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Entrevista
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La
visión del Papa sobre el cuerpo está por descubrir
Entrevista
con Leticia Soberón, autora de un nuevo libro sobre el argumento
CIUDAD
DEL VATICANO, viernes, 9 enero 2004.- La visión de Juan Pablo II
sobre el cuerpo está todavía por descubrir. Esta es la conclusión
más clara a la que se llega con la lectura de un libro publicado
esta semana.
«Perlas
- Teología del cuerpo en Juan Pablo II» (Edimurtra), escrito por
Leticia Soberón, presenta un análisis y síntesis del primer ciclo
de 63 catequesis sobre la teología del cuerpo que este pontífice
pronunció desde el 5 de septiembre de 1979 hasta el 6 de mayo de
1981.
Leticia
Soberón, nacida en la Ciudad de México, es psicóloga y
actualmente presta sus servicios en el Consejo Pontificio para las
Comunicaciones Sociales, en la coordinación de la Red Informática
de la Iglesia en América Latina (RIIAL).
En
esta entrevista concedida a Zenit la autora ilustra el magisterio de
Juan Pablo II sobre un tema en el que se han dado malentendidos
provenientes de diferentes formas de maniqueísmo o dualismo y que
no siempre ha sido entendido el discurso público.
--¿Por
qué volver a releer enseñanzas que este Papa pronunció hace más
de 22 años?
--Leticia
Soberón: Estas enseñanzas que el Papa ofreció con sus catequesis
ya eran oportunísimas en los años en los que fueron pronunciadas,
pero se hacen sumamente urgentes en el momento actual.
--¿Cuál
es la aportación específica de la reflexión de Juan Pablo II
sobre el tema?
--Leticia
Soberón: El Papa le hace un regalo al mundo ampliando su horizonte
de comprensión de lo que es el ser humano con su cuerpo, ser cuerpo
con sexualidad, que es imagen de Dios. El Papa recuerda que «con el
cuerpo humano entró la santidad en el mundo». Es un regalo porque
nos recuerda sin miedo, sin maniqueísmos, que la obra de Dios del
cuerpo humano y que la reflexión sobre las relaciones humanas es
mucho más amplia que los temas que suelen ocupar al discurso
publico. Aquel que escuche estas enseñanzas podrá reconciliarse
consigo mismo, se sentirá feliz y llamado a una tarea maravillosa
en el aprendizaje del amor y la relación con los demás.
--Sin
embargo, cuando la opinión pública afronta el argumento del cuerpo
y la Iglesia todo parece reducirse a una lista de prohibiciones...
--Leticia
Soberón: Este libro nos describe de una manera maravillosa el
portento de nuestra existencia como varones y mujeres globales,
integrales, llamados a vivir en comunión mutua. El Papa nos enseña
a conocernos y nos guía por ese camino humano, a veces terrible y
difícil, de las relaciones interpersonales en las que con
frecuencia se mezclan buenas intenciones y amor auténtico con los
deseos de dominio y la concupiscencia. Quien se forma con esta
pedagogía se comprende mucho mejor a sí mismo y tiene una especie
de brújula para guiarse a través de la relación, y para sanarla a
través de la apertura a la redención de Cristo.
Se
puede decir que el Papa no baja el listón de la exigencia cristiana
respecto a lo corporal sino que la hace ocasión de una profunda
transformación, sin desprecio ni miedo al cuerpo.
--¿Por
qué no se entiende esta enseñanza?
--Leticia
Soberón: Las verdades profundas, y éstas lo son, requieren
escucha, tiempo y dedicación. Estos mensajes no son para un consumo
de diez minutos. Muchas personas lo intuyen. Incluso los no
creyentes se alegrarán enormemente al ver esta claridad y este
canto de gratitud al creador por la belleza de la persona en su
integridad. El Papa llega a mucha gente no creyente que puede
encontrar en este libro la claridad de su mirada sobre el ser
humano, al que ve como ya salvado y le llama a buscar la salvación.
--¿Qué
es lo que hace falta para que este mensaje pueda ser vivido?
--Leticia
Soberón: Estas catequesis merecen ser utilizadas en toda la pedagogía
católica --por lo menos la católica-- de la infancia. Debe estar
presente en los planes pastorales de formación familiar, en los
equipos de matrimonios y de preparación al matrimonio, en
movimientos apostólicos, parroquias, catequesis... De este modo se
puede llegar a reconciliar al ser humano con su propia realidad y
hacerle capaz de optar libremente, sin tener miedo de sus propios
instintos, pero sin ser esclavo de ellos. Al leer este mensaje, al
comprenderte a ti mismo, y al poder darte al otro de una forma
plena, digna, eres feliz.
En
una de las Catequesis, el Papa señala que: «La felicidad consiste
en arraigarse en el amor». El amor sana la vergüenza. Cristo con
la redención restaura y mejora la inocencia originaria. Esto da una
plenitud increíble al matrimonio y a todos los campos en que se
desarrolla la relación entre varones y mujeres en la sociedad.
--Este
mensaje resuena en un mundo que parece estar obsesionado por el
sexo.
--Leticia
Soberón: El Papa enseña que no hay que tener miedo de la legítima
y normal atracción. Es natural y además responde a una llamada a
la comunión entre las personas, es decir, el cuerpo tiene lo que él
llama «significado esponsalicio». Pero a la vez advierte ante el
efecto de una mirada de dominio, de uso, que reduce el otro a cosa y
le despoja de su dignidad de persona --y ojo que esto puede pasar
incluso dentro del matrimonio--. Esta mirada y la acción que
provoca, no se corresponde con la dignidad que merece toda persona
en su cuerpo y en su globalidad. Por tanto, la atracción es buena
en sí, pero debe ser purificada y dejarse guiar por un respeto
radical, ordenándose a la comunión de las personas y a la entrega
sincera.
--Al
final, el libro acaba con un pasaje del «Tríptico Romano». ¿Por
qué incluir las poesías publicadas por el Papa en la pasada
primavera si no forman parte del ciclo de catequesis?
--Leticia
Soberón: Es para evidenciar que el Papa no ha abandonado esta temática
que expuso al comenzar su pontificado. Publico también pasajes del
discurso que pronunció en la ceremonia con motivo de la restauración
de la Capilla Sixtina, a la que se refiere como «santuario de la
teología del cuerpo». Incluyo, además, un pasaje de su «Carta a
las familias» muy incisivo sobre el maniqueísmo, como algo que
obnubila la comprensión correcta de los mensajes de la Iglesia
sobre el cuerpo humano. En definitiva, es un mensaje que ha abarcado
todo este pontificado y que no podemos ignorar. El mismo Papa señala
que sin esta teología del cuerpo no se puede entender la enseñanza
de la Iglesia tras el Concilio Vaticano II sobre la vida y la
familia.
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