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Especial - Congreso Eucarístico Internacional
La Eucaristía, respuesta al hambre y
la sed del mundo posmoderno
Homilía del cardenal Rivera al
inaugurar el Simposio Teológico Pastoral
GUADALAJARA, miércoles, 6 octubre
2004 - Homilía que pronunció este miércoles el cardenal Norberto
Rivera Carrera, arzobispo primado de México, en la misa de
inauguración del Simposio Internacional Teológico Pastoral previo al
Congreso Eucarístico Internacional de Guadalajara.
* * *
Amados hermanos en el ministerio
diaconal, presbiteral, episcopal. Señores Cardenales, muy querido
nuncio papal. Muy querido Señor Cardenal Arzobispo de Guadalajara.
Hemos escuchado el relato de la
Ultima Cena en la intimidad del Cenáculo contemplando a Jesucristo
que realiza lo que anuncia pues el pan partido, la copa que ofrece
como representación de la pascua judía constituye el anuncio del
nuevo pacto la nueva y eterna Alianza sellada con su sangre la del
Cordero sin mancha ofrecida para la Salvación de todos. Manda a los
suyos que hagan memorial que ritual icen su el misterio pascual
hasta que el vuelva de nuevo.
La Iglesia que vive de la Eucaristía
obediente al mandato del Señor, anuncia su muerte y proclama su
Resurrección esperando su ultima venida ya que Jesús ha dado un
sentido específico a su muerte en la Cruz la cual ha confirmado la
Ultima Cena, cuerpo roto como el pan y sangre derramada como el
vino; y su Resurrección que le ha dado valor de eternidad.
Así Cristo de modo sacramental y en
forma admirable se hace alimento y bebida para los suyos; los
alimenta para que ellos a su vez alimenten a todos los que creen en
El, pues ha venido para que «tengan vida y la tengan en abundancia»;
quiere a los suyos llenos de vitalidad divina, de vida autentica, la
que sólo puede dar El mismo.
Pues toda vez «que comemos de este
Pan y bebemos de este Cáliz» la Iglesia, como Madre verdadera,
continúa respondiendo al mandato de Jesús cuando realizo la
multiplicación de los panes: «denles ustedes de comer».
En aquella ocasión ante la multitud
reunida, sus discípulos habían propuesto una solución practica:
«despidan a la gente» y a continuación una solución económica:
«salgan a las aldeas y compren comida». Jesús, empero, tiene otro
proyecto que trasciende la practicidad y los parámetros económicos;
necesita solamente que sus discípulos estén dispuestos a entregarse
a sí mismos y todo lo que poseen a servicio del Reinado de Dios;
quien acoge, entra en la dinámica del Reino, entra en su misterio;
pero quien despide y rechaza no lo ha entendido y vive en actitud
excluyente.
Continuando el relato de la
multiplicación de los panes, el evangelista añade: «dijeron, no
tenemos aquí mas que cinco panes y dos peces. Jesús dijo:
tráiganlos». Los apóstoles se escudan en su pobreza, pero la pobreza
no viene dada por lo que se tiene, sino por la actitud a la hora de
compartir; el problema definitivo no es la producción cuanto en el
reparto, en el compartir. Este no es asunto matemático, sino que
afecta el corazón: a las intenciones y actitudes más profundas y a
la percepción que se tiene del otro. Esto es lo que quiere modificar
el Evangelio para que haya hombres nuevos que recreen la historia
como Jesús, más allá del cálculo egoísta que produce el hambre y la
miseria.
«Levantó los ojos al cielo, pronunció
la bendición, partió los panes y se lo dio...». Jesús introduce en
elemento nuevo: su Padre que está en los cielos. Sólo después de
establecida la relación con su Padre puede llegar al signo divino,
la multiplicación. Pronunciar la bendición significa reconocer que
algo que se posee es don recibido de lo alto, y como tal, muestra de
su amor paterno. Hay una bendición que reconoce la obra creadora de
Dios y la colaboración del esfuerzo y el trabajo del hombre.
Al reconocer su origen último, Dios
padre, se acepta como don suyo y se desvincula de su posesor humano
para hacerlo propiedad de todos. Se da una liberación del
acaparamiento egoísta que la esteriliza para que se convierta en don
de Dios para todos. La bendición crea la abundancia, pero no
sustituye la colaboración del hombre.
Y se realizó el portento, signo de su
poder divino. Ahora sus discípulos repartirán a la multitud el pan
compartido, el cual como fruto de la bendición de Jesús ha sido
multiplicado y saciará el hambre de todos; y es tan sorprendente el
signo mesiánico que hasta sobraron doce canastos de panes.
El tiempo mesiánico se ha
manifestado: Dios sacia a su pueblo gratuitamente y lo nutre de
cosas buenas de cosas buenas: vida y alegría mesiánicas;
vinculándolo con una comida abundante, signo de la gratuidad del
Reino mesiánico.
Con este acto de generosidad se
proclama que los bienes de la comunidad puestos a disposición de
todos, son bendecidos por Jesús y multiplicados por su poder divino
sacian el hambre de todos; logrando restaurar su sentido primigenio:
el bien de la humanidad entera.
Este es el sentido profundo de
nuestra Eucaristía en la que Jesús se entrega como pan partido para
todos, sin reservase nada para sí, sólo por amor pleno y total. De
tal manera que el que lo come será también alimento para los demás,
se dará y compartirá todo lo que es, todo lo que sabe y todo lo que
tiene, como Jesús pan de Vida.
En el marco celebrativo de este
Simposium Eucarístico Internacional aceptamos el desafío de Jesús:
¡Denles ustedes de comer! Ahí esta el grito intermitente del mundo
posmoderno sediento y hambriento de verdad, de justicia, de amor y
de paz.
Por nuestra parte, «cada vez que
comemos de este Pan y bebemos de este cáliz» asumimos la
responsabilidad para dar desde nuestra de Jesucristo; queremos
saciar su hambre repartiendo el pan de la Palabra y el pan de la
Eucaristía.
Sin duda alguna, vendrá la
multiplicación como lo ha mostrado a lo largo de la vida de la
Iglesia el que dijo: «yo estaré con ustedes siempre hasta el fin del
mundo».
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En tiempos de terrorismo y violencia,
volver al Rosario, propone el cardenal de Vilnius. En el Simposio
Teológico y Pastoral que prepara el Congreso Eucarístico
Internacional
GUADALAJARA, jueves, 7 octubre 2004
-El cardenal Jonzas Andrys Backis, arzobispo de Vilnius (Lituania),
propuso durante la homilía de inicio del segundo día de trabajo del
Simposio Teológico Pastoral, volver los ojos a María, «primer
tabernáculo» y contemplar con ella los misterios de la fe en Cristo.
Al presidir la Eucaristía, el
cardenal Backis hizo una analogía entre la presencia de María de
Guadalupe en México y la presidencia de María Madre de Misericordia,
en el Santuario de las Puertas de la Aurora, en las murallas de la
antigua ciudad de Vilnius. El Simposio Teológico Pastoral prepara el
Congreso Eucarístico Internacional que comenzará este domingo.
Jóvenes, niños, adultos, los
lituanos, desde siempre, dijo el cardenal Backis, han confiado en la
madre de Dios a partir del rezo del Rosario. Durante la Segunda
Guerra Mundial, añadió, los alemanes pedían a los lituanos
documentos de identidad. Como muchos no los tenían, enseñaban las
cuentas del Rosario. Era suficiente documento de identidad.
Cuando los soviéticos se hicieron con
el poder y deportaban a familias enteras --en vagones destinados a
los animales-- hacia Siberia y otros lugares ignotos, las familias
sacaban de sus casas, para que los acompañara en el viaje, el
Rosario. A menudo, añadió el arzobispo de Vilnius, era lo único que
llevaban con ellos.
Los presos lituanos hacían Rosarios
de pan, mojando las migas, secándolas y engarzándolas con un hilo.
«En casa de mi familia, en Vilnius, conservamos aún un Rosario de
eso tiempos».
«La fe de María en la divinidad de
Jesús nos anima también a nosotros a creer en el misterio de la
Eucaristía en pan y en vino, aquí y ahora se convierten en el mismo
Jesús», añadió. Más tarde hizo un himno a la maternidad de María
como fuente y cima de toda maternidad.
«Las mamás reconocen a sus hijos
perdidos, incluso después de muchos años, por un mechón de pelo o un
jirón podrido de su ropa. Se puede apelar al instrumental médico de
una investigación criminal, pero nadie ha conseguido engañar hasta
ahora el corazón de una madre», reconoció.
«En Vilnius, la capital de mi patria,
Jesús enseñó a la santa madre Faustina cómo quería para el mundo la
misericordia de Dios», afirmó haciendo referencia a María Faustina
Kowalska (1905-1938), apóstol de la Divina Misericordia, quien tuvo
una influencia decisiva en Karol Wojtyla.
«Este mensaje es especialmente
importante y urgente hoy, cuando el mundo se estremece ante el
horrible terrorismo y la malicia ciega del hombre --añadió--. La
única salvación posible es la confianza total en la misericordia de
Dios».
El testimonio de la Madre de Dios
aplasta el más radical escepticismo. Y María quiere que recemos el
Rosario porque quiere mostrar, a través de nosotros, el camino
sencillo y directo al corazón del Padre, dijo monseñor Jouzas Andrys
Backis.
«Recemos unidos, con perseverancia,
desde las fuentes del Rosario, con palabras que entienden los niños
y los ancianos --concluyó--. Y confiemos en que jamás se ha oído
decir que ninguno de los que han implorado la asistencia de María
haya sido abandonado».
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Un terremoto durante la comunión no
impide continuar la eucaristía
GUADALAJARA, jueves, 7 octubre 2004
-Un movimiento sísmico que alcanzó 4.2 grados en la escala de
Richter, sacudió este jueves el Occidente de México, y en particular
las instalaciones en las que se celebra el Simposio Teológico
Pastoral que prepara el Congreso Eucarístico Internacional.
El terremoto, que no provocó daños
humanos o materiales hasta el cierre de esta edición, podría ser
producto de la actividad del cercano volcán de Colima.
El movimiento telúrico, de naturaleza
trepidatoria, tuvo lugar a las 9:55 de la mañana, hora del centro de
México, justo cuando se distribuía la comunión entre los mil
asistentes al Simposio, entre los que se encuentran 15 cardenales,
14 arzobispos y 38 obispos de los cinco puntos del planeta.
La acción de gracias continuó con
absoluta devoción, no obstante los timbres de alarma funcionaron en
el exterior del Salón de Usos Múltiples de la Universidad del Valle
de Atemajac, en cuyas instalaciones se desarrolla el Simposio.
Por el contrario, cerca de cinco mil
alumnos de esa Universidad fueron desalojados por autoridades de
Protección Civil.
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La Eucaristía, luz para iluminar las
formidables sombras de Asia
Según constata un arzobispo filipino
GUADALAJARA, jueves, 7 octubre 2004 -
Uno de los testimonios sobre la situación de la fe en la Eucaristía
que mayor impresión han causado en el marco del Simposio Teológico
Pastoral que prepara el Congreso Eucarístico Internacional, fue, sin
duda, el de Asia.
Monseñor Carmelo Dominador Flores
Morelos, arzobispo de Zamboanga (Filipinas), presentó un diagnóstico
en el que se constata cómo el sacramento de la Eucaristía «llena las
lagunas existentes por la situación en Asia, brindando luz en la
niebla, dando vida a sombras formidables».
No obstante, el horizonte para el
dinamismo eucarístico en Asia parece ser enorme, reconoció el
arzobispo. Asía, cuna de las cinco religiones más grandes del mundo,
donde vive el 57.5 por ciento de los habitantes del planeta, posee
una minoría cristiana que no llega al tres por ciento,
La Iglesia en Asia debe proclamar a
Jesucristo en forma de diálogo frente al fundamentalismo y la
intolerancia de algunas religiones en el continente, consideró el
prelado. Por eso, indicó, este diálogo demanda una profunda
espiritualidad y la Eucaristía tiene que ser su alimento.
Asia está creciendo rápidamente en
tecnología y exportaciones pero sin incluir a las grandes capas de
la población, siguió constatando el arzobispo de Zamboanga. Esta
exclusión provoca migración, fuente de problemas tanto para los
países que producen emigrantes como para los países receptores.
Pero la migración está llevando la fe
a países que ya la habían perdido, constató el cardenal Morelos. Y
los cristianos emigrantes han llevado la fe consigo. Por ello,
afirmó, «en muchas partes del mundo, nuestros emigrados se han
convertido en evangelizadores».
La Iglesia asiática se ha tomado muy
en serio la pastoral de los emigrantes, aseguró. Sin embargo, las
sociedades asiáticas están dejando su tradición para optar por una
sociedad secularizada. La Iglesia católica en Asia, es la Iglesia de
los pobres, aseguró. Por ello, «es capaz de identificarse con Jesús,
pobre y humilde».
El prelado aseguró que «en la
contemplación del rostro de Cristo, en la adoración de la
Eucaristía, los cristianos asiáticos son capaces de identificarse
con el maestro».
Y en un gesto que hermana en la
Eucaristía a ambos continentes, monseñor Morelos manifestó que la
Iglesia de Asia se identifica con san Juan Diego, el indígena
mexicano testigo de las apariciones de la Virgen de Guadalupe, en la
pobreza y la simplicidad de su fe y como él pone en manos de María
de Guadalupe la fecundidad del apostolado de las iglesias asiáticas.
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Cardenal Lozano: En Guadalajara la
Iglesia redescubre la grandeza de la Eucaristía. El moderador del
Congreso hace un primer balance del Simposio Teológico Internacional
GUADALAJARA, viernes, 8 octubre 2004
- El Simposio Teológico Pastoral que este viernes concluía en
preparación del Congreso Eucarístico Internacional ha suscitado el
«estupor» y la «admiración» de la Iglesia por la Eucaristía, explica
su moderador general.
El cardenal mexicano Javier Lozano
Barragán, presidente del Pontificio Consejo para la Pastoral de la
Salud, respondió a algunas de las interrogantes planteadas sobre los
temas que han ocupado a los mil teólogos del mundo, reunidos en
Guadalajara durante estos tres días. Participarán también el en
Congreso Eucarístico, que comienza el domingo.
--¿Cuál es el objetivo que ha
perseguido este Simposio y el Congreso Eucarístico?
--Cardenal Lozano Barragán: Este
simposio ha querido tomar la fe del pueblo de Dios, lo que significa
la Iglesia, lo que significa ser cristiano hoy. Todo lo que estamos
haciendo, con este acopio de teólogos de todo el mundo, es que
pongan su inteligencia, su pensamiento al servicio de la fe en
nuestra actual realidad. De la fe en la Eucaristía que resume todas
las maneras de ser cristiano.
--¿Cuál ha sido la metodología?
--Cardenal Lozano Barragán: Partimos
de la constatación de cómo se vive la Eucaristía en los cinco
continentes. Luego tomamos como base la Encíclica del Papa que dice
que la Iglesia nace de la Eucaristía con seis temas: la fe, la
edificación de la Iglesia, la apostolicidad, la comunión, el decoro
en la celebración y la Virgen María. Los conferencistas y los
teólogos hemos tratado de profundizar en este Misterio. No venimos a
perder el tiempo: necesitamos reflexión para que la Iglesia progrese
en el mundo, para que se vea que Cristo está presente en el mundo en
el año 2004, en el Tercer Milenio y más allá.
--¿La Eucaristía puede ser el punto
de partida de esta nueva proyección de la Iglesia?
--Cardenal Lozano Barragán: El reto
es cómo la Santísima Trinidad, cómo la Encarnación del Verbo Cristo
Nuestro Señor, su muerte y su resurrección, se hacen presentes en el
evento eucarístico y cómo lo deleznable, lo no aparente, lo
pobrísimo de un pedazo de pan y de un poco de vino, lleva un
misterio insondable. Ahí está el significado concreto de la Iglesia
en el mundo, desde sus inicios hasta el fin del tiempo.
--¿Se trata de volver a generar el
estupor, la admiración que provocaba la Eucaristía en los orígenes
de la Iglesia?
--Cardenal Lozano Barragán: Este
simposio es una maravilla. Es un calidoscopio donde nos damos
cuenta, de diversas maneras, de qué manera es sublime lo que
nosotros pensamos y creemos como católicos; que eso no es algo de
sacristía, o algo para gente «piadosa», «mística»... La Eucaristía
es la plena realización del hombre en y para la comunidad.
