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DON ORIONE SE DEJÓ APRISIONAR POR LA
TERNURA
Buenos Aires,
MAY 21 (AICA): El arzobispo de Buenos Aires y primado de la
Argentina, cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, presidió esta tarde,
en la catedral metropolitana, la misa de acción de gracias por la
reciente canonización de San Luis Orione. Ante un templo colmado de
fieles, el purpurado señaló que Don Orione fue un hombre que “se
dejó aprisionar por los compromisos de la ternura. Y se encontró con
Jesucristo en el límite. Cuando no había límite, lo iba a buscar.
Buscó siempre lo marginal, el margen de la vida”.
“Bastaba que
se enterara de que a cientos de kilómetros se había producido un
terremoto -continuó-para ponerse en camino y buscar en ese arrabal
existencial a Jesucristo. Esa es la enseñanza de Don Orione. Nos
marca el cielo, el encuentro con Jesucristo. Está allí y, sin
decirlo, nos marca el infierno que nos propone esta civilización
egoísta. El infierno es quedarse en el camino o no ponerse a
caminar. El infierno empieza cuando no queremos buscar a Cristo en
el límite. Es el infierno de una vida sin sentido, que no es
fecunda, de una vida de autosatisfacción que se olvida de todo lo
demás”.
Pero San Luis
Orione “no se olvida del camino que hizo Jesucristo y lo busca en
aquellos que están en el límite. El va al lugar del conflicto, al
lugar del límite y se deja crucificar. Esa es su gloria; ese es su
cielo”.
Evocando su
visita a la Argentina durante el Congreso Eucarístico Internacional
de 1934, el cardenal Bergoglio expresó que Don Orione estuvo en la
catedral porteña, “pero como nunca le gustaba mostrarse en primera
fila, seguramente andaría escondido por allí, confesando gente.
Siempre metido en los arrabales, hoy este hombre escucha la voz de
la Iglesia que le dice: “Vení, siervo bueno y fiel. Vení, no te
sientes en el fondo, vení más arriba””.
“Como Cristo,
que se anonadó a sí mismo hasta la muerte, hasta entregar su vida en
los límites -manifestó el arzobispo porteño-, este hombre es
glorificado desde allí, y su gloria es haber hecho este camino de la
ternura que no traiciona pero te hipoteca la existencia. Nadie puede
dar una caricia con verdadera ternura cristiana sin que quede
atrapado por el compromiso que ella entraña, el compromiso que marcó
Cristo con su camino”.
En el final de
su homilía, pidió que “al honrarlo a él y al darle gracias a Dios
por su figura, le roguemos que tenga piedad de nosotros. Y cuando no
queremos caminar, que nos empuje por el camino de la ternura; cuando
queremos quedar a mitad de camino porque nos asusta el límite que ya
estamos vislumbrando, nos empuje para seguir caminando, hasta llegar
al límite y poder besar con ternura la llaga de Jesucristo muerto,
sufriente en el hermano nuestro y presenciar la gloria que surge de
ese beso”.
“Yo conocí a un santo”
Un
enorme mural con el rostro sonriente de Don Orione estaba colocado a
la derecha del altar. Hasta allí acercó las ofrendas un grupo de
“testigos oculares de las evidencias de santidad de Don Orione en
nuestro país”. Cada uno de ellos, ancianos en su gran mayoría,
ostentaba orgullosamente en su solapa un cartel que decía: “Yo
conocí a un santo”. Además del pan y el vino, se ofrendaron
alimentos, ropa y calzados que Cáritas Arquidiocesana repartirá
entre los necesitados, porque, como proclamaba Don Orione, “sólo la
caridad salvará al mundo”.
Antes de
concluir la misa, tomó la palabra el padre Eduardo Pasteris,
superior provincial de la Pequeña Obra de la Divina Providencia en
la Argentina, quien agradeció el “don y regalo que Dios nos hizo de
canonizar al Fundador, lo cual nos ayuda a confirmar nuestra entrega
al Señor al estilo de Don Orione y a compartir ese estilo y ese
camino con toda la Iglesia”.
“El sacerdote
destacó que el testimonio de San Luis Orione “no sólo lo recibimos
por tradición oral y escrita, sino también por un “implante” de su
persona en nuestro país. El mismo se hizo presente y pudo expresar y
vivir el servicio evangélicamente. El sirvió a los pobres y dio vida
a obras que son parte de la Iglesia en la Argentina. Eso implica un
mayor compromiso de nuestra parte, porque ese estilo y esa total
entrega fue muy cercana a nosotros”.
“Que la
responsabilidad de ser herederos de estos valores y este espíritu de
familia -expresó por último-, nos ayude a relanzarnos desde una
actitud samaritana y servidora al pie de la Iglesia, a nuestros
hermanos más necesitados, teniendo el coraje que tuvo Don Orione”.
En la Plaza de
Mayo
Luego de la
misa, los fieles se trasladaron a la Plaza de Mayo para “comunicar a
todos la alegría y el amor por Don Orione”. Los alumnos de los
colegios orionitas de la Capital Federal -testimonio de la gran
obra que la congregación también realiza en el campo educativo-
portaban una bandera de más de 50 metros de largo con los colores
papales. Detrás se encolumnaron centenares de personas que
reflexionaron en cada esquina de la Plaza por los cuatro amores del
santo: Jesús, María, el Papa y las almas.
Por último,
frente a la Pirámide de Mayo, se soltaron decenas de globos blancos
y amarillos, con intenciones a María escritas por chicos de colegios
primarios. El emotivo acto culminó con la gente proclamando a viva
voz que, por fin, “Don Orione es santo”, y haciendo suya la frase
con la que el apóstol de la caridad se daba fuerzas para cumplir su
tarea evangelizadora, a pesar de los obstáculos: “¡Ave María y
adelante!”.
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