierno italiano por la preparación de esta vastísima área, que ya
desde ahora veo llena de jóvenes de todo el mundo en agosto. Sobre
todo os doy las gracias a vosotros, aquí reunidos. Doy las gracias
al señor presidente del Gobierno, al señor alcalde y a todas las
autoridades. He sabido que muchos de vosotros habéis tenido que
hacer un largo camino para llegar hasta este lugar. Lo siento, pero
esperamos que en el futuro también se resuelvan estas dificultades
para el bien de todos, especialmente de los peregrinos. Estoy seguro
de que Roma seguirá siendo hospitalaria y acogedora para todos, en
particular para los peregrinos del gran jubileo del año 2000.
Saludo a los peregrinos de lengua
inglesa que han participado en la celebración del jubileo de los
trabajadores. Por intercesión de san José, a través de cuyas
palabras y ejemplo Jesús aprendió el valor del trabajo honrado, pido
a Dios todopoderoso que bendiga y fecunde el trabajo de vuestras
manos: que todos contribuyáis a la promoción de la dignidad humana
de los trabajadores y de sus familias. Sobre todos invoco la gracia
y la paz de nuestro Señor Jesucristo.
Saludo cordialmente a los
trabajadores de lengua francesa que han venido para celebrar la
fiesta del trabajo. Que Dios bendiga vuestro trabajo y vuestros
esfuerzos. En este día toda la Iglesia se une a vuestra oración,
rindiendo homenaje a vuestro trabajo en lo que tiene de noble y
meritorio. La Iglesia cree que la actividad humana, tanto individual
como colectiva, se inscribe en el plan de Dios, prolongando la obra
del Creador. En nombre de Cristo, trabajador divino, os imparto la
bendición apostólica.
En el día de san José obrero os
saludo a todos los peregrinos de lengua española que estáis
participando en este encuentro jubilar. Que vuestro trabajo
cotidiano, tantas veces duro y costoso, sea medio de realización
personal, participación en el proyecto de Dios, que creó al hombre
para que continuase su obra, y camino de santificación para vuestra
vida. Muchas gracias.
Doy una cordial bienvenida a los
peregrinos de lengua alemana. Cada día cruzáis varias puertas en
vuestros lugares de trabajo: en las fábricas y en las oficinas, en
las empresas y en los negocios. La Puerta santa, que este año
permanece abierta, es una puerta particular: representa a Cristo,
que es la puerta de la vida. Os deseo la vida en abundancia, que
Cristo nos ha traído.
Saludo cordialmente a los
trabajadores que han venido de Polonia para este encuentro jubilar
en Roma. Dirijo un saludo particular a los miembros y responsables
de «Solidaridad» con el presidente dr. Marian Krzaklewski. Os
agradezco vuestra participación en esta reunión tan numerosa.
Saludo, asimismo, a los diversos grupos de profesionales,
trabajadores y empresarios. Me complace vuestra presencia y quisiera
deciros que estáis cerca de mí de un modo particular. Deseo
fervientemente que en nuestra patria todos tengan trabajo, que
puedan ganarse el pan con el esfuerzo de sus manos y gocen de
condiciones de empleo dignas. Que vuestro trabajo esté al servicio
del bien común, del bien de la persona y de la sociedad; que una y
no separe; que sea fuente de alegría y de bendición. Llevad mi
saludo a todos los trabajadores que se encuentran en la patria.
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