--¿Existe un común denominador sobre
los aspectos negativos de la vivencia de la fe en la Eucaristía en
los cinco continentes?
--Cardenal Lozano Barragán: Sí, creo
que la amenaza a la fe católica en el mundo es doble. Por un lado el
secularismo y, por el otro, el fundamentalismo. Por secularismo
entiendo la globalización exclusiva de la economía. Por
fundamentalismo entiendo la estructura de funcionamiento de las
sectas, que consiste en negar la apostolicidad de la Iglesia y el
vaciamiento del sentido divino de los sacramentos.
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La Eucaristía, centro y cumbre de la
vida de la Iglesia
Según el obispo de Ratisbona,
monseñor Gerhard Ludwig Müller
GUADALAJARA, viernes, 8 octubre 2004
- El obispo de Ratisbona (Regensburg), Alemania, monseñor Gerhard
Ludwig Müller calificó como «muy importante para la vida de la
Iglesia católica» el Simposio Teológico Pastoral que prepara en esta
ciudad el Congreso Eucarístico Internacional.
Monseñor Müller participó en la
segunda jornada del Simposio que ha analizando y profundizando en el
dogma de la Eucaristía de la mano de la última encíclica de Juan
Pablo II, «Ecclesia de Eucaristía» afrontando el tema de la
apostolicidad de la Eucaristía y de la Iglesia.
Doctor en Teología, el obispo Müller
abordó uno de los aspectos esenciales de la Eucaristía: ser lazo de
identidad de la Iglesia en su mediación histórica de la Revelación;
en su enseñanza, vida sacramental y constitución social al paso de
los tiempos.
La apostolicidad --dijo-- es la
identidad permanente de la Iglesia a lo largo de la historia, en
vínculo con la Iglesia de los Doce y con los misioneros de la
Iglesia primitiva.
Subrayó así uno de los temas
centrales de «Ecclesia de Eucaristía»: si la Eucaristía es centro y
cumbre de la vida de la Iglesia, también lo es del ministerio
sacerdotal, parte fundamental, también, de las vocaciones
sacerdotales.
El obispo Müller reconoció más tarde,
en entrevista, que el intercambio de ideas entre más de mil teólogos
de todos el mundo enriquece enormemente el aspecto de la
apostolicidad de la Eucaristía, afirmando la misión salvífica de
Cristo, Cabeza de la Iglesia y de la Iglesia como mediadora de Jesús
glorificado por el Padre como Señor.
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La señal satelital del Congreso
Eucarístico Internacional será gratuita
GUADALAJARA, viernes, 8 octubre 2004
- La señal de televisión vía satélite hará que los principales
acontecimientos del Congreso Eucarístico Internacional lleguen a
todo el mundo gratuitamente.
Así lo informó Marisa Camacho de la
Comisión de Medios de Comunicación de la Archidiócesis de
Guadalajara.
Con esto, dijo, se cumple uno de los
deseos más profundos de esta Comisión que ha venido trabajando
intensamente los últimos tres años.
Los medios televisivos de todo el
mundo que lo deseen podrán seguir paso a paso el Congreso
Eucarístico, en particular la ceremonia de clausura, el domingo 17
de octubre, día en el que el Papa Juan Pablo II realizará un enlace
desde el Vaticano con Guadalajara para dirigir su mensaje al mundo
cristiano de apertura del Año de la Eucaristía.
La señal que cubrirá México y Estados
Unidos irá en compresión digital MPEG ll 4:2:0. Mientras que la
señal será completamente limpia, sin conductores ni cintillos en la
pantalla o indicadores de audio, con excepción de la Romería del 12
de octubre a la Virgen de Zapopan y la Peregrinación Eucarística del
14 de octubre por la tarde, ya que en ellas habrá postas de
trasmisión para narrar los recorridos.
Los satélites que difundirán la señal
son el Pas 3R y el Galaxy 4. La señal será emitida por el Grupo
Televisa de México y por el canal internacional católico EWTN. El
contacto para las especificaciones técnicas es cramirez@ewtn.com
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Patriarca de Venecia: La teología
evita confundir la Eucaristía con la magia
La Eucaristía, Dios que sale al
encuentro del hombre, constata el cardenal Angelo Scola
GUADALAJARA, viernes, 8 octubre 2004
- El cardenal Angelo Scola, patriarca de Venecia, considera que «la
teología --en cuanto reflexión sistemática y crítica de la fe del
pueblo santo de Dios-- reclama una profundización del misterio
eucarístico que permita evitar el riesgo de confundirlo con una
práctica mágica».
«La Eucaristía --es decir el
sacramento que cumple aquello para lo que todos los otros
sacramentos existen-- actúa la lógica de la Encarnación en cuanto
nos asimila completamente a Jesucristo, reuniendo visiblemente a los
hombres para hacer de ellos la Iglesia».
Con estas dos afirmaciones introdujo
el cardenal Scola el tema de la Eucaristía Misterio de la Fe que
desarrolló en su conferencia magistral ante unos mil teólogos de los
cinco continentes reunidos en el Simposio Teológico Pastoral del
Congreso Eucarístico Internacional que se está celebrando en
Guadalajara.
Asumiendo su condición de teólogo y
académico, el cardenal Scola insistió en que, para penetrar en el
misterio por excelencia de la vida de la Iglesia, la teología debe
enfrentar el misterio de la Eucaristía, «el misterio de fe más
oscuro y, a la vez más concreto»; un don --el de Cristo mismo-- que
pide ser recibido, que pide ser recibido sin una necesidad previa de
ser comprendido.
«Misterio de fe», dijo el cardenal
Scola, son las palabras que sintetizan el credo Eucarístico, el
designio salvífico de la Trinidad, el contenido de la fe de la
Iglesia que se trasmite de generación en generación, y el acto de
libertad en virtud del cual el cristiano se adhiere con toda su
humanidad (razón y voluntad) a la libertad trinitaria que le sale al
encuentro en el sacramento.
El patriarca de Venecia se refirió al
«Misterio de la fe» como un «encuentro de libertades» en el cual la
Trinidad se convierte en protagonista.
El cardenal Scola concluyó señalando
dos consecuencias pastorales fundamentales: considerar las
circunstancias en que la libertad del hombre puede encontrarse con
Dios, que le sale al paso; y replantear toda la catequesis en clave
sacramental, dado que la Eucaristía constituye el ámbito propio de
trasmisión de la fe.
«Lejos de reproponer esquemas
catequéticos definitivamente superados --aconsejó a los teólogos el
cardenal Scola--, partir de la Eucaristía significará ser
conscientes del peso de la libertad de nuestros interlocutores. No
dirigirse a la libertad del hombre que se encuentra, es condenar
inexorablemente el anuncio cristiano a la irrelevancia».
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Cardenal Amigo: España y América
Latina unidas por una identidad cristiana
«México sabe conquistar a sus
conquistadores», reconoce el arzobispo de Sevilla
GUADALAJARA, viernes, 8 octubre 2004
- Un año después de haber sido creado cardenal, el arzobispo de
Sevilla, Carlos Amigo Vallejo, fue el encargado de presentar los
aportes sobre la vivencia de la fe en la Eucaristía del continente
europeo en el marco del Simposio Teológico Pastoral que ha preparado
el Congreso Eucarístico Internacional.
En su presentación, el cardenal Amigo
Vallejo reconoció el temor de la Iglesia católica en torno al
paulatino abandono de la práctica religiosa en los países europeos,
aunque subrayó que la Eucaristía podrá ser un punto de encuentro con
Cristo y la puerta por donde se podría recuperar la fe.
«Tanto Europa como América enfrentan
diferencias muy marcadas entre sus poblaciones, por razones sociales
e históricas; sin embargo --dijo a la prensa el cardenal de
Sevilla--, en ambos continentes sucede lo mismo: las diferencias son
materiales, pero el espíritu posee una sola identidad».
Esto se demuestra porque en ambos
extremos del Atlántico, se pone a la familia por sobre todo, hay una
cultura similar y una esperanza compartida.
La identidad cristiana es el lazo de
unión entre ambos pueblos; una identidad que se reaviva por la
Eucaristía y, en los pueblos de América Latina, unida a las formas
populares de devoción a la Virgen María, como es el caso de la
Virgen en su advocación de Guadalupe.
«Es perceptible --afirmó-- cómo esta
devoción (a María) está profundamente arraigada en nuestro sentido
de familia, tanto por ser la Santa Madre de Dios, como por ser una
herencia que conservamos desde los recuerdos más remotos de la
infancia».
La incorporación de los elementos de
identidad cristiana a la vida de América Latina --como herencia y
participación de España-- es particularmente visible en México, dijo
el cardenal Amigo Vallejo. «México no puede entenderse sin su
historia. México sabe conquistar a sus conquistadores. México
recibe, se enriquece, no claudica».
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Comienza en Guadalajara el Congreso
Eucarístico Internacional
GUADALAJARA, domingo, 10 octubre 2004
- Este domingo, seis de la tarde (hora de México) dio inicio, con
una Solemne Concelebración Eucarística, la parte celebrativa del
XLVIII Congreso Eucarístico Internacional, en el Estadio Jalisco de
Guadalajara.
La Concelebración fue presidida por
el cardenal legado del Papa, Jozef Tomko, estando presentes los
delegados nacionales, diocesanos y parroquiales, así como las
delegaciones de los cinco continentes.
Ayer sábado 9 de Octubre, en todas
las parroquias de la Diócesis de Guadalajara, miles de niños se
acercaron por primera vez al Sacramento de la Eucaristía, después de
haber preparado en las parroquias no solo a los niños, sino también
a sus papás, padrinos, familia y toda la comunidad parroquial.
Muchas de estas celebraciones fueron
presididas por cardenales, obispos o sacerdotes que vinieron de
otras partes del mundo para unirse al Congreso.
Mientras tanto, hoy domingo, día de
la inauguración solemne, todas las iglesias de la ciudad alegraron
con su repique el inicio de la fiesta universal con Jesús
Eucaristía.
Al punto de las 12 del día anunciaron
al mundo, de forma sonora, el júbilo por la presencia de los
delegados de otras naciones y de todo México, en Guadalajara, «Statio
Orbis», lugar donde se detiene el girar del mundo cristiano.
Un aspecto fundamental que persigue
el Congreso es la reactivación y consolidación en todo el mundo de
la adoración a la Eucaristía, motivo por el cual, este mismo domingo
10, iniciará la Adoración Perpetua en muchos templos designados como
sedes -al menos uno por decanato- de adoración. En ellos permanecerá
expuesto el Santísimo Sacramento día y noche, todos los días del
Congreso.
Por la mañana del lunes 11 de
octubre, el programa del Congreso prevé un momento de encuentro, en
el que el Cardenal Juan Sandoval Íñiguez, arzobispo de Guadalajara,
dará la bienvenida a todas las delegaciones visitantes y
congresistas en general, presentes desde cualquier país o parroquia,
y expondrá el tema del día: «¡Queremos ver tu rostro, Señor!». Los
delegados se reunirán en el centro de exposiciones Expo-Guadalajara.
Esa misma mañana, un delegado de los
distintos continentes, hará una breve relación de la situación de la
fe en la Eucaristía: «Luces y sombras en su continente». Así, en
concatenación con el Simposio Teológico Pastoral previo, el Congreso
tendrá una visión panorámica del pueblo de Dios en relación al
sacramento Eucarístico.
El lunes 11, a las seis de la tarde,
se tendrá, como cada año, la misa de renovación del Patrocinio de
Nuestra Señora de Zapopan, en la Explanada del Instituto Cultural
Cabañas, presidida por el Cardenal Claudio Hummes, Arzobispo de Sao
Paolo, Brasil. Al terminar la Santa Misa, la Venerada Imagen será
llevada a la Catedral de Guadalajara para esperar el amanecer del
día siguiente, en que será llevada a su Basílica.
La Romería hasta la Basílica de
Zapopan, se realizará como todos los años el 12 de octubre, Día de
la Hispanidad, por conmemorarse el 512 aniversario del
Descubrimiento de América y del inicio de la evangelización del
Continente.
Cabe señalar que no habrá cambios en
esta populosa romería en la que el pueblo fiel es protagonista,
caminando tras la imagen o haciendo valla para aclamarla a su paso,
o adornando las calles y las casas.
Ese mismo día se llevará a cabo la
Solemne Eucaristía que celebrará el Cardenal Juan Sandoval Íñiguez,
cuando la Bendita Imagen llegue a su Basílica, en Zapopan.
La alabanza a María Santísima
culminará con el rezo del Santo Rosario, por lo que en distintos
lugares de la ciudad (uno por cada Vicaría Episcopal y centros
lingüísticos), se fundirán los congresistas con los feligreses de la
Arquidiócesis para celebrar rosarios vivientes.
A las cinco de la tarde del jueves 14
de octubre, frente a los Arcos de la Avenida Vallarta, habrá una
Solemne Concelebración Eucarística, presidida por el Cardenal
Stephen Fumio Hammao, presidente del Comité Pontificio para los
Emigrantes e Itinerantes. Después, se tendrá una procesión solemne
con el Santísimo Sacramento.
En concordancia con lo dicho por el
Papa Juan Pablo ll este domingo en Roma, durante el rezo del
Ángelus, la celebración eucarística del Congreso en Guadalajara,
cristalizará en una iniciativa de carácter social: la puesta en
marcha de la Fundación Cardenal José Garibi Rivera.
Inspirados en la «Populorum
Progressio», una fundación del Papa Juan Pablo II, creada para
socorrer, en sus posibilidades, a pobres de América Latina apoyando
proyectos de autogestión, la Arquidiócesis de Guadalajara ha fundado
una institución que lleva el nombre del primer cardenal: «Fundación
Cardenal José Garibi Rivera».
La intención de este organismo es
ayudar con pequeños montos, a personas que desean promoverse y salir
de su pobreza. Actualmente, entre otras cosas, está apoyando
proyectos desde las parroquias, brindando asesoría y construyendo su
sede, pues es costumbre, que en todo lugar donde se realiza esta
fiesta universal, quede una obra social de caridad, como recuerdo de
que la Eucaristía es modelo y exigencia de compartir.
Las jornadas del Congreso llegarán a
su cima con la solemne eucaristía presidida por el Legado
Pontificio, Jozef Tomko el próximo domingo, con un enlace televisivo
con Juan Pablo II, desde la basílica de San Pedro del Vaticano. En
ese día en que tendrá lugar la clausura de esta «Statio Orbis», a
las 5 de la tarde.
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Cardenal de Québec: Canadá tiene una
cita con Cristo en 2008
Anuncia la celebración del Congreso
Eucarístico Internacional
GUADALAJARA, domingo, 10 octubre 2004
- El cardenal Marc Ouellet, arzobispo de Québec y primado de Canadá,
acaba de recibir la estafeta para celebrar en su arquidiócesis el 49
Congreso Eucarístico internacional en el año 2008.
--¿Es posible reintroducir en un
mundo desacralizado la admiración, el estupor de la Eucaristía?
--Cardenal Ouellet: Ciertamente que
es posible, pero tenemos que inventar nuevos medios. Por ejemplo, el
arte. Los artistas son capaces como ningún otro de hacernos como
adivinar, de entrever el Misterio, la belleza del Misterio. Eso por
definición.
--¿Los artistas nos enseñan a ver
otra dimensión de las cosas?
--Cardenal Ouellet: Sí, así es. La
Eucaristía debería ser la fuente más hermosa de inspiración para los
artistas cristianos. Cuando uno contempla el icono de la Trinidad,
de Andrej Rublev, la adoración de la Hostia y la catequesis
eucarística del sentido de la celebración, adquieren otra
perspectiva. Uno comprende que para celebrar bien la Eucaristía, hay
que tener espíritu de adoración.
--¿Qué pasa si no se llega a la
comunión con ese espíritu?
--Cardenal Ouellet: Que uno dice amén
y no sabe lo que dice; no reconoce que ese es el Señor, que es Dios
entre nosotros, el Emmanuel. La Eucaristía debe provocar un gran
respeto pero, también, admiración: el Dios tan grande, trinitario,
se hace así de cercano en esta forma tan humilde al corazón del
hombre. Si eso no provoca la admiración, ¿qué podrá provocarla?
--¿Qué esperanza podrá llevar a la
arquidiócesis de Québec, a la parte de Canadá francófona y al Norte
de nuestro Continente, el próximo Congreso Eucarístico
Internacional, a celebrarse ahí en 2008?
