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Así fundamenta la
doctrina social cristiana los derechos humanos
BRUSELAS, miércoles, 28 julio 2004 - La doctrina
social de la Iglesia se ha convertido en una decisiva defensa y
fundamento de los derechos humanos en un mundo atenazado entre el
socialismo y el liberalismo, constata el profesor Michel Schooyans.
Profesor de la Universidad de Lovaina (Bélgica),
monseñor Schooyans es considerado como uno de los grandes expertos
mundiales en cuestiones éticas y demografía.
En Francia, acaba de publicar una nueva obra en
la que hace una original síntesis de su pensamiento con el título
«Para afrontar los desafíos del mundo moderno - La enseñanza social
de la Iglesia» («Pour relever les defis du monde moderne -
L'enseignement social de l'E'glise», Presses de la Renaissance,
Paris 2004).
En esta entrevista, ha abordado algunos de los
argumentos candentes que presenta en su libro.
--¿Qué relación existe entre la doctrina social
de la Iglesia y la defensa de los derechos del hombre?
--Michel Schooyans : En los primeros documentos
en los que comenzó a articularse la enseñanza social de la Iglesia,
los Papas hacían referencia a situaciones de abuso y opresión que la
conciencia moral debía denunciar. Se trataba de cuestionar las
estructuras establecidas para transformarlas en estructuras
económicas y políticas más justas. Nada de todo esto está
trasnochado, todo lo contrario.
Pero han surgido dos factores nuevos, que han
provocado una profundización de la enseñanza de la Iglesia sobre la
sociedad.
El primero es la experiencia del totalitarismo,
cuyas diferentes manifestaciones tienen en común el querer destruir
psicológicamente a la persona humana.
El segundo es el despegue de la filosofía
personalista, del que se benefició ampliamente la constitución
pastoral del Concilio Vaticano II «Gaudium et Spes», y que Juan
Pablo II comenzó a desarrollar muy pronto, en Cracovia y en Lublín.
Desde entonces, en su enseñanza social, la
Iglesia subraya que los seres humanos están hechos para vivir
juntos, que todos han recibido la vida como algo compartido con el
mismo Dios, del que todos son imagen. De este modo, la enseñanza de
la Iglesia se ve enriquecida por una rica antropología que
fundamenta los derechos del hombre: el derecho a la vida, a fundar
una familia, a practicar una religión, a trabajar, a asociarse, etc.
Derechos inalienables que el Estado y las organizaciones
internacionales deben promover y proteger.
--En su libro, usted habla de la teología de la
creación y de la teología del trabajo. ¿Cuál es su fundamento? ¿Cuál
es su concepción del hombre y de Dios?
--Michel Schooyans : La teología de la creación
encuentra su fundamento en los primeros capítulos del libro del
Génesis. El hombre está llamado a transmitir la vida y a ser un
administrador responsable de la creación. Ahora bien, cuando el
hombre se comporta como si pudiera apoderarse del don de Dios que es
el ambiente, surgen problemas morales.
Hoy hay nuevas formas de avaricia que llevan a
algunos grupos privados o a ciertos Estados a abusar de los recursos
del mundo, explotándolos según sus intereses particulares. Se olvida
que los bienes de la tierra han sido puestos por el Creador a
disposición de toda la humanidad. Esto significa que tenemos una
responsabilidad no sólo ante nuestros contemporáneos, sino también
ante las generaciones futuras.
Así se explican los repetidos llamamientos del
Santo Padre a favor de una ecología humana: El hombre es el regalo
más bello de Dios al hombre, escribe en síntesis en la encíclica «Centesimus
Annus» (Cf. número 38). No somos creíbles cuando pretendemos
respetar el ambiente pero no respetamos en primer lugar al ser
humano y cuando no se reconoce su papel único en la cumbre de la
creación.
Además, y contrariamente a una ecología bucólica,
residuo de sueños de intelectuales de la Ilustración, allí donde el
hombre está ausente o no interviene en la naturaleza, ésta se vuelve
violenta. El hombre debe cultivar constantemente el ambiente para
prevenir la erosión, la desertización, la destrucción de cultivos
por insectos nocivos, etc.
