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LA
CONFERENCIA DE QATAR SE CIERRA CON ESPERANZAS DE DIALOGO.
CIUDAD DEL VATICANO, 1 JUN 2004 -La
Conferencia de Qatar sobre el diálogo entre cristianos y musulmanes
se clausuró el 29 de mayo con tres reuniones a puerta cerrada y una
conferencia de prensa del arzobispo Michael L. Fitzgerald,
presidente de la Pontificia Comisión para las Relaciones Religiosas
con los Musulmanes.
Participaron también en la rueda de
prensa el profesor Youssef Kamal El-Hage, de la Universidad libanesa
de Notre Dame y consultor de la pontificia comisión y Aysha Al-
Mannai, decana de la facultad de Derecho y Estudios islámicos de la
universidad de Qatar.
El arzobispo Fitzgerald afirmó que
estas reuniones, idea del emir Abdullah bin Khalifa Al-Thani de
Qatar, ponen de relieve el deseo de diálogo de ese país, que
estableció relaciones diplomáticas con la Santa Sede en noviembre de
2002.
Para Al-Mannai la reunión ha sido muy
positiva y ambas religiones esperan proseguir y profundizar su
diálogo. Observó además que Qatar ha buscado siempre favorecer la
comprensión y promover la paz mediante el diálogo, y recordó que el
emir Khalifa Al-Thani, en su discurso de inauguración expresó el
deseo de que en el próximo encuentro participase una representación
judía.
“Puede ser útil -había dicho el emir-
que en el seminario del año próximo la conferencia sea sobre el
diálogo entre cristianos, musulmanes y judíos. Los judíos comparten
con nosotros la creencia en un solo Dios. Es la manera para
construir una relación correcta donde predominen los principios del
amor, la tolerancia y la igualdad por el bien de la humanidad”.
El-Hage subrayó que las reuniones
-las primeras en las que tomaban parte miembros de la pontificia
comisión e invitados musulmanes- se caracterizaron por la
transparencia y la cordialidad. Recordó que habían afrontado el tema
de la libertad religiosa, el derecho de los creyentes a practicar la
propia religión en el país donde viven, y el problema que a veces
representa cuando se pertenece a una comunidad minoritaria.
Por la tarde, en un coloquio con los
periodistas, el arzobispo Fitzgerald comentó la preocupación de la
comunidad musulmana en todo el mundo por el tema de la libertad
religiosa, especialmente cuando se interpreta desde un punto de
vista personal, sin contar con una autoridad que dictamine sobre
esta materia. El prelado observó que los musulmanes invitados a las
reuniones a puerta cerrada se sintieron a gusto gracias al clima de
cordialidad y apertura. Ninguno se había fijado objetivos
sorprendentes y por eso no hubo desilusiones.
La parte teórica del encuentro
incluía un examen de la Declaración Universal de Derechos Humanos,
dijo el arzobispo, que observó que si bien no se había llegado a una
definición común de libertad religiosa, se había sugerido la
utilizada en la declaración. No obstante, recordó, esa definición y
otros pasos del documento, sobre todo los relacionados con algunos
tipos de libertades y derechos humanos no gozan del acuerdo
universal. Después, respondiendo a una pregunta sobre si los
musulmanes veían esta Declaración como una imposición del Occidente,
afirmó que algunos lo consideraban así.
La segunda parte de la reunión estuvo
dedicada al Magisterio de la Iglesia Católica en materia de libertad
religiosa y la tercera al pensamiento de los autores religiosos
contemporáneos sobre este tema en la ley islámica. En la cuarta
parte se abordó el proceso de vigilancia de la libertad religiosa en
el mundo a través de organizaciones como el Observatorio de Helsinki
y la Organización para la Cooperación y la Seguridad en Europa
(OSCE).
Refiriéndose a las diferencias entre
la doctrina católica y la ley islámica sobre la libertad religiosa,
el arzobispo Fitzgerald dijo que a pesar de todo “estamos de
acuerdo en que la libertad religiosa forma parte de la dignidad del
ser humano que procede de Dios”. Puntualizó la diferencia entre
libertad de religión (la libertad de creer y practicar la propia fe
o de no creer) y la libertad en el ámbito de la religión. La primera
es un derecho pleno, la segunda no lo es porque ser creyente implica
vivir según una serie de reglas y una conducta determinada sin tener
la libertad de cambiarla.
El arzobispo concluyó citando las
dificultades que surgen cuando no existe una autoridad central o una
estructura jerárquica como la Iglesia Católica. A menudo, dijo, en
el mundo musulmán las personas se representan así mismas, no una
Iglesia o un grupo. |