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¿Cómo era la sonrisa de María?
ROMA, martes, 6 julio 2004 - ¿Cómo era la sonrisa
de María? Esta es la pregunta a la que ha tratado de responder la
periodista milanesa Rosangela Vegetti en su libro sobre la sonrisa
de María, titulado «La sonrisa de María», («Il sorriso di Maria»,
editorial Ancora).
La autora se ha especializado en información
eclesial a nivel diocesano y ecuménico y tiene un interés especial
por la problemática de mujeres, menores y familia. Preside el
Observatorio diocesano de relaciones hombre-mujer.
-¿Qué se sabe de la sonrisa de María?
-Vegetti: Prácticamente nada, como tampoco se
sabe nada de las sonrisas de Jesucristo. Este aspecto de su vida no
entraba en las consideraciones culturales del tempo, ni interesaba a
los evangelistas para ponerlo en evidencia. Nos toca a nosotros
descubrir todas las posibles ocasiones en las cuales la sonrisa
puede haber señalado el rostro de María o de Jesucristo.
Desde el momento en que el mensaje de Jesús está
marcado por la alegría, no es arriesgado pensar que ambos tenían una
actitud sonriente hacia la vida.
--¿Por qué no hay huellas de esta sonrisa ni en
la teología ni en la iconografía?
--Vegetti: Probablemente porqué el dolor nos
resulta un problema y nos inquieta, y no sucede lo mismo con la
alegría. Durante siglos se han intentado encontrar razones de
esperanza, de certidumbre ante las causas del sufrimiento, en la
ayuda solidaria de quien sabía muy bien qué era el dolor porque lo
había experimentado.
De hecho, no es que no existan huellas de
sonrisas en la teología. Basta retomar lo que decía sobre la sonrisa
de María santa Teresa de Lisieux. También en la iconografía
encontramos obras que indagan y representan expresiones jubilosas y
sonrientes de María.
Es necesario decir que la alegría está en el
fundamento de todo el mensaje cristiano. La sonrisa, de todos modos,
constituye el lado más personal, quizá más humano: es lo que se
capta mirando el rostro de la persona con la que se está
comunicando.
La sonrisa implica un acercamiento y una
comunicación de tú a tú. Durante siglos, las devociones a María no
han facilitado su conocimiento de persona humana y personal, sino
que más bien la han alejado de la historia humana convirtiéndola en
demasiado celestial.
--¿Las personas con las que ha hablado para
escribir el libro estaban de acuerdo con presentar a una Virgen que
sonríe?
--Vegetti: Las personas con las cuales he
reflexionado sobre el tema están de acuerdo en la importancia de
abrir un campo de reflexión hasta ahora poco trabajado.
Cada una de ellas se ha dejado implicar en una
relectura profunda de los textos evangélicos, de las tradiciones y
de los sentimientos personales que la sonrisa de María suscitaba en
ellas.
Y precisamente porque el tema es poco común, cada
persona ha producido consideraciones fuera de los esquemas
abstractos, penetrando en su más profunda sabiduría. Podría decir,
por tanto, que el rostro de María se ha enriquecido con nuevas
expresiones.
--Maria que sonríe, ¿un nuevo modelo para la
mujer?
--Vegetti: Diría que es un nuevo modelo para
todos y todas, no sólo para las mujeres: cada día obliga a todo
hombre y mujer de hoy a replantearse profundamente y a comprender el
valor auténtico de sí mismo.
María trasmite lo femenino en el mensaje de
Cristo, y hace surgir algunos sentimientos específicos de mujer y de
madre a lo largo de toda su historia terrena: transmitió al hijo los
valores fundamentales de la cultura y la educación, de la libertad
en la relación con otras personas, y le educó en la alegría de estar
con los demás, de hacer fiesta con los amigos, de comunicarse con
vecinos y con personas lejanas.
Durante el banquete de las bodas de Cana, María
hace que el hijo intervenga con un gesto prodigioso, y esta es la
única intervención de María al lado del hijo, y lo hace para
garantizar la continuidad de la fiesta.
María supo esperar hasta el final de la vida para
entender su grandeza en cada momento, y nunca se sintió desanimada
ni desilusionada por lo que sucedía, que podría haberla
entristecido, si pensamos en la promesa que Dios le había hecho al
inicio de su vida.
Ciertamente María es un modelo para las mujeres
que pueden ver en su vida todas las cosas pequeñas y grandes que
conforman la vida normal, familiar y femenina, empezando por el
sentido de la dignidad personal, de la tenacidad en el seguimiento
del propio camino, y en la confianza en los planes de Dios y no en
los propios proyectos.
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