Por último, a diferencia de lo que dice la
ecología panteísta inspirada en la Nueva Era, el hombre no es el
simple producto de una evolución material; no debe alienarse, ni ser
alienado ofreciendo un culto neopagano a
la Madre Tierra.
--En un capítulo de su libro, usted aborda la
relación entre políticas demográficas y la democracia. En otro
capítulo, muestra que los niños son la mejor inversión. ¿Cuáles son
sus argumentos?
--Michel Schooyans : Las democracias occidentales
siguen utilizando y divulgando para su provecho la ideología
maltusiana y sus corolarios neomaltusianos. Según las expresiones
modernas de esta ideología, la seguridad de los países ricos estaría
amenazada por el crecimiento de la población de los países del
tercer mundo. Una «bomba» demográfica procedente del tercer mundo
estaría a punto de estallar, sumergiendo a los países ricos y
amenazando su bienestar. Por tanto, según esta ideología de la
seguridad demográfica, es urgente que los países ricos controlen
eficazmente el crecimiento de la población pobre. Este control se
debería hacer con la connivencia de las clases dirigentes de los
mismos países en vías de desarrollo.
Ahora bien, un control así acaba siendo
coercitivo, como lo demuestran los ejemplos de la India, Brasil,
México, Perú, etc. Es una mentira y una agresión física y sobre todo
psicológica decir a estos países que el desarrollo de la democracia
pasa por la mutilación del 40% de las mujeres en edad de procrear.
Los países europeos, que han financiado
ampliamente estas campañas, han quedado atrapados en su misma
trampa. Al financiar y legalizar en su misma casa el rechazo a la
vida, las poblaciones de estos países envejecen e incluso
disminuyen. Es lo que el gran demógrafo francés Gérard François
Dumont ha llamado el «invierno demográfico».
En su doctrina social, la Iglesia confirma por
motivos morales y religiosos lo que dicen muchos expertos en
economía, en demografía, y en ciencias políticas, es decir, que lo
más importante hoy no es el capital físico (materias primas) sino el
capital humano, es decir, el hombre bien formado moral e
intelectualmente.
--Usted relaciona paz y desarrollo y propone una
concertación mundial a favor del desarrollo. ¿Cómo indica la
doctrina social de la Iglesia el camino virtuoso que lleva al
desarrollo económico, espiritual y social?
--Michel Schooyans : Desde sus orígenes, en el
siglo XIX, la doctrina social de la Iglesia ha pronunciado críticas
fundadas contra el socialismo y el liberalismo. Al socialismo, le
reprocha el no confiar en la persona humana y el esperar demasiado
de los poderes públicos. Al liberalismo le recrimina el favorecer un
individualismo que consagra la supremacía del más fuerte en
detrimento de los más débiles, y el no querer reconocer el papel
necesario y legítimo de los poderes públicos.
En su enseñanza social, la Iglesia reconoce el
papel subsidiario de los poderes públicos: éstos deben estar al
servicio de las personas, de las instituciones intermedias y de la
sociedad civil; deben estar bajo el control de éstos. Se da un
equilibrio precario que sólo se mantiene cuando los actores sociales
tienen una fuerte motivación moral y religiosa capaz de llevarles a
promover el bien común, a tener una ternura particular por los más
vulnerables, a trabajar por la justicia y la paz.
Este ideal, el único digno del hombre, implica
que los mismos poderes públicos, las organizaciones internacionales,
las estructuras económicas no sean indiferentes a la verdad, que no
sean moralmente relativistas, o puramente utilitaristas o incluso
cínicas, sino que todos estén preocupados por servir y no por
hacerse servir.
En una sociedad que se globaliza, la enseñanza
social de la Iglesia aparece como una luz que irradia esperanza. Una
luz que, para nuestra satisfacción más grande, somos nosotros.
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