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Sor María Ludovica De Angelis, o cómo sacar de la Eucaristía el amor
a los demás.
CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 1 octubre 2004 - En la vida de Sor
María Ludovica De Angelis (1880-1962), el misterio eucarístico se
manifiesta como fuente de la caridad y de la misión de la Iglesia.
«Su testimonio es una invitación para
todos los fieles a iniciar con alegría y dedicación el Año de la
Eucaristía», reconocía el martes en un comunicado la Oficina de las
Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice.
¿Pero cómo llegó a convertirse esta
religiosa italiana misionera en Argentina en un instrumento de la
misericordia de Dios para el mundo? La Hermana Ruth Rodríguez FdM,
consejera general de la Congregación de la Hijas de Nuestra Señora
de la Misericordia --a la que perteneció la futura beata--, lo ha
explicado en esta entrevista.
--¿Qué movió a abrir la causa de
beatificación de Sor María Ludovica De Angelis?
--Hna. Ruth Rodríguez: La Ciudad de
La Plata (provincia de Buenos Aires, Argentina) la consideraba santa
y comenzó a pedirle gracias y ella respondió sobre todo
interviniendo en la curación de niños enfermos
--¿Cuál es el milagro atribuido a su
intercesión?
--Hna. Ruth Rodríguez: El 18 de
noviembre de 2003, el plenario de obispos y cardenales firmó en el
Vaticano la autenticidad de un milagro atribuido a la intersección
de la venerable María Ludovica De Angelis: la curación de una niña
platense, nacida en mayo de 1988 con una patología congénita
conocida como espina dorsal bífida con las vías urinarias, vejiga y
riñón severamente deteriorados y los miembros inferiores
inmovilizados.
A los dos meses tuvo que ser operada
para colocarle una cánula que posibilitara el funcionamiento parcial
de sus vías urinarias. Pero su estado era muy preocupante. Cuando la
niña cumplió nueve meses, un tío suyo --médico del Hospital de
Niños-- le pidió a una hermana de la Misericordia que rogara a la
Hna. Ludovica por la curación de su sobrina.
La religiosa le dio entonces las
llaves del panteón de la Congregación, donde se encontraban los
restos de nuestra futura beata, aconsejándole que fuera con la niña.
Allí acudió la madre de la pequeña junto a su hermano médico y la
enfermita, la colocaron en el suelo junto al féretro y rezaron. La
niña, que hasta ese momento no podía mover las piernas, se apoyó en
el ataúd y se puso de pie. A los veinte meses caminaba normalmente.
La familia siguió rezando por otras
afecciones que comprometían seriamente su salud. Cuando tenía cuatro
años la sometieron nuevamente a una operación porque era necesario
cerrarle la desviación realizada cuando tenía pocos meses de vida,
extirparle el riñón que no funcionaba y tratar de reconstruir la
vejiga.
Cuando comenzaron a intervenirla
constataron que la vejiga se había ampliado y funcionaba
normalmente, lo mismo que el riñón que proyectaban extirpar. Todos
los estudios determinaron que la curación de esa niña era
científicamente inexplicable.
Antonella Cristelli participará,
junto a sus padres, el próximo 3 de octubre en la beatificación de
la Hermana Ludovica.
--¿Cómo decidió la futura beata su
vocación religiosa?
--Hna. Ruth Rodríguez: Su vocación
creció con ella en los años de niñez y juventud, durante los cuales
se entregaba con generosidad ayudando a sus familiares y a cuantos
tuvieran necesidad en su pueblo, y en la participación en la vida
parroquial.
--¿Qué le impulsó a entrar en la
Congregación de la Hijas de Nuestra Señora de la Misericordia?
--Hna. Ruth Rodríguez: Sor María
Ludovica --que entonces se llamaba Antonina-- pertenecía a las Hijas
de María en su parroquia; posiblemente esto le hizo buscar un
Instituto de inspiración mariana.
Fue determinante la orientación del
párroco, a quien había confiado su vocación; éste ya tenía una
hermana en el Instituto de las Hijas de Nuestra Señora de la
Misericordia y junto a ella le acompañó otra de sus hermanas a
Savona.
--La Santa Sede define a Sor María
Ludovica como «instrumento de la misericordia» de Dios. ¿En que se
traducía este rasgo?
--Hermana Ruth Rodríguez: Con su
palabra, con el corazón y con la verdad de las obras Sor María
Ludovica anunciaba a todos los trazos más finos de la misericordia
de Dios.
Curó enfermos de cuerpo y alma. Hizo
el bien sin mirar a quién. Enseñó. Aconsejó. Pacificó. Más con el
ejemplo que con la palabra. Supo animar las voluntades de sus
colaboradores, contagiarles con su celo y abnegación, hasta hacer
del Hospital de Niños una familia y un establecimiento modelo.
Como la Madre Rossello, fundadora de
su Instituto, habría querido abrazar a todo el mundo para hacer a
todos el bien.
--A pocos días del inicio del Año de
la Eucaristía, la importancia y centralidad del misterio eucarístico
es un aspecto que comparten los cinco siervos de Dios
--entre ellos Sor María Ludovica-- a
los que el Papa proclamará beatos el domingo. ¿Cómo vivía la
religiosa el amor a Jesús Sacramentado?
--Hna. Ruth Rodríguez: Amaba
ardientemente la Eucaristía. En los momentos libres siempre la
encontraban ante Jesús Sacramentado.
Después de sus fatigosas jornadas de
trabajo y preocupaciones, aunque fueran las 3 de la madrugada, la
última visita de Sor María Ludovica era al pie del Tabernáculo,
porque allí estaba su tesoro, su amor.
En los momentos de más profunda
aflicción, estaba con los brazos abiertos delante del Sagrario
pidiendo al Señor que perdonara a aquellos que la hacían sufrir y
que le concediera la fuerza para proseguir en la lucha en favor de
los niños
--¿Por qué cree que necesita nuestra
sociedad «mensajes» como el de Sor María Ludovica?
--Hna. Ruth Rodríguez: Porque nuestra
sociedad tiene necesidad de personas que le ayuden a construir el
futuro con una amplia mirada de esperanza, a crear un clima de
comprensión humana, de sincero afecto y de activa colaboración para
el bien de cada uno y de todos.
--¿Qué pueden aprender los jóvenes de
esta figura de la Iglesia universal?
--Hermana Ruth Rodríguez: Pueden
aprender a hacerse responsables de la necesidad de los hermanos.
A seguir al Señor dejándolo todo por
Él.
A amar a Jesús en la Eucaristía y
verle en los hermanos.
A no dejarse abatir por las
incomprensiones y dificultades en la realización de la obra de Dios.
A buscar y cultivar la sabiduría del
Evangelio.
A alimentar la audacia de la
santidad.
--¿Cuál es el alcance de la labor que
desarrolla actualmente la Familia de la Madre Rossello, formada por
las Hijas de la Misericordia, los Sacerdotes de la Misericordia y
las Asociadas laicas en el apostolado de Misericordia?
--Hna. Ruth Rodríguez: La Familia de
la Madre Rossello hoy está presente en 22 naciones de 4 continentes
(Europa, América, Asia, África) anunciando el mensaje evangélico
«Bienaventurados los Misericordiosos porque encontrarán
Misericordia».
Con este espíritu oran y trabajan en
el campo educativo, sanitario y familiar, en los países
evangelizados y en las misiones, donde son o serán llamadas, porque:
«la viña del Señor es muy grande nos toca a nosotros cultivarla?
(palabras de Santa María Josefa Rossello, fundadora del Instituto).
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