|
Carta pontificia: El fundamento de la paz es el
derecho a la vida; no a las armas.
CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 7 junio
2004 - Consciente de que el derecho a la vida es el fundamento de la
paz, la Santa Sede ha lanzado un llamamiento a los Estados
americanos a invertir más en servicios fundamentales y menos en
armamentos.
Así se desprende de la carta escrita
en nombre de Juan Pablo II por el cardenal Angelo Sodano, secretario
de Estado vaticano, a la asamblea de la Organización de los Estados
Americanos (OEA) que se celebra del 6 al 8 de junio en Quito.
En la misiva, entregada por el
arzobispo Alain Lebeaupin, nuncio apostólico en Ecuador, se afirma
que los «pilares de la paz tienen un fundamento común: el derecho a
la vida».
«Es un derecho que, para ser ejercido
plenamente, exige que se den unas condiciones de vida dignas --añade
el mensaje pontificio--: alimentación, vivienda, educación,
asistencia sanitaria, trabajo, libertad, etc.».
«Para garantizar dichas condiciones
se necesitan ingentes recursos económicos que, por desgracia,
escasean a menudo --reconoce--. Sin embargo, cuántas riquezas,
incluso hoy, se siguen dilapidando cuando se acumulan instrumentos
de guerra cada vez más sofisticados, mientras, por otra parte, falta
lo necesario para el desarrollo integral del hombre».
«En muchas naciones del mundo siguen
circulando todavía demasiados armamentos, cuando es mucho más
necesario disponer de viviendas, escuelas, carreteras, luz, agua
potable y medicinas», denuncia la carta firmada por el brazo derecho
del Papa en la guía de la Santa Sede.
«Sólo la conciencia de la sacralidad
de la vida y su pleno respeto en cada etapa de su evolución, desde
su concepción hasta la muerte natural, puede poner las bases para la
construcción de una auténtica "ciudad de la paz"», añade.
«El pleno respeto del derecho a la
vida comporta también el ingente e indispensable trabajo de
erradicar todo lo que impide que ésta sea vivida de manera digna, es
decir, la pobreza, con sus múltiples causas y sus numerosas
víctimas», subraya.
La misiva papal concluye con un
llamamiento a los países americanos de más recursos y a las
instituciones financieras a «hacer un esfuerzo generoso» para salir
en ayuda de algunos países del continente que «tienen urgente
necesidad de ayudas internacionales».
La Organización de Estados
Americanos, cuyo secretario general es el colombiano César Gaviria,
conformada por 35 países, tiene entre otros objetivos fundamentales
fortalecer la democracia, construir la paz, defender los derechos
humanos, fomentar el libre comercio, combatir las drogas y promover
el desarrollo sostenible.
Mensaje pontificio: El derecho a la
vida, fundamento de la paz
Carta del cardenal Sodano a la
Organización de los Estados Americanos
CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 7 junio
2004 - Carta del Cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado
vaticano, entregada por el arzobispo Alain Lebeaupin, nuncio
apostólico en Ecuador, a la asamblea de la Organización de los
Estados Americanos (OEA) que se celebra del 6 al 8 de junio.
Excelentísimo Señor Embajador
Patricio Zuquilanda -Ministro de Relaciones Exteriores de la
República del Ecuador
Con ocasión de la 34a Asamblea
General de la OEA, Su Santidad Pablo II me ha encargado hacer llegar
un cordial saludo a Vuestra Excelencia, a los Excelentísimos Señores
Ministros de Relaciones Exteriores de los Estados Americanos y del
Caribe, al Excelentísimo Señor Secretario General de la Organización
de los Estados Americanos, Doctor César Gaviria, y a los
Representantes de los Países Observadores.
Han pasado ya casi 25 años, desde el
6 de octubre de 1979, cuando el Santo Padre visitó la sede de la OEA
en Washington, siendo ésta la primera entre las muchas
organizaciones e instituciones internacionales --después de su
visita a las Naciones Unidas-- donde ha tenido la oportunidad de
dirigir su mensaje de paz y de amistad.
En aquella circunstancia, el Papa,
«con absoluto respeto» y en «espíritu de servicio», expuso algunas
reflexiones sobre la realidad internacional, comenzando con una
observación que sigue teniendo actualidad. «La paz es un don
precioso que vosotros tratáis de preservar para vuestros pueblos.