--Cardenal Ouellet: La esperanza
principal es que un acontecimiento de esta grandeza y con este
contenido, ayude a mi pueblo a encontrar a Cristo. Cristo es el
centro de nuestra cultura histórica. La Eucaristía es la base de
nuestra cultura. En las últimas décadas pasamos a través de una
crisis grave, pero yo espero que, a través de un movimiento de nueva
evangelización, centrado en la Eucaristía, podamos volver a
descubrir a Cristo y volver a descubrir el sentido de la vida para
la juventud que hoy no sabe por dónde andar.
--¿Prevé usted transformaciones de
fondo en la cultura a partir del próximo Congreso Eucarístico
Internacional en Québec?
--Cardenal Ouellet: Estoy seguro de
que la Eucaristía va a volver a suscitar una cultura de la vida
donde niños nazcan en las familias, una cultura de la compasión
donde los pobres y los hambrientos y las personas que sufren reciban
más ayuda, más atención, más respeto también con los ancianos. Un
cambio para descubrir en el misterio eucarístico el testimonio más
elocuente de la Resurrección de Cristo, del poder de la Resurrección
para transformar al mundo, y hacer posible la construcción de una
sociedad más justa.
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La Eucaristía, sacramento de la
unidad de la Iglesia, según el cardenal Kasper
GUADALAJARA, domingo, 10 octubre 2004
- Al participar en el marco de 48 Congreso Eucarístico
Internacional, el cardenal Walter Kasper, presidente del Consejo
Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, dijo
que el carácter de unidad de la Eucaristía se ha ido perdiendo, en
gran medida por el individualismo y el subjetivismo de la modernidad
tanto en la comprensión como en la práctica de la Eucaristía.
El Concilio Vaticano II ha
significado un regreso a las fuentes, un regreso a la tradición
original, constató el purpurado alemán. En término de la unidad de
la Iglesia representada en la Eucaristía, el Concilio significó una
vuelta a los tres elementos que se deben tener en cuenta al hablar
del tema: las Sagradas Escrituras, los Padres de la Iglesia y los
grandes teólogos escolásticos.
Entre quienes entendieron en
profundidad la relación de Eucaristía e Iglesia, se encuentra san
Agustín. Llama a la Eucaristía «signo de unidad y vínculo de la
caridad», recordó Kasper. Este llamado ha tenido eco a lo largo de
la historia y representa un reto para la Iglesia de nuestros días.
De la Eucaristía como signo de unidad debemos extender el
pensamiento y la práctica de la Iglesia como signo e instrumento de
la unidad con Dios y de la unidad así como de la paz del mundo.
«Hoy --dijo el cardenal--, el
discurso del pluralismo está en boca de todos, es el dogma
fundamental de la filosofía posmoderna: que la pluralidad es la
única manera como se nos da el todo». Lo que no es pluralidad cae en
el territorio de la sospecha de totalitarismo, añadió.
La Unidad es una categoría
fundamental tanto de la Sagrada Escritura como de la Tradición. La
Eucaristía tiene una dimensión universal que «debe ser rescatada
ante reduccionismos individualistas y la nueva reducción de la
Eucaristía a una obtusa perspectiva comunitaria», dijo el cardenal
Kasper.
La unidad de la Eucaristía y la
Iglesia pueden sanar a un mundo enfermo y disperso, opinó. «La salud
del mundo se encuentra, para nosotros los cristianos, en el signo de
la cruz».
«La unidad es una categoría esencial
de la Biblia y el mandato explícito de Jesús --concluyó--. Jesús ha
querido una única Iglesia y Él nos ha dejado como testamento en la
última noche su dolor y esfuerzo, la oración y la preocupación por
la unidad. El ecumenismo es, por tanto, el mandato del Señor que
tenemos que seguir».
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Secularismo,
falta de vocaciones... Retos de la fe eucarística en tiempos de
globalización.
GUADALAJARA, lunes, 11 octubre 2004 -
Con una llamada a recuperar dentro de la Iglesia el coraje misionero
para evangelizar el mundo proponiendo la Eucaristía como luz y vida
del nuevo milenio, se desarrolla esta semana de celebración, actos
culturales, romerías y adoración del Santísimo Sacramento, el
Congreso Eucarístico Internacional en esta ciudad del Occidente de
México.
Los cardenales, obispos, sacerdotes y
teólogos reunidos en la fase previa, la fase reflexiva y teológica
que concluyó el pasado viernes 8 de octubre, enumeraron tanto los
retos como las esperanzas de la fe en la Eucaristía en el umbral del
Tercer Milenio.
Los participantes en el Congreso han
definido como uno de los retos esenciales la promoción de las
vocaciones religiosas y sacerdotales.
De acuerdo con el obispo de Ratisbona
(Regensburg, Alemania) Gerhard Ludwig Müller, «no faltan vocaciones;
Cristo llama siempre suficientes jóvenes para que sean ordenados
sacerdotes». Lo que falta, dijo, «es nuestra confianza; es nuestro
pecado que no tengamos suficientes sacerdotes».
El mismo obispo Müller afirmó:
«Nuestra respuesta a la falta de sacerdotes no pueden ser algunas
soluciones, sino preocuparnos para ser nosotros mismos buenos
sacerdotes, que sean ejemplos vivos de la vocación de los jóvenes».
En otro de los retos destacados en
las conclusiones del Simposio Teológico Pastoral del Congreso, se
subraya la necesidad imperiosa de fortalecer la unión entre todos
los cristianos bajo la consigna de nuestro Señor Jesucristo: «Que
todos sean uno».
Tal fue el sentido de las palabras
del cardenal Walter Kasper quien subrayó que la Iglesia, a través de
la Eucaristía, propicia la paz del mundo y que el ecumenismo es el
diálogo al que nos ha mandado Cristo desde la noche de la Pasión.
El objetivo --estimaron los
prelados-- es arraigar la fe en la Eucaristía a través de una sólida
catequesis, para que ante el fenómeno de la globalización económica
el mercado no se convierta en la nueva deidad a venerar.
En este sentido se ha pronunciado en
repetidas ocasiones el cardenal mexicano Javier Lozano Barragán,
presidente del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud,
quien dijo a Zenit-El Observador que los dos grandes enemigos de la
fe en la Eucaristía son la secularización y el fanatismo.
«Ahora --expresó el cardenal Lozano
Barragán-- se globaliza todo: hasta los virus; es tiempo de comenzar
la tarea de globalizar la solidaridad».
El punto final del Simposio Teológico
Pastoral y el de arranque de la etapa de celebración y fiesta del
Congreso Eucarístico Internacional, lo marcó el cardenal Jozef Tomko,
presidente del Comité Pontificio para los Congresos Eucarísticos
Internacionales y legado papal al actual Congreso.
El purpurado eslovaco ha aclarado que
la dirección de la barca de la Iglesia católica que conduce con mano
firme y sabia el Papa Juan Pablo II es la Eucaristía, el misterio de
la fe, que exige a todos los creyentes el sentido y la práctica de
la unidad.
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La «cultura eucarística» mexicana,
esperanza para la Iglesia; subrayan cardenales y obispos
GUADALAJARA, lunes, 11 octubre 2004 -
¿Es México, país con el segundo número de católicos del mundo, la
esperanza del resurgimiento de la Eucaristía?
Con motivo del 48 Congreso
Eucarístico Internacional (CEI), que este domingo comenzó su fase de
celebración, han recogido una serie de testimonios de algunos
prelados de la Iglesia católica que han asistido a la primera fase
del Congreso, el Simposio Teológico Pastoral. Éste es el resultado.
El cardenal Walter Kasper, presidente
del Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos, aseveró que
es la primera vez que está en México y confesó que está muy
impresionado de la fe de la multitud de mexicanos que ha visto en
diferentes santuarios. «Es la primera vez que estoy con la Virgen de
Guadalupe y estoy admirado de la piedad popular, la gran fe de la
gente sencilla, pero yo pienso que en México sí hay una esperanza
para la Iglesia universal».
Por su parte el Cardenal Francis
Bernard Law, estadounidense nacido la ciudad de Torreón, México,
actualmente Arcipreste de Santa María la Mayor en Roma, subrayó: «En
agosto tuve la oportunidad de visitar la ciudad de San Luis Potosí,
por el aniversario de la fundación de esa diócesis, y esta visita me
dio a conocer mucho de la cultura mexicana. La cultura mexicana es
una "cultura eucarística", y pienso que es muy especial. Por
supuesto que tiene desafíos, pero el resto del mundo también los
tiene».
Por otro lado, el actual presidente
de la Conferencia del Episcopado Mexicano, José Guadalupe Martín
Rábago subrayó: «el pueblo de México es espontáneamente un pueblo
"eucarístico", y ha vivido con sencillez su acercamiento a la
Eucaristía: Adoración Nocturna, Horas Santas, la fiesta de Corpus y
multitud de manifestaciones de religiosidad popular... Necesitamos
profundizar esta religiosidad popular, tan rica y digna de ser
respetada; profundizarla, para que tenga también un contenido más
acorde con toda la dimensión del Misterio de la Santísima
Eucaristía".
El Patriarca de Venecia, Cardenal
Angelo Scola ha ido más allá al afirmar que, en su opinión, la
Iglesia Católica de México es la más importante del mundo, al tiempo
que la calificó como futuro de la Iglesia universal.
Sobre este punto dijo: «Estoy
convencido de que la Iglesia de México es el futuro de la Iglesia,
porque es la más importante Iglesia del pueblo de Dios; el mestizaje
de pueblos y culturas de México encontró su ADN en la Virgen de
Guadalupe».
Previamente, en conferencia de
prensa, el legado papal al Congreso, el cardenal Jozef Tomko, había
dicho que «México ocupa una lugar especial en el continente de la
esperanza [así se refiere el Papa a América Latina, ndr.] y en la
nueva evangelización que se propone a partir de la fe en la
Eucaristía».
El mismo cardenal Tomko, protagonizó
un acto en el que quedó plasmado su estupor ante la fe de los
mexicanos. El sábado 9 de octubre, después de dar la primera
Comunión a más de 300 niños en la Villa de los Niños --un lugar de
acogida-- en el pequeño poblado de Acatitlán, perteneciente a la
arquidiócesis de Guadalajara, el cardenal tomó su cámara de vídeo y
tomó para sí recuerdos de su visita.
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Homilía del cardenal Tomko, legado
papal, al inaugurar el Congreso Eucarístico
«Del Cenáculo a Guadalajara», «la
Eucaristía es el amo que da la vida para la vida del mundo»
GUADALAJARA, lunes, 11 octubre 2004 -
Tras el repique general de las campanas de todas las iglesias de la
Archidiócesis de Guadalajara, el día de ayer se llevó a cabo la
solemne concelebración eucarística que dio inicio al XVLlll Congreso
Eucarístico Internacional.
Ante un Estadio Jalisco lleno de
fieles, el cardenal Jozef Tomko, pronunció la homilía en la que
invitó a anunciar el amor de Cristo Eucaristía en un mundo de luces
y sombras; de anhelo de paz y violencia extrema.
Homilía del cardenal Tomko.
* * *
En este inicio del tercer milenio,
los creyentes en Jesucristo venimos de todo el mundo, representando
a las Iglesias de todos los Continentes, aquí a Guadalajara, en este
hermosísimo país, México, para manifestar y corroborar nuestra fe en
Jesucristo Eucaristía. Este es ya el 48º Congreso Eucarístico
internacional y el primero del tercer milenio.
En nombre de todos y con todos
vosotros enviamos ante todo un afectuoso saludo a nuestro amado
Santo Padre, Juan Pablo II, Sucesor de Pedro y Jefe de la Iglesia
Católica. Personalmente, le doy las gracias por haberme enviado como
Legado suyo para el Congreso. Él está con nosotros, nos sigue con
sus oraciones y al final del Congreso nos dirigirá Su Mensaje
acompañado por la Bendición Apostólica.
Saludo cordialmente al Eminentísimo
Cardenal Juan Sandoval Íñiguez, Pastor de esta Iglesia de
Guadalajara, que no ha escatimado esfuerzos y recursos para
organizar, juntamente con muchos colaboradores y con el apoyo del
Pontificio Comité Romano, esta fiesta eucarística.
Asimismo, saludo fraternamente a los
Señores Cardenales y a los venerables Hermanos en el episcopado y en
el sacerdocio.
Mi respetuoso saludo va también a las
ilustres Autoridades nacionales, regionales y locales, así como a
las militares.
Con afecto saludo a los diáconos, los
religiosos y las religiosas, los seminaristas, los miembros de los
movimientos y de las asociaciones, especialmente a las de adoración
eucarística.
Mi corazón se ensancha para saludar a
los jóvenes, las familias, los ancianos, los pobres, los que sufren,
así como a las delegaciones de todos los continentes, naciones y
lenguas.
A todos vosotros, aquí presentes, os
digo: ¡La paz y la alegría en Cristo Eucaristía estén con todos
vosotros!.
1. Del Cenáculo a Guadalajara.
1.1 Venimos de nuestro mundo Venimos
de un mundo lleno de luz pero también de pesadas sombras. Por un
lado, se nota la búsqueda de algo que una a la humanidad, como se ha
visto en las últimas olimpíadas, el anhelo de paz, el
redescubrimiento de la belleza de la creación, la defensa de los
derechos humanos, la sensibilidad por la justicia social, etc. En la
Iglesia misma vemos el despertar de los jóvenes, a los que el Santo
Padre ha encomendado la estupenda tarea de ser "centinelas de la
mañana"; están aumentando y madurando las Iglesias jóvenes; después
de un siglo de grandes Papas, Juan Pablo II es cada vez más
ampliamente reconocido como la más alta autoridad moral no sólo de
los católicos sino también de la humanidad entera, el cual ahora
sigue enseñando con su ejemplo, además de con su palabra; está
constantemente presente ante los ojos de todos el compromiso de la
Iglesia por la paz, por la dignidad humana, por la justicia y por
los pobres y los más débiles, por la cultura de la vida contra la
cultura de la muerte, por el inestimable valor de cada persona, pero
también por el ecumenismo y el diálogo interreligioso..., para
mencionar solamente algunas luces.
Sin embargo, venimos de un mundo que
también se ve turbado por sombras tenebrosas: guerras conocidas y
olvidadas, declaradas o solapadas; violencias y conflictos de
diversa índole; el ataque ideológico al matrimonio y a la familia, y
a la misma vida humana desde su concepción hasta la muerte natural,
ahora amenazada también con la eutanasia de los ancianos, de los
enfermos e incluso de los niños recién nacidos con un homicidio
legalizado; el oscurecimiento de la conciencia moral; la pérdida de
la capacidad de amar fiel y constantemente; el terror que se
transforma en horror; la pérdida del sentido del pecado, que denota
la pérdida del sentido de Dios; la "apostasía silenciosa" de Cristo
de algunas regiones cristianas; un laicismo que excluye a Dios de la
vida social e incluso de la conciencia privada; un agnosticismo que
no deja espacio a la religión y resulta peor que el ateísmo,
mientras proliferan manifestaciones de una religiosidad sectaria y
fanática, con frecuencia fundamentalista.
Venimos de este mundo a buscar la luz
para nuestra vida, la certeza para nuestras dudas, la valentía para
dar testimonio de nuestra fe a nuestros hermanos y hermanas que se
encuentran en dificultades, el alimento para nuestra vida y la de
nuestros semejantes. "Queremos ver tu rostro, Señor". Con Pedro,
también nosotros queremos manifestar y profesar nuestra fe en
Jesucristo: "Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida
eterna" (Jn 6, 68). Jesús mismo declaró: "Yo soy la luz del mundo.
El que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz
de la vida" (Jn 8, 12). Y también: "Yo soy el pan de la vida" (Jn 6,
48). Luz y vida, he aquí lo que nuestro mundo necesita.
1.2 Eucaristía - Cristo en quien
creemos
Hemos venido a este Congreso desde
diversas partes de nuestro mundo para celebrar la Eucaristía. Pero,
¿qué es la Eucaristía? Después de la consagración, lo decimos: Es
misterio de la fe. Es un don inestimable. Más aún, "la Iglesia ha
recibido la Eucaristía de Cristo, su Señor, no sólo como un don
entre otros muchos, aunque sea muy valioso, sino como el don por
excelencia, porque es don de sí mismo, de su persona en su santa
humanidad, así como de su obra de salvación" (Ecclesia de
Eucharistia, 11). Por eso, sería más exacto preguntarse: "¿Quién es
la Eucaristía?", no: "¿Qué es la Eucaristía?".
