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EL
SEÑOR RESTABLECERA LA UNIDAD QUE HA INSPIRADO
Como
es habitual con motivo de la festividad de San Andrés, patrono del
patriarcado ecuménico de Constantinopla, una delegación de la
Santa Sede, presidida por el cardenal Walter Kasper, presidente del
Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los
Cristianos,
viajó a Estambul para unirse hoy a esta celebración, que se
conmemora
tanto en Oriente como en Occidente.
El
patriarcado envía todos los años una delegación a Roma, el 29 de
junio,
festividad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo.
La
delegación asistió esta mañana a una liturgia solemne presidida
por Su
Santidad
Bartolomé I, en la Iglesia de San Jorge en Fanar. Al final de la
ceremonia,
el cardenal Kasper entregó al patriarca ecuménico un mensaje
especial
de Juan Pablo II. Esta tarde, los miembros de la delegación de la
Santa
Sede visitaron a los representantes de otras Iglesias en Estambul.
Mañana,
1 de diciembre, está prevista una reunión con los miembros de la
Comisión
sinodal para las relaciones con la Iglesia Católica, del
patriarcado
ecuménico.
En
su mensaje, escrito en francés, Juan Pablo II afirma que durante la
celebración
del XXV aniversario de pontificado, el pasado 16 de octubre,
pensó
en los “numerosos acontecimientos que han marcado mi compromiso
para
que
la única Iglesia de Cristo pueda respirar más profundamente con
sus dos
pulmones”.
El
Santo Padre recuerda que su predecesor el Papa Pablo VI y el
patriarca
Atenágoras
“inauguraron el diálogo de la caridad, que ha llevado al diálogo
de
la verdad”. Durante los años pasados, continúa, “nuestros vínculos
han
puesto
de manifiesto el espíritu de familia que nos une y que, a pesar de
las
dificultades, nos hace progresar hacia la meta que nos ha fijado
Cristo
y
que nuestros predecesores se han comprometido a trazar con vigor”.
“Podemos
decir -continúa- que vivimos bajo el signo de la Cruz y en la
esperanza
de la Pascua. Estamos llenos de esperanza en que el Señor llevará
a
cabo la obra de restablecimiento de la unidad que ha inspirado. Por
su
parte,
la Iglesia de Roma mantendrá la decisión irreversible del Concilio
Vaticano
II, que ha abrazado esta causa y este deber. (…) Estamos seguros
de
que
el Señor nos dará un día, cuando El quiera, la alegría de
encontrarnos
en
la plena comunión y en la unidad visible que quiere para su santa
iglesia”.
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