Estáis de acuerdo conmigo en que no es acumulando armas cómo se
logra asegurar esta paz duradera de forma estable. Aparte de que tal
acumulación aumenta en la práctica el peligro de hacer recurso a las
armas para solucionar las disputas que pueden surgir, resta
considerables recursos materiales y humanos a los grandes cometidos
pacíficos del desarrollo, que son tan urgentes» (Discurso a la OEA,
n. 2, 6.X.1979).
En estos últimos años, la atención
mundial se ha concentrado, por tristes y obvias razones, en el
problema de la seguridad. La OEA, al final de la Conferencia
Especial sobre la Seguridad, que tuvo lugar el 28 de octubre pasado
en la Ciudad de México, aprobó también una Declaración al respecto.
En ella se afirma, entre otras cosas, que la paz es un valor en sí
mismo, basado «en la democracia, la justicia, el respeto a los
derechos humanos, la solidaridad, la seguridad y el respeto al
derecho internacional» (cf. Declaración sobre Seguridad en las
Américas, art. 3).
Estos «pilares de la paz» tienen un
fundamento común: el derecho a la vida. Es un derecho que, para ser
ejercido plenamente, exige que se den unas condiciones de vida
dignas: alimentación, vivienda, educación, asistencia sanitaria,
trabajo, libertad, etc. Para garantizar dichas condiciones se
necesitan ingentes recursos económicos que, por desgracia, escasean
a menudo. Sin embargo, cuántas riquezas, incluso hoy, se siguen
dilapidando cuando se acumulan instrumentos de guerra cada vez más
sofisticados, mientras, por otra parte, falta lo necesario para el
desarrollo integral del hombre. En muchas naciones del mundo siguen
circulando todavía demasiados armamentos, cuando es mucho más
necesario disponer de viviendas, escuelas, carreteras, luz, agua
potable y medicinas.
Se debe reconocer que la OEA ha sido
también una organización pionera en este campo. En efecto, es la
primera institución regional que ha adoptado la «Convención
Interamericana contra la Fabricación y el Tráfico Ilícitos de Armas
de Fuego, Municiones, Explosivos y Otros Materiales Relacionados»
(10.VI.1998), la cual ha celebrado recientemente su primera
Conferencia para examinar su aplicación (Bogotá, 8-9.III.2004). El
fenómeno del tráfico de armas, relacionado con frecuencia con otros
comercios ilícitos, representa un grave problema para el desarrollo
integral del mundo.
Aunque sea un primer paso importante,
sin embargo no es suficiente dotarse de instrumentos
técnico-jurídicos adecuados si no se insiste en la consideración
ética de la dignidad humana. Esta consideración debe basarse en un
proceso de construcción de la paz que vaya a la raíz del flagelo de
la violencia, que hoy se encuentra en el corazón del hombre.
Como afirmaba el Santo Padre en el
mencionado discurso a la OEA: «Cuando hablamos del derecho a la
vida, a la integridad física y moral, al alimento, a la vivienda, a
la educación, a la salud, al trabajo, a la responsabilidad
compartida en la vida de la nación, hablamos de la persona humana
(...). Todo lo que vosotros hacéis por la persona humana detendrá la
violencia y las amenazas de subversión y desestabilización» (nn. 5 y
6, 6.X.1979).
Por tanto, sólo la conciencia de la
sacralidad de la vida y su pleno respeto en cada etapa de su
evolución, desde su concepción hasta la muerte natural, puede poner
las bases para la construcción de una auténtica «ciudad de la paz».
A su vez, el pleno respeto del derecho a la vida comporta también el
ingente e indispensable trabajo de erradicar todo lo que impide que
ésta sea vivida de manera digna, es decir, la pobreza, con sus
múltiples causas y sus numerosas víctimas.
Algunos Países de la región tienen
urgente necesidad de ayudas internacionales para superar momentos
difíciles y poder financiar proyectos de desarrollo que constituirán
la base de una paz duradera. Con frecuencia se pide a la Santa Sede
que recomiende tales proyectos. Aprovecho, pues, esta ocasión para
invitar a los Países con más recursos y a las instituciones
financieras a hacer un esfuerzo generoso al respecto, concientes de
que una ayuda incondicionada inmediata, a la vez que contribuye a la
construcción de la paz y de la seguridad, es siempre una gran
inversión para el futuro.
Hago llegar a todos y a cada uno de
los participantes en esta Asamblea General mis votos por un
fructífero y sereno trabajo, mientras me complace renovar a Usted,
Señor Ministro de Relaciones Exteriores, los sentimientos de mi mas
alta y distinguida consideración.
ANGELO CARD. SODANO
SECRETARIO DE ESTADO DE SU SANTIDAD |