Para confirmar nuestra fe, debemos
remontarnos al origen de la Eucaristía, es decir, a Cafarnaúm, donde
fue prometida, y al Cenáculo, donde fue instituida. Con el Evangelio
en las manos y con el corazón abierto, releer el capítulo sexto de
Juan, especialmente las palabras que acabamos de escuchar: "Yo soy
el pan vivo, que ha bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá
para siempre; y el pan que yo le daré es mi carne para la vida del
mundo... El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y
yo lo resucitaré el último día" (Jn 6, 51. 54). Sí, la Eucaristía es
Jesucristo mismo, vivo, real, aunque esté presente bajo el velo
sacramental del pan y del vino. ¿Acaso nos parecen "duras" sus
palabras, difíciles de entender para nuestra mentalidad acostumbrada
a comprobarlo todo con los sentidos, con los aparatos, con la
tecnología, como les parecían difíciles a algunos discípulos en los
tiempos de Jesús? Y, sin embargo, Jesús no cambia ni una coma; antes
bien, refuerza sus afirmaciones. Pero nosotros estamos con Pedro y
con su fe: "Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida
eterna, y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios" (Jn
6, 68). Por eso, para nosotros la Eucaristía es Él mismo, es
"misterio de la fe", pero es una realidad verdadera. Hoy nos
encontramos ante Cristo Eucaristía con el asombro de la fe, de la
alegría, de la admiración, del amor.
Es el mismo asombro que invadió a los
Apóstoles en el Cenáculo. En aquel clima solemne, pero también
triste en previsión de la pasión, Jesús manifestó su amor infinito a
la humanidad y realizó lo que había prometido. Como nos relata san
Juan, "antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había
llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a
los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo" (Jn 13,
1), es decir, hasta el límite. Y entonces dejó a los suyos no un
recuerdito, no una imagen, no un don aunque fuera memorable, no un
objeto querido, sino a sí mismo. Y además escogió la forma de pan y
de vino para significar que quería convertirse en nuestro alimento,
en apoyo de nuestra vida y fuente de nuestra existencia eterna. Se
dio a sí mismo en alimento por nosotros para poder quedarse con
nosotros en una unión totalmente singular e íntima, en analogía con
el alimento que entra en el circuito vital de nuestro cuerpo y a
través del metabolismo vital se transforma en vida nuestra y
energía. De manera semejante Jesús mismo quiso entrar en una
comunión muy íntima con nosotros: "El que come mi carne y bebe mi
sangre, habita en mí y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me
ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por
mí" (Jn 6, 56-57). Esta estupenda realidad debe inspirar y
transformar nuestra vida y nuestras comuniones eucarísticas en
encuentros vitales que inspiren nuestras actividades.
Pero la riqueza de la Eucaristía, de
esta invención maravillosa del amor divino, no se agota aquí.
2. "Pro mundi vita" - "Para la vida
del mundo"
Jesucristo instituyó la Eucaristía
también con otra finalidad. No por casualidad dijo desde que
prometió el pan de la vida: "El pan que yo daré es mi carne para la
vida del mundo" (Jn 6, 51). Luego, cuando en el Cenáculo instituyó
la Eucaristía, tomó el pan y declaró solemnemente: "Esto es mi
cuerpo, que será entregado por vosotros" . Y sobre el vino declaró:
"Éste es el cáliz de mi sangre, que será derramada por vosotros".
Así realizó Jesús, en la misma noche en que fue traicionado, con
unas horas de anticipación y de modo incruento, sacramental, el
sacrificio que poco después ofreció de modo cruento en la Cruz. Por
tanto, instituyó la Eucaristía como su sacrificio redentor. Y,
además, quiso que se perpetuara a lo largo de los siglos, y por ello
dio a los presentes en el Cenáculo una orden que es también un poder
especial: "Haced esto en conmemoración mía". Desde entonces, los
sacerdotes de la Iglesia cumplen fielmente este sublime deber, como
lo describe san Pablo en la carta a los fieles de Corinto: "Pues
cada vez que coméis de este pan y bebéis de este cáliz, anunciáis la
muerte del Señor, hasta que vuelva" (1 Co 11, 26).
Como en tiempos de san Pablo en la
Iglesia primitiva, también hoy aquí, en Guadalajara, hacemos lo que
nos mandó el Señor: el celebrante repite fielmente las palabras del
Señor sobre el pan y sobre el vino, los convierte en el cuerpo y en
la sangre de Cristo en memoria de él y proclama: "Es misterio de la
fe". Seguidamente el pueblo profesa su fe en el sacrificio de Cristo
que se renueva en el altar: "¡Anunciamos tu muerte, Señor!". Y no es
sólo la evocación de la pasión y muerte del Señor, una pura
conmemoración como en una representación teatral sagrada, sino que
es la representación sacramental de este acontecimiento salvífico.
Este acontecimiento central de salvación se hace realmente presente
y "se realiza la obra de nuestra redención" (Lumen gentium, 3).
"Este sacrificio -afirma el Santo Padre- es tan decisivo para la
salvación del género humano, que Jesucristo lo realizó y volvió al
Padre sólo después de habernos dejado el medio para participar de él
como si hubiéramos estado presentes". La Eucaristía es precisamente
este medio. El mismo Papa exclama a continuación: "¿Qué más podía
hacer Jesús por nosotros? Verdaderamente, en la Eucaristía nos
muestra un amor que llega "hasta el extremo" (Jn 13, 1), un amor que
no conoce medida" (Ecclesia de Eucharistia, 11). ¡Amor que da la
propia vida para la vida del mundo, también de nuestro mundo, de
nuestro milenio, de cada uno de nosotros!
Conclusión
Queridos hermanos y hermanas,
inauguramos solemnemente este Congreso para venerar, adorar, alabar,
agradecer y orar a Jesucristo presente en medio de nosotros en la
Eucaristía, sacramento de Su amor. La mirada materna y la poderosa
intercesión de María, Mujer eucarística, nos acompañe en el camino
de estos días, "a fin de que, fortificados con el banquete
eucarístico, seamos en Cristo luz en las tinieblas y vivamos
íntimamente unidos a él, nuestra vida" (Oración por el Congreso).
Amén.
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Esperanzas de Juan Pablo II para el
Congreso Eucarístico
Un culto más pleno al misterio
eucarístico, propone
GUADALAJARA, lunes, 11 octubre 2004 -
Con fecha del 6 de agosto de 2004, fue dada a conocer la carta de
presentación del Legado Pontificio, Josef Tomko, al 48 Congreso
Eucarístico Internacional que el día de hoy se desarrolla con la
presentación de la fe en la Eucaristía en los cinco continentes.
En el cuerpo de la misiva, el Papa
Juan Pablo II hace una exhortación a todos los participantes del
Congreso, para que la Eucaristía sea vivida de una manera más plena
en el seno de la sociedad contemporánea. El Santo Padre expresa su
ruego a Santa María de Guadalupe para que la fe en el Misterio
Eucarístico se robustezca en todos los corazones cada día más.
Texto completo de la carta.
A Nuestro Venerable Hermano JOZEF
TOMKO
CARDENAL DE LA SANTA IGLESIA ROMANA
Presidente del Comité Pontificio para
los Congresos Eucarísticos Internacionales
Señores Cardenales y distinguidas
Autoridades,
Venerables Hermanos en el episcopado
y en el sacerdocio,
Hermanos y hermanas en el Señor!
"La Eucaristía, presencia salvadora
de Jesús en la comunidad de los fieles y su alimento espiritual, es
el tesoro más precioso que la Iglesia puede tener en su caminar por
la historia." (Ecclesia de Eucaristía, 9). Efectivamente, los fieles
cristianos continúan recurriendo en el curso de los siglos a este
divino tesoro, de donde, como de un manantial que brota con fuerza,
pueden apagar la sed de las cosas celestiales, y de ahí toman el
vigor para desempeñar los deberes cotidianos animosamente y con
mayor diligencia..
También en nuestro tiempo, no faltan
las manifestaciones de religiosidad pública para fortalecer más y
más la fe en este sacratísimo Misterio. Así pues, el próximo mes de
octubre, en México, en la ciudad de Guadalajara, se celebrará el
XLVIII Congreso Eucarístico Internacional, en el que sin duda
participarán muchos Hermanos Cardenales y Obispos, sacerdotes,
hombre y mujeres de vida consagrada y también fieles laicos que se
congregarán ahí, provenientes incluso desde lejanas regiones del
mundo.
Mas para que ningún elemento de esa
brillante celebración carezca en absoluto de Nuestro apoyo o
consentimiento, y para que no parezca como si faltara a alguno de
los actos peculiares de ella Nuestra misma presencia activa, Nuestra
voz y Nuestra máxima autoridad, colmando también los deseos de
Nuestro Venerable Hermano, Juan Sandoval Íñiguez Cardenal de la
Santa Iglesia Romana, Arzobispo de Guadalajara, y de su comunidad
eclesial, hemos decidido enviar a algún Prelado, que desempeñe ahí
Nuestras funciones.
Ya que tenemos conocimiento,
Venerable Hermano Nuestro, de Tu integridad doctrinal, y nos hemos
percatado igualmente de Tu sólida piedad y fidelidad hacia este
Misterio de nuestra fe, y hemos conocido a fondo Tu esfuerzo
pastoral para guiar a todos los fieles a acercarse más estrechamente
a tan abundante fuente de gracias, manifestando Nuestra benevolencia
hacia Ti, por estas letras Te nombramos y constituimos NUESTRO
LEGADO, para que, desde el día 10 hasta el día 17 del próximo mes de
octubre en Guadalajara, México, presidas en Nuestro nombre y con
Nuestra autoridad las solemnes celebraciones sagradas y de todo
género, que se realizarán en tan gran acontecimiento.
Allí les llevarás nuestro saludo y
harás patente a todos los presentes nuestra benevolencia. Asimismo,
con la palabra y el ejemplo, exhortarás a todos a un culto más pleno
al Misterio Eucarístico; mientras tanto, rogamos al Señor que, por
intercesión de la Bienaventurada Virgen de Guadalupe que ahí se
venera con tanto fervor, la fe eucarística se robustezca en todos
los corazones cada día más.
Por último, con gusto impartimos
abundantemente Nuestra Bendición Apostólica, pregonera de la ayuda
divina, a Ti en primer lugar y, por medio Tuyo, a todos
participantes en este acontecimiento.
Desde el Palacio Vaticano, día 6 de
agosto de año 2004, vigésimo sexto de nuestro pontificado.
A todos vosotros, aquí presentes, os
digo: ¡La paz y la alegría en Cristo Eucaristía estén con todos
vosotros!.
Juan Pablo II
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Llamamiento de los católicos iraquíes
al Congreso Eucarístico Internacional
Declaraciones de su representante, el
archieparca de Mosul
GUADALAJARA, martes, 12 octubre 2004
- El archieparca de los católicos sirios en Mosul, Irak, monseñor
Basile Georges Camoussa fue el único representante de la Iglesia de
Irak, que participa en el Congreso Eucarístico Internacional que se
celebra en Guadalajara.
Ha tenido que regresar a Mosul,
duramente castigada por los combates que libran fuerzas de los
Estados Unidos y grupos rebeldes atrincherados en la zona.
Antes, pudo hablar con la prensa, en
particular con «El Semanario», órgano de la archidiócesis de
Guadalajara, que, durante el Congreso, está ofreciendo una edición
diaria entre los participantes.
«Quiero dar un grito en este
Congreso. Quiero hacer escuchar la voz de los pueblos oprimidos y
que todos, principalmente los políticos, la escuchen: que los
pueblos no sean madera para quemar en los hornos», dijo el
archieparca.
En cuanto a las esperanza que los
católicos de Irak tienen en este Congreso, en medio del polvorín en
que se ha convertido Oriente Medio, el arzobispo de Mosul expresó su
deseo de que el Congreso Eucarístico Internacional «pueda hacernos
salir de nosotros mismos, para sentir el sufrimiento de los otros, y
para clamar por la causa de todos aquellos que sufren, sobre todo,
el clamor del derecho de los pueblos para vivir en paz».
Sobre el tema de la Eucaristía de
comunión, que ha sido el tema principal del Congreso, sobre todo en
su primera etapa reflexiva y teológica, monseñor Casmoussas subrayó
que «la presencia de Cristo no puede ser verdadera en nuestra vida,
si nosotros no estamos en comunión con los otros, sobre todo
aquellos que sufren más y se encuentran en dificultad».
No obstante el miedo, reconoció el
prelado, «yo soy responsable de una Iglesia, y tengo la convicción
de que debo permanecer en mi país, porque debemos sostener la fe de
nuestro pueblo».
Calificó, finalmente, la voz de la
Iglesia católica como san Juan Bautista, «una voz que clama en el
desierto». Sin embargo, afirmó, «a mí la voz todavía no se me
acaba».
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Las islas de Oceanía, unidas por el
océano y la fe en Jesucristo
Por el arzobispo de Perth
(Australia), Barry J. Hickey
GUADALAJARA, martes, 12 octubre 2004
- Al presentar la situación de luces y sombras sobre la situación de
la fe eucarística en Oceanía, el arzobispo de Perth (Australia),
Monseñor Barry J. Hickey, ha hecho un análisis de la diversidad de
culturas que componen este continente, señalando esta realidad como
un reto y una esperanza para la fe católica.
En Oceanía, dijo, las pautas
culturales y tradicionales de las poblaciones aborígenes se han
visto influidas en ocasiones, muy profundamente, por las sucesivas
olas de pueblos provenientes de Europa y de otros países. En Oceanía
lo viejo coexiste con lo nuevo, lo tradicional con lo moderno, las
economías de subsistencia a base de caza y pesca con las economías
tecnológicas del primer mundo.
En esta situación compleja es donde
el Evangelio de Jesucristo ha sido transmitido por valientes
misioneros y ha producido fruto en tierra buena, agregó el arzobispo
de Perth, quien señaló que «no sólo las inmensas aguas del Océano
Pacífico nos unen, sino también nuestra fe en Jesucristo».
«Esta fe que compartimos como
hermanos es la que nos reúne aquí hoy, para proclamar nuestro
profundo amor a nuestro Salvador Jesucristo, presente entre nosotros
como nuestro Señor Eucarístico», añadió.
El tema central del Sínodo de Oceanía
celebrado en Roma en 1998 continúa inspirándonos a «caminar su
Camino, a proclamar su Verdad y a vivir su Vida», confirmó Monseñor
Hickey, quien perfiló el futuro de la fe católica de este continente
con estas palabras: caminar con Cristo, proclamar su verdad y vivir
su vida, en un esfuerzo misionero, «para entrar de lleno en la nueva
Evangelización, unidos con el Santo Padre».
Para finalizar su exposición, la más
breve de la presentaciones realizadas por las delegaciones
continentales que asisten al Congreso Eucarístico de Guadalajara, el
arzobispo Hickey citó un pasaje de la exhortación apostólica de Juan
Pablo II «Ecclesia in Oceania» en la que recoge las conclusiones del
primer Sínodo de obispos de ese continente así como uno de los
sentimientos más profundos de sus católicos.
«Al aceptar los pueblos de Oceanía la
plenitud de la Redención en Jesucristo, encontraron un impresionante
símbolo en el cielo nocturno: la Cruz del Sur, que preside el
firmamento como signo luminoso de la gracia y bendición de Dios»,
recordó el prelado citando el número 13 del documento pontificio.
«La generación cristiana actual, está
llamada y es enviada a llevar a cabo una Nueva Evangelización entre
los pueblos de Oceanía, como una proclamación fresca de la verdad
eterna, evocada por el símbolo de la Cruz del Sur», concluyó.
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Claves para que Europa redescubra a
Cristo
Según el cardenal Carlos Amigo
Vallejo
GUADALAJARA, martes, 12 octubre 2004
- Al presentar la situación de la fe en la Eucaristía que se vive en
Europa, el cardenal de Sevilla (España), Carlos Amigo Vallejo, hizo
un largo recorrido por las luces y las sombras que recorren hoy el
catolicismo en medio de una Iglesia «que tiene vocación universal».
«Dios --dijo el Cardenal de Sevilla--
es hoy el gran desconocido. Un agnosticismo práctico pretende dejar
a Dios en la penumbra y sin presencia alguna en la vida de los
hombres».
Ante este panorama, el cardenal Amigo
Vallejo recomendó «mirar más a Cristo; más a la llamada que a la
dificultad; más a la esperanza que al desánimo».
* * *
"He podido celebrar la Santa Misa en
los lugares más diversos - dice Juan Pablo II - y ello me hace
experimentar el carácter universal de la Eucaristía, que se
"celebra, en cierto sentido, sobre el altar del mundo. Ella une el
cielo y la tierra. Abarca e impregna toda la creación".(1)
El sentido universal, la catolicidad
de la Eucaristía puede ser "sentida como una sinfonía de las
diversas liturgias en todas las lenguas del mundo, unidas a una
única liturgia, o como un coro armonioso que, sostenido por las
voces de inmensas multitudes de hombres, se eleva según innumerables
modulaciones, timbres y acordes para la alabanza de Dios, desde
cualquier punto de nuestro globo, en cada momento de la
historia".(2)
Alabanzas sin fin son las que se
pueden hacer ante el admirable misterio de la Eucaristía, pero
"junto a estas luces, no faltan sombras. En efecto, hay sitios donde
se constata un abandono casi total del culto de adoración
eucarística. A esto se añaden, en diversos contextos eclesiales,
ciertos abusos que contribuyen a oscurecer la recta fe y la doctrina
católica sobre este admirable Sacramento. Se nota a veces una
comprensión muy limitada del Misterio eucarístico. Privado de su
valor sacrificial, se vive como si no tuviera otro significado y
valor que el de un encuentro convival fraterno. Además, queda a
veces oscurecida la necesidad del sacerdocio ministerial, que se
funda en la sucesión apostólica, y la sacramentalidad de la
Eucaristía se reduce únicamente a la eficacia del anuncio. También
por eso, aquí y allá, surgen iniciativas ecuménicas que, aun siendo
generosas en su intención, transigen con prácticas eucarísticas
contrarias a la disciplina con la cual la Iglesia expresa su fe.
¿Cómo no manifestar profundo dolor por todo esto? La Eucaristía es
un don demasiado grande para admitir ambigüedades y reducciones".(3)
Este es el misterio de nuestra fe. La
Eucaristía. Ofrecida, celebrada, adorada y vivida, desde donde nace
el sol hasta el ocaso y en todos los continentes. ¿Cómo se vive la
fe en la Eucaristía en Europa? Europa se presenta con no pocas y
serias incertidumbres tanto en el campo cultural como en el ético y
espiritual, y con la tentación de querer construir una nueva Europa
prescindiendo de Dios, sin darse cuenta que la fe cristiana es parte
radical e imprescindible en los fundamentos de la cultura europea.
La Iglesia en Europa tiene una
vocación universal y unos fuertes compromisos de fidelidad a sus
raíces y a su historia cristiana. La Iglesia y el cristianismo no
pueden relegarse a un espacio marginal en Europa. También tiene que
decir una palabra a la sociedad y a la cultura. No se trata de
dirigir, ni mucho menos de imponer, pero sí de ofrecer los valores y
criterios que dimanan de la luz del evangelio.
1. EUROPA Y LA EUCARISTÍA
En Europa, "algunos síntomas revelan
un decaimiento del sentido del misterio en las celebraciones
litúrgicas, que deberían precisamente acercarnos a él".(4) Por una
parte, hay un justificado deseo de la plena comu¬nión en Cristo de
las Iglesias hermanas y ello impulsa a emprender nuevos caminos y a
dar nuevos pasos para favorecerla, particularmente el de la comunión
en torno a la Mesa eucarística.(5) Pero, en algunas ocasiones,
quizás con buena intención, se ha utilizado la celebración de la
Eucaristía para finalidades pragmáticas supuestamente ecumenistas y
conciliadoras, pero que han desvirtuado el sentido de la comunión
eclesial que nace de la Eucaristía.
Ante los muchos problemas que agobian
a los hombres y a las comunidades cristianas de Europa, Juan Pablo
II responde que solamente
en Cristo "podemos encontrar una de las respuestas más rotundas que
nuestras Comunidades han de dar a una religiosidad ambigua e
inconsistente. La liturgia de la Iglesia no tiene como objeto calmar
los deseos y los temores del hombre, sino escuchar y acoger a Jesús
que vive, honra y alaba al Padre, para alabarlo y honrarlo con Él.
Las celebraciones eclesiales proclaman que nuestra esperanza nos
viene de Dios por medio de Jesús, nuestro Señor".(6)
La Iglesia en Europa, en su
peregrinación por la historia, acude a la Eucaristía, "fuente y cima
de toda la vida cristiana", y allí encuentra el manantial de la
esperanza.(7) Solamente mirando a Cristo, Europa podrá hallar la
única esperanza que puede dar plenitud de sentido a la vida. Jesús
está presente, vive y actúa en su Iglesia, sobre todo en la
Eucaristía, que es el "mysterium fidei" que supera nuestro
pensamiento y puede ser acogido sólo en la fe.(8)
"En el contexto de la sociedad
actual, cerrada con frecuencia a la trascendencia, sofocada por
comportamientos consumistas, presa fácil de antiguas y nuevas
idolatrías y, al mismo tiempo, sedienta de algo que vaya más allá de
lo inmediato, a la Iglesia en Europa le espera una tarea laboriosa y
apasionante a la vez. Consiste en descubrir el sentido del "
misterio "; en renovar las celebraciones litúrgicas para que sean
signos más elocuentes de la presencia de Cristo, el Señor; en
proporcionar nuevos espacios para el silencio, la oración y la
contemplación; en volver a los Sacramentos, especialmente la
Eucaristía y la Penitencia, como fuente de libertad y de nueva
esperanza".(9)
Juan Pablo II no duda en decir que
"la verdadera renovación, más que recurrir a actuaciones
arbitrarias, consiste en desarrollar cada vez mejor la conciencia
del sentido del misterio, de modo que las liturgias sean momentos de
comunión con el misterio grande y santo de la Trinidad. Celebrando
los actos sagrados como relación con Dios y acogida de sus dones,
como expresión de auténtica vida espiritual, la Iglesia en Europa
podrá alimentar verdaderamente su esperanza y ofrecerla a quien la
ha perdido".(10)
2. EUROPA Y LA EUCARISTÍA: RETOS,
RAZONES Y ESPERANZAS
Recordaba Juan Pablo II que "el
Evangelio no lleva al empobrecimiento o desaparición de todo lo que
cada hombre, pueblo y nación, y cada cultura en la historia,
reconocen y realizan como bien, verdad y belleza. Es más, el
Evangelio induce a asimilar y desarrollar todos estos valores, a
vivirlos con magnanimidad y alegría y a completarlos con la
misteriosa y sublime luz de la Revelación".(11)
En esta relación con una cultura
determinada y en un tiempo definido - en Europa y en nuestros días -
descubrimos serios motivos de preocupación y que suponen, al mismo
tiempo, un gran reto para la vida de la Iglesia. Ante esos desafíos,
ofrecemos las "razones de nuestra esperanza" y la luz que nos llega
desde la palabra de Dios y el insondable manantial de la verdad que
es el misterio de La Eucaristía.
Entre el secularismo y la
indiferencia
Se ridiculiza lo religioso y se hace
vejación de los signos sagrados. Cualquier referencia a lo
trascendente tiene mala prensa y se lo tacha de obsoleto. Resulta
difícil vivir la propia fe en Jesús en un contexto social y cultural
QUE desdeña y amenaza a lo cristiano.(12)
La sincera veneración de lo religioso
tiene que ser nuestra respuesta. Ofrecer ejemplaridad. Vivir con
sencillez y gozo el llevar la cruz. ¡Dios me libre gloriarme si no
es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo
es para mí un crucificado y yo un crucificado para el mundo!" (Gál.
6, 14).
Es nuestro continuado misterio
pascual, de sacrificio y de gozo, de muerte y resurrección,
"incluido, anticipado, y "concentrado" para siempre en el don
eucarístico. En este don, Jesucristo entregaba a la Iglesia la
actualización perenne del misterio pascual. Con él instituyó una
misteriosa "contemporaneidad" entre aquel Triduum y el transcurrir
de todos los siglos".(13)
Parece como si el presumir de
indiferencia religiosa se hubiere puesto de moda y el no
comprometerse con religión alguna fuera un valor de modernidad y el
declararse agnóstico fuera más recomendado que el ser creyente.(14)
Ante esta situación, ofreceremos el
testimonio de la Palabra, los signos de nuestra fe, el
comportamiento coherente con la creencia que vivimos. No se trata de
imponer sino de compartir. Así nos lo recomendaba Jesús: "Vosotros
daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio" (Jn 15,
27).
Nuestros fieles viven en la
parroquia, que es "una comunidad de bautizados que expresan y
confirman su identidad principalmente por la celebración del
Sacrificio eucarístico".(15) "La sagrada Eucaristía, en efecto,
contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo
mismo, nuestra Pascua y Pan de Vida, que da la vida a los hombres
por medio del Espíritu Santo".(16) No podía ser de otra manera, pues
la comunidad cristiana tiene como raíz y centro la celebración de la
sagrada Eucaristía.(17)
Esa indiferencia secularista lleva a
la actitud de pensar que da lo mismo creer que no creer, practicar
que no practicar, vivir una fe que no tener alguna. Le corresponde,
pues, al cristiano mostrar la alegría y la "seguridad" de la fe.
Entusiasmar con el propio entusiasmo. "Dad culto al Señor, Cristo,
en vuestros corazones, siempre dispuestos a dar respuesta a todo
el que os pida razón de vuestra esperanza" (1Pe. 3, 15). Así nos lo
recomienda San Pedro.
Ese testimonio cristiano que brota
gozoso de nuestra alabanza eucarística: ¡Proclamamos tu
resurrección! "Si hoy Cristo está en ti, Él resucita para ti cada
día", según la acertada expresión de san Ambrosio. La participación
en la Eucaristía "es una verdadera confesión y memoria de que el
Señor ha muerto y ha vuelto a la vida por nosotros y para beneficio
nuestro".(18) "En efecto, en la Eucaristía recibimos también la
garantía de la resurrección corporal al final del mundo: "El que
come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le
resucitaré el último día" (Jn 6, 54). Esta garantía de la
resurrección futura proviene de que la carne del Hijo del hombre,
entregada como comida, es su cuerpo en el estado glorioso del
resucitado. Con la Eucaristía se asimila, por decirlo así, el
"secreto" de la resurrección. Por eso San Ignacio de Antioquía
definía con acierto el Pan eucarístico "fármaco de inmortalidad,
antídoto contra la muerte".(19)
Se vive sin base espiritual, sin
motivaciones de fe, dejándose llevar del mimetismo que impone la
moda. Muchos europeos aparecen como "herederos que han despilfarrado
el patrimonio recibido a lo largo de la historia".(20)
Tendremos que ofrecer motivos para
vivir y para esperar. Estas son la "razones" de nuestra
credibilidad: "los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan
limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los
pobres la Buena Nueva" (Mt 11, 5).
La Eucaristía está en el centro de la
vida eclesial. "La fracción del pan evoca la Eucaristía. Después de
dos mil años seguimos reproduciendo aquella imagen primigenia de la
Iglesia. Y, mientras lo hacemos en la celebración eucarística".(21)
"Por la comunión de su cuerpo y de su sangre, Cristo nos comunica
también su Espíritu. Escribe san Efrén: "Llamó al pan su cuerpo
viviente, lo llenó de sí mismo y de su Espíritu [...], y quien lo
come con fe, come Fuego y Espíritu. [...]. Tomad, comed todos de él,
y coméis con él el Espíritu Santo. En efecto, es verdaderamente mi
cuerpo y el que lo come vivirá eternamente".(22)
Un Dios desconocido
Dios es el gran desconocido. Un
agnosticismo práctico pretende dejar a Dios en la penumbra y sin
presencia alguna en la vida de los hombres. Habrá, pues, que "hablar
con Dios y de Dios". Hacerse testigo el Dios vivo. "Lo que adoráis
sin conocer, eso os vengo yo a anunciar... Pues en él vivimos, nos
movemos y existimos" (Hech 17, 23, 28), diría San Pablo a los
atenienses.
Juan Pablo II quiere que la
contemplación del rostro de Cristo sea el "programa" de la Iglesia
para el tercer milenio. "Contemplar a Cristo implica saber
reconocerle dondequiera que Él se manifieste, en sus multiformes
presencias, pero sobre todo en el Sacramento vivo de su cuerpo y de
su sangre. La Iglesia vive del Cristo eucarístico, de Él se alimenta
y por Él es iluminada. La Eucaristía es misterio de fe y, al mismo
tiempo, "misterio de luz". Cada vez que la Iglesia la celebra, los
fieles pueden revivir de algún modo la experiencia de los dos
discípulos de Emaús: "Entonces se les abrieron los ojos y le
reconocieron" (Lc 24, 31).(23)
Hay un extraño "culto" sin Dios. Sin
memoria religiosa. Un imperante laicismo que quiere convertir lo
religioso en mero vestigio del pasado.(24) Tendremos, pues, que
hacer ver la verdadera razón de actos, celebraciones y conductas.
Tener a Dios en el corazón y los labios. "Haced esto en memoria mía"
(Lc 22, 19). No podíamos tener, para ofrecerla, otra mejor razón.
Ésto es lo que hemos recibido y lo que transmitimos: "Que el Señor
Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan, y después de dar
gracias, lo partió y dijo: Este es mi cuerpo que se da por vosotros;
haced esto en recuerdo mío. Asimismo también la copa después de
cenar diciendo: Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre. Cuantas
veces la beberéis, hacedlo en recuerdo mío. Pues cada vez que coméis
este pan y bebéis esta copa, anunciáis la muerte del Señor, hasta
que venga" (1Cor 11, 23-26).
Existe una desconexión entre el
mensaje evangélico y la experiencia cotidiana que produce un
"creyente" sin práctica y un "practicante" sin fe, encerrando la
creencia en el ámbito de lo estrictamente privado.
Se necesita una incuestionable
lealtad y un testimonio vivo, confesante y público que manifieste la
unidad entre los que se cree y se vive, así como la referencia a una
comunidad de pertenencia: la Iglesia. "Lo que yo os digo en la
oscuridad, decidlo vosotros a la luz; y lo que oís al oído,
proclamadlo desde los terrados" (Mt 10, 27). "Vosotros me buscáis,
no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los
panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero,
sino por el alimento que permanece para la vida eterna, el que os
dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha
marcado con su sello" (Jn. 6, 26-27).
La Eucaristía es comunión íntima y
perfecta entre la fe y la vida, entre Dios y el hombre. "La Iglesia,
mientras peregrina aquí en la tierra, está llamada a mantener y
promover tanto la comunión con Dios trinitario como la comunión
entre los fieles. Para ello, cuenta con la Palabra y los
Sacramentos, sobre todo la Eucaristía, de la cual "vive y se
desarrolla sin cesar", y en la cual, al mismo tiempo, se expresa a
sí misma. No es casualidad que el término comunión se haya
convertido en uno de los nombres específicos de este sublime
Sacramento. (...) El misterio de la comunión es tan perfecto que
conduce a la cúspide de todos los bienes: en ella culmina todo deseo
humano, porque aquí llegamos a Dios y Dios se une a nosotros con la
unión más perfecta. Precisamente por eso, es conveniente cultivar en
el ánimo el deseo constante del Sacramento eucarístico. De aquí ha
nacido la práctica de la "comunión espiritual", felizmente difundida
desde hace siglos en la Iglesia y recomendada por Santos maestros de
vida espiritual".(25)
En ocasiones, se realizan actos
religiosos que parecen más unos encuentros sociales que unas
celebraciones cultuales. Hay pueblo, no comunidad. Hay
representación, no memorial. Se ha perdido la memoria cristiana.
Tendremos que aprovechar los signos para llevar, suavemente, a
buscar el significado. Para ello, es imprescindible la dignidad en
la celebración litúrgica. "Dios es espíritu, y los que adoran, deben
adorar en espíritu y verdad" (Jn 4, 24).
"La Iglesia se ha sentido impulsada a
lo largo de los siglos y en las diversas culturas a celebrar la
Eucaristía en un contexto digno de tan gran Misterio. La liturgia
cristiana ha nacido en continuidad con las palabras y gestos de
Jesús (...). Aunque la lógica del "convite" inspire familiaridad, la
Iglesia no ha cedido nunca a la tentación de banalizar esta
"cordialidad" con su Esposo, olvidando que Él es también su Dios y
que el "banquete" sigue siendo siempre, después de todo, un banquete
sacrificial, marcado por la sangre derramada en el Gólgota. El
banquete eucarístico es verdaderamente un banquete "sagrado", en el
que la sencillez de los signos contiene el abismo de la santidad de
Dios: "O Sacrum convivium, in quo Christus sumitur!" El pan que se
parte en nuestros altares, ofrecido a nuestra condición de
peregrinos en camino por las sendas del mundo, es "panis angelorum",
pan de los ángeles, al cual no es posible acercarse si no es con la
humildad del centurión del Evangelio: "Señor, no soy digno de que
entres bajo mi techo".(26)
Olvido de Dios y del hombre
La indiferencia ante el misterio de
Dios produce el olvido del hombre. Quien se olvida de Dios, acaba
desconociendo a su hermano. Se ayuda a programas y proyectos más que
a las personas, decae la solidaridad interpersonal. Muchas personas,
aunque no carezcan de las cosas materiales necesarias, se sienten
más solas, abandonadas a su suerte, sin lazos de apoyo afectivo.(27)
El camino de la Iglesia pasa por el
hombre. Tendremos que buscar y acompañar a la persona, especialmente
a la débil y olvidada. "Un samaritano que iba de camino llegó junto
a él, y al verle tuvo compasión..." (Lc 10, 33).
"Aunque la visión cristiana fija su
mirada en un "cielo nuevo" y una "tierra nueva", eso no debilita,
sino que más bien estimula nuestro sentido de responsabilidad
respecto a la tierra presente. (...)En este mundo es donde tiene que
brillar la esperanza cristiana. También por eso el Señor ha querido
quedarse con nosotros en la Eucaristía, grabando en esta presencia
sacrificial y convival la promesa de una humanidad renovada por su
amor. Es significativo que el Evangelio de Juan, allí donde los
Sinópticos narran la institución de la Eucaristía, propone,
ilustrando así su sentido profundo, el relato del "lavatorio de los
pies", en el cual Jesús se hace maestro de comunión y servicio (cf.
Jn 13, 1 20). El apóstol Pablo, por su parte, califica como
"indigno" de una comunidad cristiana que se participe en la Cena del
Señor, si se hace en un contexto de división e indiferencia hacia
los pobres".(28)
El nihilismo puede extenderse como un
plaga nefasta. Nada vale nada. Disfrutar sin límite de lo inmediato.
Relativismo de conocimiento y de vida moral. Pragmatismo llevado
hasta el hedonismo cínico en la existencia diaria.(29) Ante ello,
ofreceremos un sentido trascendente de la vida, valorando justamente
las personas, las ideas, los principios y anunciando a todos que "la
Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a
este mundo" (Jn 1, 9).
"Anunciar la muerte del Señor "hasta
que venga" (1 Co 11, 26), comporta para los que participan en la
Eucaristía el compromiso de transformar su vida, para que toda ella
llegue a ser en cierto modo "eucarística". Precisamente este fruto
de transfiguración de la existencia y el compromiso de transformar
el mundo según el Evangelio, hacen resplandecer la tensión
escatológica de la celebración eucarística y de toda la vida
cristiana: "¡Ven, Señor Jesús!"(30)
Falta, también, la perseverancia. Hay
una especie de intermitencia en la práctica cristiana. Poco
compromiso con la Iglesia, con la parroquia... Y oscurecimiento de
la esperanza.
Habrá que alentar continuamente,
mostrar gratitud. Buscar siempre la huella del Bien. "Vosotros,
hermanos, no os canséis de hacer el bien" (2Tes 3, 13), dice San
Pablo de los tesalonicenses.
Nuestra fuerza está en la Eucaristía,
que es "presencia salvadora de Jesús en la comunidad de los fieles y
su alimento espiritual, es de lo más precioso que la Iglesia puede
tener en su caminar por la historia".(31)
3. LA EUCARISTÍA, LUZ Y VIDA DEL
NUEVO MILENIO
"En algunos ambientes eclesiales
parecen haber perdido el auténtico sentido del sacramento y podrían
banalizar los misterios celebrados; por otro, muchos bautizados, por
costumbre y tradición, siguen recurriendo a los Sacramentos en
momentos significativos de su existencia, pero sin vivir conforme a
las normas de la Iglesia".(32)
La Eucaristía es manantial y cumbre
de nuestra vida cristiana. Sin fe, los sacramentos acaban en el
ritualismo, la caridad está muerta y la misión resulta un trabajo
estéril. Sin el sacramento, la fe se convierte en ideología, la
caridad
acaba en evasionismo y la misión no evangeliza. Sin el amor de
Cristo que se entrega en la Eucaristía, la caridad es altruismo y
simple cooperación, la misión un fraude y la comunidad un antisigno.
Pero con la firme adhesión a la
palabra de Dios y la gracia de la fe, la Eucaristía es actualización
perenne del misterio pascual(33); Cristo mismo, nuestra Pascua y Pan
de Vida, que da la vida a los hombres por medio del Espíritu
Santo(34); es una verdadera confesión y memoria de que el Señor ha
muerto y ha vuelto a la vida por nosotros y para beneficio nuestro,
primicia de la plenitud futura;(35) por la comunión de su cuerpo y
de su sangre, Cristo nos comunica también su Espíritu; el que come
este Pan vivirá eternamente; llenos de su Espíritu Santo, formamos
en Cristo un sólo cuerpo y un sólo espíritu(36); la Iglesia vive del
Cristo eucarístico, de Él se alimenta y por Él es iluminada, la
Eucaristía es misterio de fe y, al mismo tiempo, misterio de
luz(37); culminación de todos los Sacramentos, en cuanto lleva a
perfección la comunión con Dios Padre, mediante la identificación
con el Hijo Unigénito, por obra del Espíritu Santo(38); el banquete
eucarístico es verdaderamente un banquete "sagrado", en el que la
sencillez de los signos contiene el abismo de la santidad de
Dios(39); tenemos en esta presencia sacrificial y convival la
promesa de una humanidad renovada por su amor; compromiso de
transformar su vida, para que toda ella llegue a ser en cierto modo
"eucarística"(40); colma con sobrada plenitud los anhelos de unidad
fraterna que alberga el corazón humano y, al mismo tiempo, eleva la
experiencia de fraternidad(41); expresa este vínculo de comunión
invisible que, en Cristo y por la acción del Espíritu Santo, nos une
al Padre y entre nosotros(42); la Eucaristía, en fin, es "presencia
salvadora de Jesús en la comunidad de los fieles y su alimento
espiritual, es de lo más precioso que la Iglesia puede tener en su
caminar por la historia".(43)
El reto y la tarea, si de verdad
queremos que la Eucaristía sea luz y vida del nuevo milenio en
Europa, tiene que buscar sinceramente la fe en Jesucristo y hacer de
cualquier realidad un espacio para que allí llegue el reino de Dios.
"Ciertamente, el hombre puede organizar la tierra sin Dios, pero, al
fin y al cabo, sin Dios no puede menos de organizarla contra el
hombre. El humanismo exclusivo es un humanismo inhumano".(44)
Nuestras luces no pueden ser otras
que las que dimanan del gran misterio de la Eucaristía, "sacramentum
pietatis, signum unitatis, vinculum charitatis", Estas son las luces
que brillan en la Eucaristía. Nuestro camino habrá de recorrerse
llenos de misericordia, con sencillez y alegría, llevando la cruz y
asumiendo la pobreza, que siempre abre la puerta para que pueda
entrar en la persona el amor al otro. No olvidarse de llevar en el
corazón la ley del Señor. En las manos, la misericordia. En la
mirada, la esperanza. En la memoria, el encuentro con los demás. En
el rostro: la alegría de saber que ¡Dios es grande!
El secreto: mirar más a Cristo. Más a
la llamada que a la dificultad. Más a la esperanza que al desánimo.
Muchas de las mujeres que esperaba se durmieron y se extinguió la
lámpara. Pero entre las vírgenes, ninguna más santa y más prudente
que la bienaventurada Virgen María. Y ella tiene siempre repleta su
lámpara del mejor aceite de la fe para que acudamos a ella para
enriquecernos con su ejemplo y su intercesión.
"En un contexto en el que la
tentación del activismo llega fácilmente también al ámbito pastoral,
se pide a los cristianos en Europa que sigan siendo transparencia
real del Resucitado, viviendo en íntima comunión con Él. Hacen falta
comunidades que, contemplando e imitando a la Virgen María, figura y
modelo de la Iglesia en la fe y en la santidad, cuiden el sentido de
la vida litúrgica y de la vida interior. Ante todo y sobre todo, han
de alabar al Señor, invocarlo, adorarlo y escuchar su Palabra. Sólo
así asimilarán su misterio, viviendo totalmente dedicadas a Él, como
miembros de su fiel Esposa."(45)
La devoción a la Virgen María esta
muy viva y extendida en los pueblos de Europa. Ella está
"maternalmente presente y partícipe en los múltiples y complejos
problemas que acompañan hoy la vida de los individuos, de las
familias y de las naciones". María es la madre de la esperanza que
se "presenta como figura de la Iglesia que, alentada por la
esperanza, reconoce la acción salvadora y misericordiosa de Dios, a
cuya luz comprende el propio camino y toda la historia.(46)
NOTAS
(1) Ecclesia de Eucharistia, 8, (2)
Slavorum apostoli, 17, (3) Ecclesia de Eucharistia, 10, (4) Ecclesia
in Europa, 70,
(5) Juan Pablo II, Euntes in mundum,
9, (6) Ecclesia in Europa, 71
(7) Ecclesia in Europa, 75, (8)
Ecclesia in Europa, 22
(9) Ecclesia in Europa, 69, (10)
Ecclesia in Europa, 72
(11) Slavorum apostoli, 18, (12) Cf.
Ecclesia in Europa, 7
(13) Ecclesia de Eucharistia, 5, (14)
Cf. Ecclesia in Europa, 7
(15) Ecclesia de Eucharistia, 32,
(16) Ecclesia de Eucharistia, 1
(17) Ecclesia de Eucharistia, 33,
(18) Ecclesia de Eucharistia, 14
(19) Ecclesia de Eucharistia, 18,
(20) Ecclesia in Europa, 7
(21) Ecclesia de Eucharistia, 2, (22)
Ecclesia de Eucharistia, 17
(23) Ecclesia de Eucharistia, 6, (24)
Cf. Ecclesia in Europa, 7
(25) Ecclesia de Eucharistia, 34,
(26) Ecclesia de Eucharistia, 48
(27) Cf. Ecclesia in Europa, 8, (28)
Ecclesia de Eucharistia, 20
(29) Cf. Ecclesia in Europa, 9, (30)
Ecclesia de Eucharistia, 20
(31) Ecclesia de Eucharistia, 9, (32)
Ecclesia de Eucharistia, 74
(33) Ecclesia de Eucharistia, 5, (34)
Ecclesia de Eucharistia, 1
(35) Ecclesia de Eucharistia, 18,
(36) Ecclesia de Eucharistia, 17
(37) Ecclesia de Eucharistia, 6, (38)
Ecclesia de Eucharistia, 34
(39) Ecclesia de Eucharistia, 48,
(40) Ecclesia de Eucharistia, 20
(41) Ecclesia de Eucharistia, 24,
(42) Ecclesia de Eucharistia, 35
(43) Ecclesia de Eucharistia, 9, (44)
Populorum progressio, 42
(45) Ecclesia in Europa, 27, (46)
Ecclesia in Europa, 124, 125
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La Iglesia en América Latina ha
perdido al 10% de sus fieles
Constata el cardenal de São Paulo
GUADALAJARA, martes, 12 octubre 2004
- La importancia del Congreso Eucarístico Internacional de Guadalajara
es decisiva para América Latina por dos motivos: el elevado número
de católicos que han abandonado la Iglesia y las injusticias que
sufren sus habitantes en el contexto de la globalización.
Esta es la conclusión a la que llegó
durante la homilía de la solemne concelebración eucarística de
renovación del patronato de Nuestra Señora de Zapopan, este lunes en
la explanada del Instituto Cultural Cabañas, el cardenal Claudio
Hummes OFM, arzobispo de São Paulo (Brasil).
Por una parte, el purpurado insistió
en que en América Latina ha disminuido en un diez por ciento en las
últimas décadas el número de fieles católicos, quienes han virado
hacia otras religiones históricas o sectas de nuevo cuño.
Por otra parte, reconoció que la
globalización financiera está golpeando de forma inmisericorde a los
pueblos más pobres del mundo, en especial, de América Latina.
«Va creciendo la exclusión social de
cientos de millones de personas y países enteros van siendo
excluidos de la participación del nuevo orden económico mundial,
porque estos países no tienen capital propio suficiente para atraer
nuevas inversiones», denunció el cardenal.
Por este motivo, confió en que el
Congreso Eucarístico Internacional sea una plataforma de
relanzamiento de la fe en la Eucaristía.
La celebración fue seguida por cerca
de quince mil personas, en la explanada que del Instituto que
alberga una impresionante exposición de arte sacro de los últimos
cuatrocientos años en el Occidente de México.
El Cardenal Hummes mostró su dolor al
constatar que, en lugar de iniciar el Tercer Milenio en la paz de
Cristo, la humanidad lo ha iniciado en un tenso ambiente de guerra y
terrorismo.
Finalmente pidió la intercesión de la
Virgen de Zapopan, patrona de la Arquidiócesis de Guadalajara, para
que los obispos y el Papa Juan Pablo II, «junto con todo el pueblo
de Dios, renueve la fe y seamos instrumentos de amor, especialmente
para los más pobres, los pecadores y los que se alejaron de la
práctica religiosa».
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La Eucaristía no es una palabra vana
en África
Según constata el obispo de Diébougou
(Burkina Faso)
GUADALAJARA, martes, 12 octubre 2004
- Espontáneos aplausos arrancó entre los presentes en la sede
central del Congreso Eucarístico Internacional, la Expo-Guadalajara,
la presentación de la delegación de África en la comunicación de las
luces y las sombras sobre la fe en la Eucaristía en los cinco
continentes.
La exposición estuvo a cargo del
obispo de Diébougou, Burkina Faso, monseñor Jean Baptiste Kpiele
Some, despertando inesperados aprecios.
El obispo Kpiele Some constató que
«la Eucaristía no es una palabra vana ni una ilusión en la Iglesia
de África».
Afirmó que se trata de una realidad
espiritual de vida cristiana, en un continente tan vasto, tan pobre
y tan llenos de problemas, pero «un continente sediento de
Dios-Trinidad y de Jesús-Eucaristía».
Versión íntegra Documento sobre la fe
en la Eucaristía en el continente olvidado por Occidente.
La Situación de la Fe en la
Eucaristía: Luces y Sombras en África
INTRODUCCIÓN
Es de buena costumbre en África
saludar a las personas antes de dirigirles la palabra, sobre todo
cuando uno viene de lejos.
Viniendo de Burkina Faso, en el
corazón de África Occidental, donde, desde hace 36 años, soy Obispo
de Diébougou, una diócesis rural en un país económicamente pobre, me
gustaría saludar paso por paso:
Nuestras Eminencias, Señores
Cardenales,
Nuestras Excelencias, Arzobispos y
Obispos,
Nuestros queridos sacerdotes,
religiosos y religiosas.
Sin olvidar a nuestros queridos
fieles laicos, sobre todo de la gran ciudad de Guadalajara, que se
convierte por unos días en la capital espiritual de la Iglesia
Universal gracias al Congreso Eucarístico Internacional que se tiene
en su seno por petición de su Santidad el Papa Juan Pablo II.
I – "¡ESTE ES EL MISTERIO DE NUESTRA
FE!"
Esta afirmación doctrinal, que se
sitúa en el corazón de la Plegaria Eucarística consagratoria, es el
acto de fe solemne, compartido por toda la Iglesia repartida en el
mundo a través de los cinco continentes. En África, es esta misma
afirmación la que se proclama, como en todos lados, en cada
celebración eucarística. Nosotros no tenemos otra fe en el misterio
de la Eucaristía que aquella de la Iglesia católica universal. Es
esta única y misma fe que hemos venido a proclamar desde todas
partes del mundo al gran encuentro eucarístico internacional de
Guadalajara. Yo expreso aquí mi alegría, junto con los Arzobispos,
Obispos y todo el pueblo cristiano de Burkina Faso, por este 48º
Congreso Eucarístico Internacional que representa abundantes gracias
y bendiciones divinas sobre el mundo de nuestro tiempo.
La pequeña delegación de mi país,
Burkina Faso, que ha logrado una hazaña viniendo a participar a este
congreso, se une a su servidor, para agradecer de todo corazón a
nuestro Santo Padre el Papa Juan Pablo II, por la audaz persistencia
en los Congresos Eucarísticos Internacionales que dan la vuelta al
mundo y consecuentemente son parte de la tradición y de los tesoros
espirituales de la Iglesia Católica.
Gran agradecimiento a los
organizadores de este 48º Congreso Eucarístico Internacional. Nombro
a su Eminencia el Cardenal Joseph TOMKO y todos sus colaboradores.
He nombrado igualmente a su Eminencia el Cardenal Juan SANDOVAL
IÑIGUEZ, Arzobispo de Guadalajara, quien me ha invitado a tomar
palabra en esta circunstancia solemne en honor del sacramento de la
Eucaristía, "origen y cumbre de toda la vida cristiana"(1).
II – "POR EL, CON EL Y EN EL"
(Per ipsum, et cum ipso et in ipso)
Al inicio de mi episcopado, yo elegí
como divisa episcopal las primeras palabras de la doxología que
concluye la Plegaria Eucarística de la misa. Era entonces, para mí y
para mi diócesis, todo un programa espiritual de mi cargo pastoral
que debía arraigarse en el culto eucarístico. Con el paso del
tiempo, hoy me doy cuenta que es esta divisa episcopal eucarística
la que ha conducido a toda mi diócesis a la Orientación Pastoral de
base titulada: "Parole et pain pour tous et par tous"(2) (Palabra y
pan para todos y por todos) en una Iglesia percibida y vista como
"Familia de Dios". Este arraigo eucarístico de mi cargo pastoral,
permitió a mi diócesis organizar, del 22 al 29 de abril del 2001 su
primer Congreso Eucarístico diocesano para permitirnos "volver a
partir de Cristo", es decir de Jesús-Eucaristía para la nueva
evangelización de la cual el Papa Juan Pablo II nos dio el tono en
su carta apostólica "Novo Millennio Ineunte"(2) . Es entonces para
mí una fuente de alegría y de acción de gracias a Dios Padre, Hijo y
Espíritu Santo; a quién le doy junto con la Iglesia entera, todo
honor y toda gloria en la fe en el misterio de la Eucaristía.
III – ALGUNAS PRESUPOSICIONES
FUNDAMENTALES COMUNES
Reflexionando sobre la situación de
la fe en la Eucaristía: luces y sombras en África, constatamos que
existen convergencias doctrinales y antropológicas, de un lado a
nivel de las realidades fundamentales y constitutivas de la
Eucaristía, y del otro, a nivel de aquellas de la cultura africana.
Estas realidades que son como presuposiciones fundamentales comunes,
se articulan alrededor de la familia, de la vida, del cuerpo, de la
palabra y de las relaciones con el mundo invisible por medio de
sacrificios religiosos. Cada una de estas realidades parece
transportar luces y sombras, o en otros términos, aspectos positivos
y negativos a favor o en contra del misterio de la Eucaristía.
1 – La realidad de la FAMILIA.
La familia que es una realidad
universal, "célula principal y vital de la sociedad"(3) , tiene una
importancia particular en África. "En la cultura y tradición
africanas, declara Juan Pablo II en Ecclesia in África, el papel de
la familia está considerado generalmente como fundamental"(4). Es
por eso que en el Sínodo especial para África, en 1994, los Padres
sinodales, después de reflexionar y concertar, propusieron al Papa
que el concepto de la familia sea retenido como la imagen preferida
de la Iglesia para África; sin excluir otras imágenes. El Papa
aceptó esta proposición demandando la edificación en África de la
Iglesia "Familia de Dios" ("Familia Dei", de acuerdo a la expresión
de los Padres de la Iglesia, retomada por el Concilio Vaticano II),
en el arraigo a su fuente principal que es la Familia Trinitaria, y
excluyendo sus aspectos negativos.(5)
Del punto de vista antropológico y
cultural, la familia africana es el lugar de incubación de la vida
humana y social, el lugar primordial de las relaciones diversas
(conyugales, paternales, entre clanes, etc.), el lugar de los
aspectos positivos de las relaciones humanas (solidaridad,
fraternidad, acogida mutua, reparto, etc.), y también el lugar de
los aspectos negativos (tensiones, espíritu de enemistad y venganza,
conflictos que pueden escalar hasta guerras tribales y étnicas).
Del punto de vista eclesiológico y
doctrinal, nosotros sabemos que la Eucaristía hace a la Iglesia y
que la Iglesia hace a la Eucaristía. En África, esta Iglesia que se
quiere "Familia de Dios", lugar de celebración de la Eucaristía,
tiene sus fuerzas y debilidades, sus luces y sus sombras. La imagen
de la "Familia de Dios" permite vivir en la Iglesia una verdadera
fraternidad cristiana, una verdadera solidaridad, un espíritu de
acogida mutua y de compartir. Y la Eucaristía que reúne a los fieles
de horizontes diversos se convierte verdaderamente un lugar de
alegría profunda, de unión y comunión. Se pueden observar estas
luces en la vida de las comunidades cristianas de base (CCB) en
África, a semejanza de las comunidades cristianas de la iglesia
primitiva. Gran cantidad de celebraciones eucarísticas son
verdaderos lugares de alegría, de paz, de fraternidad humano-divina
y finalmente de santificación personal y comunitaria. Pero esta
imagen de la Iglesia "Familia de Dios", cuando es mal comprendida y
mal vista, puede volverse un gueto. He aquí la observación
pertinente de un autor africano en su libro sobre la Eucaristía en
el contexto africano: "La Iglesia Familia de Dios de la cual sueñan
los Obispos de África, como una figura eclesiológica, no puede
adaptarse de una idolatría de su clan o su país, ni de una ley
concluida del rechazo de otra, a causa de un espacio-tierra que
sería nuestra patria. Se trata antes de todo de cultivar la atención
al otro y una solidaridad protectiva, de mantener el calor de las
relaciones, de promover una acogida tranquilizante y un dialogo que
engendra confianza y comprensión."(6) La formación catequética y
espiritual de los cristianos es una dimensión capital a no errar.
2 – La realidad de la VIDA.
"Yo he venido para que tengan vida y
la tengan en abundancia" (7)
La vida que es primordial por todo el
mundo, toma un relieve particular en África. ¿Por qué? Es porque
para el africano, la vida es el primer don que Dios dio a los seres
humanos. De donde el respeto religioso con el cual se le apoya. El
Papa Juan Pablo II lo confirma en su Exhortación Apostólica
post-sinodal: "Abierto a este sentido de la familia, del amor y del
respeto a la vida, el africano, ama a los hijos, que son acogidos
con alegría como un don de Dios. Todos los hijos e hijas de África
aman la vida […] respetan la vida que es concebida y nace. Se
alegran de esta vida. Rechazan la idea de que pueda ser
aniquilada."(8) Aquí esta entonces una realidad primordial de la
cultura y de la mentalidad africana tradicional. Desafortunadamente
esta luz no brilla siempre con la misma intensidad en el África
moderna de hoy. Se observan en estos días focos de guerra y
tensiones familiares y tribales que atacan y matan la vida. Los
abortos dictados por el libertinaje sexual se multiplican. "Mi
vientre me pertenece", dicen sin vergüenza. Por ende, podemos
abortar suprimiendo la vida. Los genocidios están presentes también,
frente a nuestras narices, en África, en comunidades cristianas. La
mesa es a veces triste en ciertos países.
Se ve bien, las luces y las sombras
no hacen falta al respecto de la vida en África. Esto influencia
positivamente o negativamente la imagen de la Iglesia y la fe en la
Eucaristía en África. En efecto, toda la gran tradición cristiana
nos enseña que es Dios el único que es la vida y la fuente
primordial de vida. La Biblia, desde el libro del Génesis hasta el
Apocalipsis, esta atravesada por la vida de Dios creador. La vida
viene de Dios y regresa a Dios. Dios es el dueño y señor supremo de
la vida. En la plenitud de los tiempos, el Cristo, Verbo de Dios y
Dios el mismo, se encarna. El apóstol San Juan nos dice: "En el
estaba la vida y la vida era la luz de los hombres."(9) Pero en los
días de su pasión, Cristo que es la vida de Dios, revelado a los
hombres, fue puesto a prueba severamente por la muerte. "La muerte y
la vida se enfrentan en un duelo prodigioso, el dueño y señor de la
vida murió; viviendo el reina" (Mors et vita duello conflixere
mirando: dux vitae mortuus, regnat vivus.) Esto es lo que la Iglesia
canta el día santo de Pascua en la secuencia "Victimae pascali
laudes". Y la Eucaristía es ella misma, fuente de vida, ya que ella
contiene substancialmente a Cristo, pan de vida: "Les dijo Jesús: Yo
soy el pan de vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que
crea en mí, no tendrá nunca sed."(10) Ahora bien en África, esta luz
de Dios creador de la vida y fuente de vida, esta luz de Cristo, pan
de vida celebrada en la Eucaristía, esta a veces empañada, es decir
escondida por las sombras de una fe mal vivida en la Eucaristía. Un
buen número de cristianos van a misa, en realidad no para buscar la
vida de Dios en el sacramento de la Eucaristía, sino por otras
intenciones totalmente humanas, por razones totalmente sociales. Y
en las horas sombrías de sus vidas, van hacia los sacrificios
paganos o hacia la magia negra para buscar ahí la vida y la paz.
Esas personas, se encuentran entonces, con el sincretismo religioso
buscando la vida del lado de la muerte. Esto significa que su fe en
la Eucaristía, fuente de vida, se detuvo a medio camino. Si la
formación catequética, doctrinal y espiritual, la formación
continua, no están bien aseguradas, es una catástrofe a nivel de la
evangelización de África
3 – La realidad del CUERPO.
"Mi carne es verdadera comida y mi
sangre es verdadera bebida" – "Tomad, comed, éste es mi cuerpo."(10)
En África tenemos un sentido agudo y
un gran respeto al cuerpo humano. El cuerpo del niño que está
acurrucado en su madre es precioso. El cuerpo de aquel que está
muerto, está rodeado de profundo respeto: aseo y vestimenta bien
cuidados, actitud de sumisión frente a los restos mortales, entierro
con mucho respeto. En breve, vivo o muerto, el cuerpo es respetado
en África. Esto representa una luz, un aspecto antropológico
positivo que permite resaltar bellos gestos y actitudes corporales
durante las misas solemnes. En la tradición cristiana, el cuerpo
humano tiene una gran importancia ya somos criaturas de Dios,
dotados de inteligencia y poseedores de un alma. Esta luz será
llevada a la cumbre por Cristo, Verbo de Dios encarnado. No
solamente tomó nuestro cuerpo mortal(11), sino que nos dio, sobre
todo, su cuerpo como alimento, ofreciéndolo en sacrificio en la cruz
por nuestra salvación. "Tomad, comed, éste es mi cuerpo."(12) Y
desde luego, el cuerpo de Cristo, es decir, su carne y su sangre,
está al centro del misterio eucarístico como una gran luz en la
Iglesia de los cinco continentes. Es así que el cuerpo físico de
Jesús se volvió su cuerpo sagrado y eucarístico recibido en la
comunión, para ser al fin su cuerpo glorioso y místico que es la
Iglesia. Es por eso que san Agustín gustaba de decir a sus fieles
que se acercaban a comulgar: "Recibid esto que sois: el cuerpo de
Cristo, para volveros esto que habéis recibido: el cuerpo de
Cristo." Pero por un lado de estas luces, que hablan del cuerpo, hay
sombras que impiden alcanzar una fe profunda en la Eucaristía. Por
ejemplo, con el fenómeno de la globalización, de la modernidad, así
como la facilidad de los medios de comunicación masivos, el cuerpo
humano – sobre todo el femenino – es cada vez mas percibido como un
objeto de placer y no como una realidad sagrada y respetable.
Además, la clonación humana, que es un tema de actualidad por todo
el mundo, y por medio del cual se puede manipular al cuerpo desde su
origen, es un problema inaceptable y pastoralmente preocupante en
África. Enseguida el cuerpo está muy frecuentemente dedicado a la
miseria y expuesto a todo tipo de enfermedades, tal como el SIDA,
frente al cual quedamos impotentes, del mismo modo que la falta de
aseo, debida principalmente a la pobreza económica del continente
africano. Durante las celebraciones eucarísticas en las grandes
comunidades cristianas africanas, la comunión con el cuerpo de
Cristo puede a veces parecer mas como un requisito social que
espiritual. Ciertos gestos y actitudes poco respetuosos hacia la
Eucaristía observados por todas partes son la prueba. ¿No podríamos,
entonces, aplicar a estos cristianos de África, las palabras de San
Pablo dirigidas a los cristianos de Corinto? "Quien coma el pan o
beba la copa del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la
Sangre del Señor. Examínese, pues, cada cual, y coma así el pan y
beba de la copa. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo,
come y bebe su propio castigo."(13) De cualquier modo, ahora solo
queda inculcar una educación con sentido de lo sagrado y que los
gestos litúrgicos se prueben necesarios.
4 – La realidad de la PALABRA.
"Creéis en Dios, creed también en
mí"(14)
La 4ª realidad importante en África y
en la Eucaristía es aquella de la Palabra. Ya sea humana o divina,
la palabra se tiene como sagrada, un tesoro, un objeto de atención y
de escucha. En todo caso, en África, continente dominado por la
tradición oral, la palabra profesada tiene importancia sobretodo
cuando viene de gente importante y respetada. Las últimas palabras
de un padre o de una madre son guardadas preciosamente por la
familia como un testamento, y son enseguida comunicadas a los
miembros de la familia que estuvieron ausentes. Este aspecto
positivo de la palabra en África constituye una luz que prepara y
favorece a la escucha de la palabra de Dios en la misa.
En la religión cristiana en general,
y a nivel de la Eucaristía en particular, la palabra de Dios es más
que sagrada, es divina, creadora y eterna. Dios creó todo sólo con
su palabra. Y esta palabra es una persona divina, el Verbo de Dios
hecho carne(15). Ella es pura verdad: "Yo soy el camino, la verdad y
la vida" nos dice Jesús el Verbo de Dios(16). Ella es eficaz y
operacional. Esta eficacia de la Palabra divina no depende
primeramente de las disposiciones interiores del sujeto, de su
inteligencia, de su voluntad o de su corazón, sino de todo el poder
de Dios. Y es definitivamente esta Palabra de Dios que es proclamada
en misa, la que opera en los sacramentos, notablemente en la
eucaristía, y que es una presencia real y viviente en la Iglesia en
medio del pueblo cristiano. He ahí una luz, un aspecto positivo
doctrinal que permite en África y también en otros lados, proclamar
solemnemente esta Palabra de Dios en misa, de acoger a veces por
procesiones actuadas, rítmicas e incluso bailadas, por aclamaciones
y gritos de alegría en el respeto y la oración. Ella esta, entonces,
en evidencia de los fieles, fuente de alegría espiritual y de
santificación. Ella no debe estar guardada para si mismo, ella debe
ser comunicada a aquellos que no la conocen. Sin embargo, esta
palabra humana puede estar corrompida con error o mentira (omnis
homo mendax), y puede arrastrarse por el camino de la magia, en el
cual África tiene el triste record de ser especialista. Tal palabra
enturbiada y errada, se vuelve una sombra en las celebraciones
eucarísticas. Se celebra la palabra de Dios en una fe superficial e
incluso con errores de juicio debidos a la percepción errónea de la
palabra humana y divina, y además, frecuentemente no tienen
preocupación de transmitirla a otros, esto indica una falta de
espíritu misionero fuertemente lamentable. Estas luces y estas
sombras son las que hacen de nuestras liturgias de la Palabra de
Dios, celebraciones en claroscuro y actos de fe débiles en la
Eucaristía. Nuestra solicitud pastoral propia debe llevar el
remedio.
5 – La realidad del MUNDO INVISIBLE
por medio de sacrificios religiosos.
"Soy yo, no temáis."(17)
Esta última realidad toca más de
cerca, me parece, la fe en la Eucaristía. En la Religión Tradicional
Africana (R.T.A.), los adeptos que son por mucho los más numerosos
en África sub-sahariana, tienen una fuerte creencia en Dios creador
y providencia que habita en el universo inaccesible, el universo
invisible de Dios creador y dueño y señor de todo. Ellos tienen
además una fuerte creencia en diversos "espíritus" o fuerzas ocultas
en el universo visible circundante. Ellos tienen una fuerte creencia
en el mundo invisible de los ancestros en el cual sumergen a las
familias y los seres humanos. Dios estando directamente inaccesible
porque ser infinitamente respetable, los seres humanos, por el
sistema de la mediación, deben pasar por los espectros de los
ancestros y por los diferentes "espíritus" para ofrecer sacrificios
de paz y de reconciliación. Ellos se reconcilian así con el mundo de
los ancestros y de los "espíritus", captan sus favores con estos
sacrificios y piensan alcanzar en definitiva a Dios todo poderoso.
La noción de los sacrificios es entonces muy fuerte y esta muy
anclada en la mentalidad religiosa africana. Ella se presenta ya
como una luz que anuncia desde lejos de una manera velada, el
sacrificio eucarístico de la cruz.
Es por eso que los africanos no
encuentran difícil el entrar a la celebración eucarística de la misa
comprendida como sacrificio ofrecido a Dios por su Hijo Jesucristo.
Ellos comprenden también fácilmente que el sacrificio eucarístico es
un banquete de comunión porque ellos saben que no hay sacrificio
religioso sin banquete sagrado de comunión. Ellos celebran entonces
la Eucaristía con este manto de fondo luminoso.
Además, hablar de un banquete
sagrado, de alimento espiritual o material, es tocar las cuerdas
sensibles de los africanos. En un clima de hambre crónica, el
alimento se reviste de gran importancia. Positivamente, el banquete
tiene un carácter familiar y manifiesta la solidaridad, el reparto y
la fraternidad. De ahí viene el papel positivo que juega en la
eucaristía, lugar de comunión eclesial y de fraternidad cristiana.
En cuanto a la Eucaristía, por si
sola, nosotros sabemos que es también el memorial del sacrificio de
Jesucristo en la cruz y el banquete sagrado de comunión en el cuerpo
y sangre de Cristo. Ella también tiene una dimensión familiar si se
comprende que la Iglesia, donde se celebra, es la familia de los
hijos de Dios, como lo afirma esta frase tomada de la Plegaria
Eucarística III: "Escucha la oración de tu familia reunida frente a
ti."(18) En la Iglesia vivida como la familia de Dios en África, la
Eucaristía es el lugar espiritual de la unidad y de la fraternidad
universal. Ella recuerda cada día a los cristianos de los cinco
continentes que fuera de la muerte y de la resurrección de Cristo,
no hay fraternidad universal posible. La Eucaristía es entonces un
llamado a volvernos hermanos universales, cada uno a partir de su
país y de su cultura.
Mas, todos estos puntos luminosos
pueden ser ensombrecidos por un cierto numero de puntos negativos
que emanan de la cultura africana. Por ejemplo, puede ser que el
banquete familiar se vuelva hacia el individualismo y el egoísmo,
puede que la participación en la Eucaristía y la comunión con el
cuerpo de Cristo lleven a los cristianos de África en el espíritu de
"cada uno para si mismo y Dios para todos." Se puede constatar que
el alimento material o eucarístico crea diferencias y divisiones
notorias. Tal persona, tal familia, tal región, tal país, o tal
comunidad cristiana tiene que comer y se encuentra en la abundancia,
mientras que otra puede estar sumida en la hambruna y la miseria.
Esto arrastra, no un movimiento de solidaridad, sino de sentimientos
de celos y de odio pudiendo conducir a la guerra. Además, la noción
de sacrificio de paz, de comunión y de reconciliación, cuando no
está purificada por la luz del evangelio y transfigurada por el
sacrificio de la cruz, mantiene un buen número de cristianos de
África en el sincretismo religioso. Ellos vienen a misa a celebrar
el sacrificio de Cristo y regresan a sacrificar a los "espíritus" y
a los "espectros" de los ancestros. Encontramos ahí también una fe
en la Eucaristía que se quedó a medio camino. Ahora bien, Jesús dijo
en el evangelio de San Mateo: "No penséis que he venido a abolir la
Ley y los profetas. No he venido a abolir, sino a dar
cumplimiento."(19) Alargando las perspectivas evangélicas, se puede
decir que Jesús vino a realizar una vasta
purificación-transfiguración de las culturas y costumbres religiosas
de todos los países. En particular, el vino a purificar y
transfigurar todos los sacrificios por su sacrificio en la cruz.
Es por eso que la Iglesia proclama en
el Prefacio Pascual nº5: "Cuando entregó su cuerpo en la cruz, todos
los sacrificios de la Antigua Alianza alcanzaron su cumplimiento" Es
decir que el sacrificio eucarístico es el mas grande de todos los
sacrificios. Una fe sólida en la eucaristía debería hacer abandonar
definitivamente los sacrificios de la Religión Tradicional Africana.
Este no es el caso en el continente. Del mismo modo, la fe en el
Espíritu Santo 3ª Persona de la Santísima Trinidad, quien precedió a
la formación del cuerpo de Cristo en el seno de la Virgen María, y
cuyo poder transforma todos los días el pan y el vino en cuerpo y
sangre de Cristo, debería hacer abandonar los sacrificios a los
"espíritus" y a los espectros de los ancestros y conducir a los
cristianos de África al culto y a la comunión de los Santos.
Subrayemos finalmente el fenómeno del
miedo en África. Muchos africanos tienen miedo del mundo invisible:
Los "espíritus", los ancestros, los genios y otras fuerzas ocultas.
Ellos están frecuentemente paralizados por el miedo en su respeto a
muchas circunstancias de su vida. Es eso lo que explica el número
incalculable de sacrificios que ellos ofrecen para entrar en gracia.
Se puede decir, entonces, que la Religión Tradicional Africana es
una religión dominada por el miedo. Ahora bien, nosotros cristianos,
creemos que Cristo vino a exorcizar el gran temor de los hombres.
"Soy yo, No temáis", nos dice el en la ribera de nuestras vidas. Es
él otra vez quien está presente en la Eucaristía y nos dice: "Y he
aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del
mundo."(20) Estas palabras de Cristo constituyen para nosotros una
gran seguridad si las acogemos en la fe.
CONCLUSIÓN
¿Qué decir en síntesis final sobre la
fe en la Eucaristía en África? Sabiendo que África es un gran
continente en el cual no debemos generalizar, yo quisiera testificar
de algunas practicas conocidas concernientes al culto y la devoción
eucarística.
Se observa en varias diócesis de
África una gran participación, libre y consciente de los cristianos
en las misas dominicales, en las fiestas y solemnidades litúrgicas,
sobre todo en los países con fuertes comunidades cristianas. Para la
mayoría de los cristianos de África, ser cristiano es ir a misa y
poder comulgar. Aquellos que son privados de la comunión por razones
diversas sufren terriblemente.
Además se observa que muchos
cristianos piden misas por diversas intenciones (por los vivos y
difuntos, por la paz, por la sanación, la reconciliación o en acción
de gracias a Dios, para pedir por el temporal, buenas cosechas,
etc.) Del mismo modo, están presentes en estas misas demandadas.
Notamos también la participación
masiva de cristianos en misas de peregrinajes y procesiones de
Corpus Christi durante las cuales las calles de las ciudades están
llenas de gente.
Es la religión popular la que se expresa aquí, y la que llevan en el
corazón.
Las adoraciones y salutaciones con el
Santísimo Sacramento son organizadas en las diócesis y las
parroquias a petición de los Obispos y con una buena participación
de los fieles. Estas adoraciones se intensifican en ciertos tiempos
fuertes del año litúrgico (en el mes del Rosario, en el mes
misionero, en tiempo de cuaresma, el Jueves Santo, en
peregrinaciones.) Son organizadas también por grupos constituidos
(movimiento de acción católica, renovación carismática,
legionarios). Sin olvidar, claro está, la devoción eucarística
habitual de las personas consagradas, notablemente las
congregaciones religiosas contemplativas o semi contemplativas que
ponen la Eucaristía celebrada y adorada como centro de su vida.
Resurge de todo lo que se ha dicho
que la fe en la Eucaristía no es una palabra vana ni una ilusión en
la Iglesia de África, sino más bien una realidad espiritual de vida
cristiana. Las luces que hemos levantado lo muestran
suficientemente. Mientras que las sombras indican que hay todavía un
camino a hacer en la profundización de la de en la Eucaristía. Es
eso un trabajo pastoral de primer orden, al cual deben unir los
Obispos y sus colaboradores en un continente sediento de
Dios-Trinidad y de Jesús-Eucaristía, Él que "ayer como hoy es el
mismo y lo será siempre."(21)
Monseñor Jean Baptiste KPIELE SOME
Obispo de Diébougou. Burkina Faso
Notas
(1) Concilio Ecuménico Vaticano II,
Constitución Dogmática LUMEN GENTIUM 11
(2) En esta formulación, la palabra "Parole"
(palabra) representa todas las realidades espirituales de la
pastoral diocesana, a saber: la catequesis, la liturgia con sus
sacramentos, la moral cristiana y todas las otras formas de oración
y de devoción. La palabra "Pain" (pan) representa todas las
realidades materiales y temporales de la pastoral diocesana, a
saber: todos los esfuerzos de desarrollo y de mejoramiento de las
condiciones de vida de los pueblos así como el esfuerzo de auto
promoción individual y colectiva, basado en la participación de
todos sin distinción de religión.
(3) Juan Pablo II, Carta Apostólica
NOVO MILLENNIO INEUNTE 29. Roma 6 de Enero, 2001.
(4) Concilio Ecuménico Vaticano II,
Decreto APOSTOLICAM ACTUOSITATEM 11
(5) Juan Pablo II, Exhortación
apostólica post-sinodal ECCLESIA IN AFRICA 43
(6) Juan Pablo II, Exhortación
apostólica post-sinodal ECCLESIA IN AFRICA 63
(7) Alphonse QUENUM, EUCHARISTIE. RENDEZ-VOUS D'AMOUR, DE VERITE ET
DE PAIX.
UCAOUUA Abidjan 2002, p.90
(8) Jn 10,10
(9) Juan Pablo II, Exhortación
apostólica ECCLESIA IN AFRICA 43
(11) Jn 1,4
(12) Jn 6,35
(12)Jn 6,55; Mt 26,26
(13) Jn 1,14; Flp 2,7
(14) Mt 26,26
(15) 1Co 11, 27-29
(16) Jn 14,1
(17) Jn 1,14
(18) MISAL ROMANO DE PABLO VI.
Plegaria Eucarística III
(19) Mt 5,17
(20) MISAL ROMANO DE PABLO VI.
Plegaria Eucarística III
(21) Hb 13,8
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Eucaristía: Más luces que sombras en
Estados Unidos y Canadá
Según el cardenal Bernard Law,
arzobispo emérito de Boston
GUADALAJARA, martes, 12 octubre 2004
- El Cardenal Bernard Law, arzobispo emérito de Boston, ha
descubierto, junto con los obispos del Norte del Continente
Americano, más luces que sombras en la práctica actual de la fe
eucarística en ese vasto territorio.
El cardenal Law, actual arcipreste de
Santa María la Mayor (en Roma), reveló que para poder reflexionar
adecuadamente sobre las circunstancias de la fe en la Eucaristía en
Estados Unidos y Canadá escribió a varios obispos de esos dos países
para que le proporcionaran un relato sucinto de lo que brilla y lo
que no en la actualidad de la Eucaristía en sus regiones pastorales.
El resultado es que «la fuerza
generadora de la unidad del Cuerpo de Cristo» está progresando en la
parte Norte del Continente Americano.
En cuanto las luces, el cardenal Law
describió cinco de ellas que pueden resumir la dirección de ese
progreso:
1. El signo más notable de la
extensión viviente de la devoción de la fe en la Eucaristía es la
persistencia de la práctica frecuente de la comunión.
2. Otra luz que recorre las
parroquias de Estados Unidos y Canadá es la realización de las
instrucciones del Concilio Vaticano II de que cada miembro de la
celebración eucarística participe completa, consciente y activamente
en la acción litúrgica.
3. Persiste la práctica de los
católicos de Estados Unidos y Canadá de adorar la Eucaristía fuera
de la misa.
4. Está creciendo de manera
importante la frecuencia de la adoración eucarística por parte de
los jóvenes de ambas naciones y parece ser cada día más fuerte esta
práctica entre los jóvenes de Estados Unidos. Por ello, el número de
capillas eucarísticas en las diócesis se ha multiplicado en los años
recientes.
5. La gran atracción y el testimonio
eucarístico del Santo Padre Juan Pablo II ha hecho germinar en las
tierras del Norte del Continente la práctica de la Comunión.
En Este mismo recuento, el arzobispo
emérito de Boston aseveró que no se podía dejar atrás las áreas
donde la Nueva Evangelización todavía tiene que alcanzar su plena y
correcta realización.
Las tres sombras de la fe en la
Eucaristía que el Cardenal Law expuso en el marco de la presentación
de las delegaciones continentales en el Congreso Eucarístico
Internacional son las siguientes:
1. Ha declinado el número de fieles
que asisten a la celebración eucarística los días santos del domingo
y las fiestas de guardar.
2. Se ha minimizado, sobre todo en
las celebraciones como bodas y funerales, la preparación, la
presunción del derecho para recibir la Sagrada Comunión. Se toma
poco en cuenta la obligación de prepararse uno mismo a recibir el
Cuerpo y la Sangre de Cristo.
3. El desconocimiento de muchos
católicos del Catecismo de la Iglesia Católica. La instrucción en la
fe permanece deficiente entre miembros de la Iglesia.
Al finalizar su exposición el
cardenal Law constató:«Nosotros reconocemos estas sombras con
tristeza, pero no sin esperanza. Este Congreso Eucarístico
Internacional y el Año de la Eucaristía, pueden pedir a la Iglesia
esa gracia que pueda deshacer las sombras. Esta es nuestra oración.
Que la luz de la Eucaristía ilumine cada miembro de la Iglesia, para
que todos puedan descubrir que están unidos "profundamente en
Cristo"».
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Asia: La Eucaristía riqueza y fuerza
de una Iglesia pobre y minoritaria
Exposición del arzobispo filipino
Carmelo Morelos
GUADALAJARA, martes, 12 octubre 2004
- En Asia, continente de una Iglesia en minoría y de los pobres, la
fe en la Eucaristía experimenta grandes esperanzas, constató en el
Congreso Eucarístico Internacional el monseñor Carmelo Morelos D.D.,
arzobispo de Zamboanga (Filipinas).
El contexto asiático ofrece numerosas
alternativas de promover el culto a la Eucaristía a pesar de ser la
fe cristiana una fe de minoría, y encontrarse Asia dentro de una
dinámica de economía globalizada y de sociedad secularizada.
Al hacer la presentación de las luces
y las sombras sobre la fe en la Eucaristía, en el Congreso que se
celebra en Guadalajara, el arzobispo Morelos dijo que la Iglesia de
Asia se mira a sí misma como pobre en muchas maneras.
Primero, es pobre en términos de
números. Ha permanecido una muy pequeña minoría en números, así como
marginados y pobres. Muchas veces, su voz puede venir como un
susurro, tan frágil y suave, que muy pocos oyen su llamado,
constató.
Segundo, debemos admitir como Iglesia
que tenemos muchos fracasos, ya sea históricos, como actuales. No es
necesario decir que en la mayoría de los casos, el cristianismo ha
sido implantado a través del uso de la fuerza y con el apoyo de
colonizadores.
La falta de formación apropiada y la
falta de fidelidad a los líderes de la Iglesia, ha causado mucho
daño, reconoció.
Tercero, en muchas partes de Asia, el
cristianismo es visto como una religión extranjera, aún cuando su
origen y primera historia fue asiática.
Sin embargo, agregó el arzobispo de
Zamboanga, como la pobreza de la Eucaristía es su riqueza, así
también la misma pobreza de la Iglesia es su fortaleza.
«¿No escogió Dios a aquellos que son
pobres en el mundo para hacerlos ricos en fe y herederos del reino
que Él prometió a aquellos que lo aman? La celebración de la
Eucaristía es muy simple y pobre. Consiste en ofrecer ordinariamente
pan y vino. Esta simplicidad y forma ordinaria puntualiza valores
muy importantes en nuestro mundo de hoy», reconoció.
Recordó monseñor Morelos que la
Iglesia asiática, en su pobreza, es capaz de identificarse con
Jesús, pobre y humilde. Y agregó que, contemplando el rostro de
Cristo, en la adoración eucarística, los cristianos asiáticos son
capaces de identificarse con su maestro, quien sufriendo y muriendo
conquistó los poderes de la muerte misma. |